Ver y Descargar la Hoja Dominical

El domingo es el día del Señor y el día de la comunidad. Como los discípulos, nos reunimos «el primer día de la semana» el día de la resurrección de Cristo. Ellos inauguraron la cadena de encuentros dominicales en memoria del Señor resucitado. Jesús, al aparecerse a sus discípulos, quiere clarificar su imagen y su identidad a través de una doble vía. 

Primera: «Mirad mis manos… soy yo en persona». De nuevo las manos que tocaron y fueron levantadas, que bendijeron y partieron el pan, que lavaron los pies a los discípulos, y los pies que recorrieron los caminos de Palestina. Manos y pies llevan los signos de su pasión y muerte. Los signos identifican al Mesías.

Segunda: «Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras». Es la misma catequesis que empleó con los discípulos que se alejaban de Jerusalén camino de Emaús. Jesús habla de él y de las Escrituras, proponiendo las claves para interpretar correctamente el sentido de la muerte y resurrección del Mesías y la extensión universal del perdón. Era necesario rehacer los esquemas mentales que tenían los discípulos sobre las expectativas mesiánicas; era necesario confirmar el cumplimiento de la promesa al estilo de Dios, no de los humanos. Los discípulos cambian de estado de ánimo y de mente: del miedo pasan al asombro, y del asombro a la alegría; la mente se les ilumina para entender lo que antes no entendían respecto a Jesús en la Escritura. Abierta su inteligencia para comprender las Escrituras, los envía a predicar la conversión y el perdón de los pecados.

El Resucitado nos envía también a nosotros para anunciar al mundo entero el gozo de la vida en Cristo: su vida y su historia nos han afectado profundamente. Quienes participan en la eucaristía deben dar testimonio de Jesús resucitado en un mundo hostil que rechaza los signos religiosos, la conversión y el perdón de los pecados. Los testigos son personas que han resucitado con Cristo.