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La memoria es una de las facultades más misteriosas del ser humano. Desde la infancia se archivan todos los acontecimientos vividos y las palabras pronunciadas, y vuelven a la luz por la memoria. Cuando recordamos hacemos memoria. Tenemos un ordenador mucho más perfecto de los que manejamos en casa o en la oficina. Nuestra memoria es viviente, espontánea y acompañada de sentimientos de gozo y de tristeza. No solo el ser humano tiene memoria, sino también el grupo humano, la familia, la tribu. Esta memoria viene localizada sobre todo en las fiestas. Este patrimonio humano nos debe ayudar a comprender lo que es la eucaristía. El Nuevo Testamento llama memorial a la eucaristía porque recuerda la muerte y resurrección de Cristo, y toda su vida es un memorial. La eucaristía es memoria y presencia. Memoria del hecho pascual y presencia real del mismo Cristo bajo los signos de pan y vino. Nosotros, en la celebración eucarística, hacemos memoria del Cristo pascual, pero es una memoria agradecida por su misterio, vida y palabras. Al hacer memoria agradecida, él se hace presente realmente. Es el gran misterio, y solo por la fe nos podemos acercar a Cristo sacramental. La memoria agradecida y la presencia nos llevan de la mano a la adoración y veneración de Cristo.