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Los textos bíblicos narran tres relatos vocacionales: Isaías, Pedro junto con los Zebedeos y Pablo. Dios llamó a los tres y los tres confiesan su indignidad. Las circunstancias del encuentro son diversas. Dios siempre fascina.

Isaías describe el encuentro con Dios en tres momentos: Dios se manifiesta en el templo, purifica al profeta y le envía a cumplir una misión. Los apóstoles se convierten en pescadores de hombres y Pablo predica lo que ha experimentado. Cuando nos encontramos con Dios experimentamos que algo muere en nosotros y, a la vez, renace nueva vida. Los tres encuentros terminan en oración (Isaías), en diálogo (Pedro) y en reconocimiento de la gracia divina (Pablo). La experiencia de la purificación sitúa al hombre en un nivel que lo prepara para la nueva misión. El mar es el lugar duro y peligroso en el que los hombres luchan por sobrevivir; refleja la experiencia de las primeras comunidades cristianas en sus trabajos de anunciar el Evangelio en medio del ancho mundo. La expresión «pescador de hombres» quiere indicar rescatar y salvar a los hombres sumergidos en el mar de la vida. Ya no es una profesión de la que vivir, sino una misión que se preocupa de los otros. De la pesca de peces se pasa a la pesca de hombres; la expresión «echar la red» significa la misión de la evangelización, y la redada de los peces simboliza la reunión de los hombres en la comunidad de Jesús. Dios llama hoy de diversas formas y en distintas ocasiones. Nos llama a experimentar su presencia, a dialogar con él y a aceptar la misión confiada. Nos invita a remar mar adentro y ser pescadores de hombres.