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Hoy en los textos litúrgicos sobresale una palabra que se repite varias veces: «nuevo». Se habla de «un nuevo cielo y una nueva tierra», «la nueva Jerusalén»; Dios hace «nuevas todas las cosas», «el mandamiento nuevo». «Novedad» y «nuevo» resuenan con fuerza en las lecturas como palabras mágicas. Lo nuevo es noticia en los medios de comunicación. ¿Por qué nos gustan las novedades? Existen muchas razones, pero el motivo principal es que lo nuevo todavía no se conoce ni se ha experimentado, y deja lugar a la esperanza, a la sorpresa y al sueño. La felicidad es hija de estas cosas. Si estuviéramos seguros que el año nuevo será igual o peor que el viejo, ya no nos gustaría, y dejaríamos de celebrar el primer día del año. Lo nuevo no se opone a lo «antiguo», sino a lo «viejo». ¿Por qué Jesús define como «nuevo» el mandamiento, conocido ya en el Antiguo Testamento? El mandamiento de Jesús es un mandamiento nuevo en sentido activo y dinámico, porque renueva y transforma todo. Todos deseamos unos nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia y la caridad. Cuando una persona realiza un acto de caridad o de amor, construye una tierra nueva. No debemos esperar a que venga una tierra nueva. Cada día y cada hora construimos esa tierra nueva y los nuevos cielos.