María Reina de la Paz

Seguimos rezando y reflexionando con letanías dedicadas a María, Nuestra Madre.

Hoy queremos compartir una reflexión de nuestra Raquel Gil, sobre María, Reina de la Paz.

María, Reina de la Paz

Llevamos muchos días viviendo momentos tristes cuando nos informan sobre el conflicto de Rusia con Ucrania y vemos las consecuencias de la guerra en los fallecidos, familias separadas por desplazamientos, la destrucción material de las ciudades,… pero en el mundo hay otros conflictos que casi nadie recuerda como Afganistán, Etiopía o Yemen. En todas las guerras que estallan no hay ganadores y perdedores, unos pierden más que otros, pero todos pierden.

Y todas las guerras tienen el mismo origen: el endurecimiento del corazón del hombre, que se aleja de Dios; el hombre quiere ser como Él y decidir que está bien y que está mal sin tenerle en cuenta, y la soberbia te hace pensar que los demás son inferiores y por lo tanto vencibles te impide ver que los demás son como tú.

Todos podemos tener la tentación de iniciar una guerra a pequeña escala (familiar, de amistad, parroquial, laboral) que empieza por creer o querer tener la razón y que, a veces, duran tanto que nadie se acuerda como empezaron y se convierten en guerras muy difíciles de finalizar.

Invocar a María, Reina de la Paz, nos debe llevar a tener la capacidad de mirar a los demás como hermanos, como iguales, y favorecer el dialogo antes que el enfrentamiento. Un sacerdote amigo siempre nos decía que es mejor amar que tener razón.

En el rezo del Rosario a María la invocamos, de entre otras muchas formas, como Reina de la Paz porque su corazón estaba lleno de la paz del Señor: recordamos a María en La Anunciación que se turba pero no pierde la paz de su corazón, y escucha las palabras del Ángel y las acoge dentro de sí.

En las apariciones de Fátima en 1917, la Virgen pidió a los pastorcitos que rezaran todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra. Esa petición sigue vigente y cada día tenemos que rezar para que la paz se alcance en todas las naciones, en todos los gobernantes, en todas las familias…

Todos deseamos vivir en un mundo donde haya paz, donde las noticias no sean violencia y maltrato sino gestos de ayuda y hermanamiento.

En este mes de mayo miremos a María, como Reina de la Paz, para que ella nos ayude a que nuestro corazón y nuestros actos favorezcan siempre la paz. Como dijo Santa Teresa de Calcuta: “no necesitamos pistolas y bombas para traer la paz, necesitamos amor y compasión.”
Virgen María, te pedimos: ¡que reine la paz!

 

Muchas gracias Raquel por haber compartido tus palabras con nuestra comunidad parroquial.

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La Virgen de Fátima

El día 13 de mayo celebramos la Fiesta de la Virgen de Fátima.

Compartimos una reflexión de nuestro Diácono Javier Villalba.

Hasta el 13 de mayo de 1917, Cova de Iría, en Portugal, era un lugar desconocido, incluso para muchos vecinos. Fátima es hoy venerada y conocida en el mundo entero por las apariciones de María a tres niños a quienes dio a conocer un mensaje para toda la humanidad. No podía ser un mejor lugar ya que “COVA DA IRIA” deriva del EIRENE, en griego PAZ, esto es, “Cueva de la Paz”. Recordamos que, desde 1914 Europa se hallaba sumida en la Primera Guerra Mundial y que el Papa Benedicto XV había ordenado la inclusión en las letanías del rosario a María como “Reina de la Paz” tan sólo ocho días antes de la primera aparición.

La aparición de María viene precedida por tres apariciones de un Ángel a estos niños, en los años anteriores 1915 y 1916, donde les había preparado para la especialísima aparición de la Virgen María el 13 de mayo de 1917. En estas ocasiones, les decía: “No temáis. Soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo. El 13 de mayo, domingo, después de la misa, los niños Lucía, Francisco y Jacinta, metieron la comida en el zurrón y salieron con las ovejas hacia Cova de Iría. Hacia el mediodía una luz deslumbrante en un arbusto los envuelve y “ven a una hermosa Señora más resplandeciente que el sol”. Al hablar con ella les dice: “No temáis, soy del cielo, vengo a pediros que nos encontremos aquí el 13 de cada mes, seis meses y luego os diré quién soy y qué quiero”. Y les indicó que rezaran el rosario cada día, con devoción, para obtener la paz en el mundo.

