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Hoy es el domingo del Buen Pastor. Jesús retoma la vieja metáfora del pastor, empleada en el AT y le da un vuelco a su significado. Ser pastor no es un título de gloria, ni un privilegio, ni un poder, es un servicio y un conocimiento mutuo entre el pastor y las ovejas. Existen muchos púlpitos desde donde se anuncia el mensaje social y político, y desde donde los líderes entusiasman con sus palabras y eslóganes a sus oyentes. Jesús, en cambio, anuncia su mensaje veraz desde el ambón del mundo, y es el primero que da su vida para salvar a todos. No faltan personas que se rebelan contra el Evangelio de hoy y se sienten ofendidas por ser consideradas ovejas. Si observamos atentamente, estas mismas personas son manipuladas o instrumentalizadas por aquellos que gritan en las plazas y en los medios de comunicación vendiendo su mercancía. Cristo, en cambio, el Buen Pastor, no actúa de esta forma, no manipula ni instrumentaliza a las personas, sino que las personaliza, pues establece relaciones personales con cada una de ellas. Cristo solo sabe contar hasta uno, y este uno es cada uno de nosotros. No se aprovecha para sus intereses, ni busca el voto, ni las influencias, sino que da la vida y se interesa por cada uno. Su relación no es fría y lejana, sino llena de amor y de cercanía. La lógica de Cristo es darse, servir y dar la vida por los que ama. Cristo es una figura de viva actualidad. La voz de Jesús no es aduladora ni promete falsos paraísos, es voz fascinante y cercana, comprensiva y personalizada. El Buen Pastor conoce a cada uno por su nombre, conoce sus capacidades y debilidades, sus ilusiones y sus fracasos. Ayuda y defiende a cada uno de los peligros y está siempre a su lado.