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Comienza la cuenta atrás del evento más grande y gozoso de la humanidad. La primera lectura es un grito de «alegría» y de esperanza. Vuelve a emerger la figura de Juan Bautista, el testigo de la luz y el maestro del Adviento.

Su voz resonó en el desierto y resuena hoy en nuestra sociedad. Hoy le preguntamos: ¿qué debemos hacer ante un mundo cargado de injusticias y de guerras, de llanto y de sufrimiento? La respuesta de Juan Bautista es precisa y lapidaria: compartid, sed justos, sed honestos, no seáis corruptos… ¿Pide mucho o poco? Pide a todos la conversión y despojarnos de los dioses contemporáneos (afán por el dinero, el poder, el placer, el prestigio, la imagen personal, etc.).

El Bautista se dirige hoy a cada de nosotros y quiere una respuesta firme y permanente. ¿Cuál es nuestra respuesta al evangelio de hoy? No hay Navidad sin Adviento ni hay Adviento sin Navidad. El mandamiento: «Alegraos», significa vivir gozosamente en el Señor y comunicar alegría alrededor nuestro. El cumplimiento de este mandamiento consiste en sonreír ante los acontecimientos adversos, descubrir lo positivo en los demás y retener para sí las cruces y penas. Las cruces y penas aceptadas con gozo se convierten en sacrificios que redimen, salvan y alegran el corazón.