Ver y Descargar la Hoja Dominical

La parábola del hijo pródigo nos sigue emocionando. Nos emociona también la contemplación de un cuadro que representa al hijo pródigo. Nos emociona cuando leemos un poema de reconciliación. Nos emociona ver la reconciliación de dos personas.

¿Nos emociona cuando una persona se reconcilia con Dios? Jesús tuvo una idea genial al pronunciar esta parábola. La parábola ha recibido varios nombres. Jesús expresa en esta parábola un doble itinerario: el alejamiento y el acercamiento. Salida de huida y salida de aproximación. El hijo menor marcha de casa dando un portazo. Busca la libertad, la diversión, y gasta todo su patrimonio. En la lejanía de la casa paterna, sin dinero y sin amigos, reflexiona y recapacita. En el silencio y en la soledad reconoce su pecado. Comienza el proceso de conversión, el itinerario de acercamiento. La vuelta es lenta por el peso de haber abandonado la casa paterna. El tiempo transcurre y acentúa su conciencia de «pecador». El padre, bondadoso y compasivo, lo espera con los brazos abiertos y, cuando llega, organiza una fiesta, porque su hijo vive. La parábola se dirige a todos: los que se han alejado de Dios y los que siempre han estado en la casa paterna. Los primeros han pecado, y los segundos también. Los dos necesitan los abrazos del padre. La Cuaresma nos invita a unos y otros a reconocer los pecados y volver a los brazos del Padre. Es una parábola que emociona.