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Jesús sondea a sus discípulos, quiere saber qué piensan de él y les hace una pregunta sobre su identidad y misión. Jesús nos hace la misma pregunta a cada uno de nosotros. ¿Qué responderíamos? No se trata de un sondeo de opinión, sino de una confesión de fe. Pedro respondió, y el cristiano de hoy debe responder desde la fe. La respuesta exige haber compartido con él, haberlo conocido, haber visto sus milagros y haber escuchado su palabra. Sin fe, la respuesta es puramente humana y no traspasa las fronteras de la divinidad. Jesús no solamente es humano, sino también divino. Sin fe, la respuesta no es exacta ni verdadera. La verdadera respuesta brota únicamente de una experiencia de vida con Cristo. Los apóstoles compartieron con Jesús el pan y el camino, la oración y la conversación, la pobreza y la generosidad, la multitud y la soledad; por eso uno de ellos, Pedro, que ha compartido, confiesa que él es el Mesías. El fiel cristiano, cuando confiesa la divinidad de Jesús, acepta compartir con Jesús la cruz y sabe perder la vida para salvarla.