Tras las apariciones los meses siguientes, el 13 de octubre (en su última aparición) les dice que “Soy la Virgen del Rosario” y así lo llevaba colgado de su brazo derecho. Este día se producen unos sorprendentes efectos del sol (ante millares de testigos) y una mariofanía (Sagrada Familia, Virgen de los Dolores y manifestación gloriosa de la Virgen del Carmen, como recuerdo simbólico de las tres partes del Rosario).

Independientemente de las revelaciones que acontecen (la visión del infierno, las predicciones del final de la guerra y la predicción de otra peor posterior, la Segunda Guerra Mundial, o el tercer secreto, que se ha relacionado con el atentado sufrido por el Papa Juan Pablo II, el 13 de mayo de 1981) y que son “signos” para reconocer la identidad de quien nos habla, desde nuestra fe, debemos atender más a la presencia de María como mediadora y presente constantemente en la vida de los cristianos.

Ella insiste a los niños en la devoción a su Corazón Inmaculado y en el rezo del Rosario. El mensaje de Fátima no deja de ser la evocación del Evangelio de Jesús.

El Cardenal Ángelo Sodano, en su intervención en Fátima el 13 de mayo de 2000 así lo recordaba, “interpretar los signos de los tiempos con la intercesión y protección de nuestra Madre María”.

El Cardenal Ratzinger (luego Papa Benedicto XVI) insistía igualmente en el mensaje de que Dios se acerca al hombre en la presencia de María, en una historia conjunta de Dios y la humanidad, que tiene su Palabra última y definitiva en Jesucristo. Por eso nos recuerda las palabras de María en las bodas de Caná: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5).

El “corazón”, en el lenguaje bíblico es el centro existencial y de relación, donde el hombre encuentro su unidad interior. La clave final es que el “corazón inmaculado” es, según Mt 5, 8, un corazón que, a partir de Dios, ha alcanzado una perfecta unidad interior y, por los tanto “ve a Dios”. Es el corazón de los bienaventurados limpios de corazón, sólo ellos son capaces de dar el salto en la fe y “ver a Dios” con los ojos del alma.

La devoción al Inmaculado Corazón de María es, pues, acercarse al Padre, a través de Jesús, desde la actitud del “fiat” – hágase tu voluntad -, animador de toda la existencia.

La devoción al Santo Rosario cada día nos une a los misterios de la vida de Jesús a través de María, y con su meditación, nos introduce en su presencia, en su vida y en su gracia. El mensaje de Fátima nos invita a confiar siempre en su promesa.

Javier Villalba Nogales, Diácono

Agradecemos a Javier por haber compartido con nosotros sus palabras.

Os recordamos que el viernes 13 a las 19h rezamos juntos el Rosario por la Paz comenzando en el Colegio de los  Maristas.  Más información👇    https://psantisimatrinidad.archimadrid.es/event/rosario-por-la-paz/

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Hoja Dominical 08-05-2022

Ver y Descargar la Hoja Dominical

La imagen del buen pastor es típicamente pascual. El Señor ha resucitado para que los suyos tengan vida eterna. La vida eterna no es algo que uno encuentra súbitamente mientras pasea a lo suyo por la calle, sino que consiste en un proceso por el que el creyente acepta no ser arrebatado de la mano del Señor por nada, en ningún momento, en ninguna circunstancia. Eso no se hace bien de golpe, se empieza en el bautismo y dura toda esta vida. (más…)

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María causa de nuestra Alegría

Ha comenzado el mayo, el mes de María, el mes dedicado a la Madre de Dios, a nuestra Madre.

María, mujer de profunda vida de oración, viviendo siempre cerca de Dios. Mujer sencilla, generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida.

Os invitamos cada semana del mayo a rezar y reflexionar con una letanía dedicada a Nuestra Madre.

Hoy compartimos una reflexión de Patricia de Linos de nuestra comunidad parroquial, sobre María, causa de nuestra alegría:

María, causa de nuestra alegría. Alégrate, regocíjate

La madre ha sido siempre el corazón del hogar y los hijos se han refugiado siempre en el calor de este corazón. Sabemos de sobra que el amor de una madre no falla nunca y esta es la realidad que se vive también en la Iglesia. Dios ha querido que en el hogar del cristiano, como es la Iglesia, no falte la madre, para que no sea posible la tristeza.

