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El evangelio nos invita a contemplar a María, la joven doncella de Nazaret, que pronuncia su «sí» definitivo y radical a los planes de Dios.

En la persona de María se cumple la profecía de Isaías. José asimila el significado del misterio y lo acepta en su corazón. La humanidad se abre a la esperanza y espera gozosamente el día de la Navidad. No solo nace, sino que se queda para siempre con nosotros. Hoy es el domingo de la esperanza. La esperanza es la gran fuerza; nada se hace en el mundo sin ella. Necesitamos la esperanza como del oxígeno para respirar. La persona que se levanta por la mañana y no tiene nada que esperar durante todo el día es una persona en grave peligro. ¿Qué nos ofrece la esperanza? La vida de las personas es un amasijo de esperan-zas que se marchitan con el viento de la desilusión cuando les falta la raíz de la esperanza teologal. La esperanza teologal es el hilo que baja de lo alto a nuestra vida y sostiene toda la trama de nuestras esperanzas. La esperanza re-nueva en nosotros los motivos y los contenidos que nos mueven a caminar continuamente hacia la meta divina. María es la mujer de la esperanza y nos enseña a cultivar y defender la única esperanza que da vida.