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La Iglesia es comunión de carismas y comunidad de comunidades animadas por el Espíritu Santo. El evangelio de hoy forma parte del discurso de despedida de Jesús. En este clima de despedida, Jesús anuncia, promete y revela una nueva forma de presencia. Les da su paz. La paz, en este caso, no se trata de ausencia de guerra o de conflictos impuestos por el vencedor. Se refiere a la paz interior, la del corazón, la de la persona, el estar en paz consigo mismo y con Dios. Es la paz fundamental sin la cual no existe ninguna otra paz. Es la paz que se desea ardientemente. Cuántas veces oímos de los labios de una persona: «Deseo la paz». ¿Qué entendemos por paz? La palabra que emplea Jesús es sholom, que significa bienestar, reposo, seguridad, éxito, y sobre todo es sinónimo de salvación y de bien. La paz de Dios es una gracia y don que no se conquista, sino que se recibe cuando uno la pide con perseverancia al Señor. El Evangelio no promete un «sanalotodo», en cambio da la fuerza necesaria para aceptar con paz interior las adversidades que provienen de fuera y de dentro. El remedio es la confianza en Dios. «No se turbe vuestro corazón».