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El mar de Galilea ha sido escenario de algunas páginas del evangelio: la llamada de los primeros discípulos, la tempestad calmada, la pesca milagrosa, Jesús caminando sobre las aguas. Hoy el evangelio presenta dos episodios unidos, pero distintos entre sí: la pesca milagrosa y el diálogo de Jesús con Pedro para que apaciente sus ovejas. Pedro y otros apóstoles han vuelto a su tierra y vuelven a subir a la barca. Es la barca del primer encuentro de Pedro con el Maestro. En aquella ocasión, la pesca fue inesperada y desbordante, hasta el punto de tener que pedir ayuda a los pescadores de otra barca cercana. Desde aquel primer encuentro han ocurrido muchas cosas y ahora Cristo vuelve a estar junto al lago para que los apóstoles descubran su verdadera misión. No han sido llamados para permanecer en el lago de Tiberíades, sino para recorrer otros mares con la nueva barca de Pedro. Después de la comida se entabla una conversación entre Jesús y Pedro en la que entra en juego el futuro de la Iglesia y el signo de la barca. Las brasas encendidas se deben mantener para que el fuego se extienda por todo el mundo. Termina el diálogo diciéndole: «Sígueme», como la primera vez que se encontraron.