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Mucha gente de nuestra sociedad aspira a ascender por el escalafón de los cargos políticos, sociales o comerciales. Dicen que tener un amigo influyente es tener un tesoro. Nuestra sociedad de hoy busca influencias y agradece favores. Parece natural que quien sigue de cerca a un líder político o social lo haga porque cree en su poder y espera conseguir favores, cargos, etc. Santiago y Juan tenían un amigo influyente. Cualquiera de nosotros lo hubiera intentado también. El pensamiento de Jesús es claro y va en un sentido completamente contrario al que sueñan o aspiran sus discípulos. Les enseña el camino que deben recorrer para llegar a la verdadera gloria. Es un camino que desciende para luego ascender. Jesús no piensa lo mismo; mide al hombre no por su capacidad de conseguir que los demás le sirvan, sino en su disposición de servir a los demás. No es el poder lo que salva a los demás, sino el amor que se entrega por ellos; no es la gloria lo que ayuda a los demás, sino el servicio desinteresado. Servir une, agrupa y ayuda; competir desune, divide y excluye. El cristiano debe entrar en la lógica de Jesús y no en la del mundo; debe beber el cáliz y compartirlo con los demás.