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Dios ama a todos los seres creados, Jesús sale al encuentro de Zaqueo. Un caso esencial. Todos somos un poco “Zaqueos”. Somos “ricos”, pero bajos de estatura, inquietos buscadores de la verdad y, a la vez, necesitamos subir al árbol aun a costa de sentir la mirada despectiva de quienes nos observan. Jesús pasa junto al árbol y eleva sus ojos; su mirada amorosa se entrecruza con la mirada inquieta de Zaqueo.

Muchos suben al árbol para ver pasar bajo sus pies el mundo, los ricos y los pobres, la vida y la muerte. Es un espectáculo verlo desde la altura. Lo ven todo y observan todo, pero sus ojos no se cruzan con la mirada del Señor, que pasa también. Su corazón no busca a Dios ni la verdad, buscan ver a los otros y observar los acontecimientos. Dios se sirve de nuestras bajezas para alcanzarnos. Cristo hizo crecer a Zaqueo, le rescató, le redimió, le devolvió para que él devolviera. Se sube al árbol para ver al Señor, que pasa con su mirada misericordiosa. El que busca en la debilidad encuentra respuestas a los interrogantes. Jesús entró en casa de Zaqueo y el Evangelio llegó a su corazón y cambió su vida. Su vida se hizo más desprendida y más generosa. Restituyó y ayudó a los necesitados. Jesús visita hoy a los que se consideran pequeños de estatura para hacerlos crecer en generosidad.