Ver y Descargar la Hoja Dominical

Las lecturas de hoy presentan a dos profetas: Jeremías y Jesús. Cada uno en su ambiente histórico y con su propia personalidad y misión.

Jeremías es la conciencia crítica de su pueblo desde la Palabra de Dios. El profeta es un «ser contra». Está en contra de todo aquello que se opone a Dios. Denuncia y anuncia. Denuncia toda forma de idolatría e injusticia. Anuncia el querer de Dios. El profeta denuncia y anuncia, porque ama a Dios y todo lo que ama Dios. El profeta vive fascinado por la palabra de Dios y está poseído por él. Ser profeta es vivir constantemente en riesgo permanente. El profeta, por definición, hace presente la verdad de Dios, pone al descubierto las mentiras y llama a la conversión. La Iglesia es un pueblo de profetas que anuncia la salvación y denuncia con sus palabras lo que no es grato a Dios. Rechaza el egoísmo y las injusticias, el poder y los intereses, el afán de dinero y placer. Hoy, el profeta no grita por las calles de las ciudades y pueblos, da testimonio de su vida, y sus palabras recuerdan a los hombres y mujeres sus deberes religiosos, sociales y familiares. El cristiano, profeta por vocación bautismal, está fascinado por Dios y quiere que todos vivan su misma experiencia. No hay profecía sin sufrimiento y sin caridad.