Ver y descargar la Hoja Dominical

Un ciego que ve y muchos videntes están ciegos. El ciego de Jericó pasó de la oscuridad a la luz; se le disiparon para siempre las oscuridades; su soledad se convirtió en compañía y se incorporó al cortejo del Hijo de David; sus manos pedigüeñas se convirtieron en manos elevadas al cielo en gesto de acción de gracias y de alabanza. Tenía fe y su fe hizo que viera la luz del día. El camino de la fe comienza en la súplica y culmina en el seguimiento de Jesús. En el borde del camino hay muchos ciegos encerrados en su oscuridad y soledad. Creen ver todo con claridad y su orgullo les impide suplicar al Señor, que pasa. Otros reconocen su ceguera y piden al Señor ser curados. La fe es la condición necesaria para ver, sin ella se permanece en la oscuridad. La fe hace oír el grito de los pobres ciegos que en el borde del camino gritan y esperan una mano que les lleve al que es la Luz.