Ver y Descargar la Hoja Dominical

La liturgia de las tres últimas semanas del Tiempo Ordinario mira a la realidad última del mundo. El domingo anterior se entraba en la resurrección de los muertos. Hoy, nuestra atención se centra en el fin del mundo. Hablar hoy del final de la historia y del mundo parece anacrónico.

Vivimos instalados en el presente, en el quehacer cotidiano, con sus prisas y exigencias, y con sus cansancios e ilusiones; no se piensa en el final del camino. No faltan, sin embargo, agüeros que predicen catástrofes y anuncian, cada poco tiempo, el fin del mundo. La liturgia de hoy anuncia la venida del Señor al final de los tiempos. ¿Cuándo será? El fin está presente entre nosotros y, a la vez, es futuro. El fin ha comenzado ya, el futuro está en el presente. Jesucristo nos ha enseñado a esperar el futuro viviendo el presente con fe y esperanza. No es suficiente creer durante un día o dos, o confiar en Dios un mes o dos. La carrera de la fe es carrera de fondo; hace falta perseverar hasta la victoria final. Una fe débil o vacilante no superará las pruebas del camino. La segunda venida de Jesucristo es una promesa de felicidad. Cristo nos ha precedido para preparar el lugar. El Reino de Dios se inaugurará de una forma definitiva cuando pasen esta tierra y este cielo, para dar lugar a una tierra nueva y unos cielos nuevos en donde el día no tendrá ocaso.