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La familia está en crisis o se le da poca importancia. Algunos vaticinan que la familia como institución está llamada a desaparecer. Este planteamiento es serio y las consecuencias son incalculables. La familia está bombardeada por todas las partes; está amenazada por una serie de contravalores que ponen en peligro su estabilidad.

Los síntomas son el egoísmo, la infidelidad, la superficialidad. Por el contrario, hay familias que viven unidas, sus miembros se sacrifican unos por otros; la fidelidad es la raíz de su amor y entrega. En la familia se educa y se hace crecer, se reflexiona y se dialoga, padres e hijos se respetan y se aman mutuamente. La familia es una escuela de amor, de relación y de formación. Es un lugar en el que todos aprenden a amar y a vivir, a respetarse y a ayudarse. La familia de Nazaret es un modelo para la familia cristiana. Es cuna de la vida que comienza y hogar en el que se desarrolla. No habrá calor humano en el mundo si no se respeta y se defienda a la familia. El perdón y la comprensión son la base de la estabilidad familiar y de la superación de las dificultades que surgen en las relaciones cotidianas. La fe es la clave de la convivencia familiar. Contemplando a la familia de Nazaret se aprende a escuchar en el silencio, a meditar el misterio, a trabajar y sobre todo a amarse mutuamente.