Los próximos 13 y 14 de marzo la Iglesia celebra la iniciativa «24 horas para el Señor», un tiempo especial de oración que se vive en muchas parroquias durante la Cuaresma.
Este año la Conferencia Episcopal Española nos invita a vivir estas horas de oración pidiendo especialmente por la paz, uniéndonos a la intención del papa León XIV, que durante este mes nos anima a rezar por el desarme y la paz en el mundo.
La realidad de tantas guerras nos recuerda cuánto necesitamos volver el corazón a Dios y pedirle el don de una paz verdadera, una paz que nazca del respeto a la vida, de la justicia y del diálogo entre los pueblos.
Por eso, durante estos días queremos animaros a todos a dedicar un momento a la oración.
Quizá en la iglesia cuando tengas ocasión de pasar, quizá en casa, quizá en medio del silencio de un momento sencillo del día.
A veces unos minutos ante el Señor bastan para volver a colocar la vida en su sitio.
En estos días de Cuaresma, cada gesto de oración es también una forma concreta de pedir a Dios el don de la paz para el mundo.
Oración del papa León XIV
Señor de la Vida, que moldeaste a cada ser humano a tu imagen y semejanza, creemos que nos creaste para la comunión, no para la guerra, para la fraternidad, no para la destrucción.
Tú que saludaste a tus discípulos diciendo: «La paz esté con vosotros», concédenos el don de tu paz y la fortaleza para hacerla realidad en la historia. Hoy elevamos nuestra súplica por la paz en el mundo, rogando que las naciones renuncien a las armas y elijan el camino del diálogo y la diplomacia.
Desarma nuestros corazones del odio, el rencor y la indiferencia, para que podamos ser instrumentos de reconciliación. Ayúdanos a comprender que la verdadera seguridad no nace del control que alimenta el miedo, sino de la confianza, la justicia y la solidaridad entre los pueblos.
Señor, ilumina a los líderes de las naciones, para que tengan la valentía de abandonar proyectos de muerte, detener la carrera armamentista, y poner en el centro la vida de los más vulnerables.
Que nunca más la amenaza nuclear condicione el futuro de la humanidad. Espíritu Santo, haz de nosotros constructores fieles y creativos de paz cotidiana: en nuestro corazón, nuestras familias, nuestras comunidades y nuestras ciudades.
Que cada palabra amable, cada gesto de reconciliación y cada decisión de diálogo sean semillas de un mundo nuevo. Amén