María es la causa de nuestra alegría porque ella llevó en su seno, durante nueve meses, al mismo Dios que se hizo hombre verdadero. Y Él nos la dio por Madre en el Calvario.

Es María, la que nos enseña que debemos estar siempre alegres. Siguiendo los consejos del ángel del Señor que ya le advirtió a la joven de Nazaret aquello tan hermoso del «Alégrate, llena de gracia». Este mensaje llevó a María a tomar una decisión valiente y arriesgada. Ella vivió como nadie la presencia de Dios en su vida. Saberse amados por Dios es causa de felicidad y constituye el motor que nos mueve.

La Virgen María aparece ante nosotros no sólo como modelo de persona que supo vivir siempre alegre, dichosa y feliz, sino también como aquella que es “causa de alegría” para los demás.

La vida de cualquiera de nosotros, como la de la Virgen María, no está exenta de pruebas y dificultades; de dolor y sufrimiento. Sin embargo, en medio de las pruebas y el dolor, tenemos que saber conservar, como María, la alegría que viene de Dios. Ella, “causa de nuestra alegría”, quiere que también nosotros seamos portadores para los demás de este don, que el mundo espera y necesita.

En las letanías del Rosario reconocemos a María como la que nos trae la alegría. Y oramos diciendo “Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros”, que es lo mismo que pedirle: “danos tu alegría”, “ayúdanos a ser alegres como Tú”. Por eso, cuando estamos pasándolo mal, sin ganas de nada, tristes, sin sentir la cercanía de Dios, no dudemos en acudir a la Virgen María. Ella nos contagia del gozo, la paz y la alegría que Dios le dio. Con Ella, y contagiados de su alegría, podemos afrontar esas dificultades con buen ánimo.

Ella, “causa de nuestra alegría”, quiere que también nosotros seamos portadores para los demás de este don, que el mundo espera y necesita. La alegría es un bien del que todos debemos disfrutar constantemente, debe ser una cualidad permanente de nuestra vida. Vivir como María, proseguir su obra, haciendo nacer a Jesús entre los hombres.

El secreto de la alegría permanente de la Virgen María es, también, el secreto de la felicidad de todo ser humano. No hay otro camino. Con fe, pidamos a la Virgen que, en toda circunstancia, permanezca en nosotros la alegría de vivir:
Gracias a Ella, a María, por ser ¡CAUSA DE NUESTRA ALEGRIA!

Llamad a la Virgen: Causa de nuestra alegría. No puede ser de otra manera. Porque María nos trae y nos da siempre a Jesús. Encomiéndate a ella, y pídele con el Avemaría, a Ella bienaventurada entre todas las mujeres, que “ruegue por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”.

Desde aquí agradecemos a Patricia de Linos por haber compartido con nosotros sus palabras dedicadas a la Madre de Dios, María causa de nuestra Alegría.

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Pascua 2022: Tiempo de Esperanza

Compartimos la reflexión de nuestro párroco, D. José María, invitándonos a vivir este trimestre desde la Esperanza.
¡Feliz Pascua del Señor!

El curso 2021-2022 nos está llamando a vivir “APASIONADOS POR LA VIDA».

En el primer trimestre vivir “apasionados por la vida” se llamó ENCUENTRO, es decir: comunidad, fraternidad, amistad.

En el segundo trimestre esta actitud se ha traducido en CUIDADO de las personas, de la creación, de nuestro corazón… porque Dios piensa en nosotros, “apasionados por la vida”, como bálsamo para este mundo herido por tantas contradicciones y desencuentros.

Y del abrazo a Dios y a los hermanos brota la ESPERANZA: esta será la palabra clava de este tercer trimestre en la pastoral de nuestra Comunidad.

Dios nos quiere vivos, porque Jesús vive y nuestra vida está llena de esperanza.

De la mano de la esperanza, caminamos adivinando el futuro en cada huella. La vida es el origen de la vida. Eso es lo que descubren, todos los días y en todas las circunstancias, los “apasionados por la vida”. Es hora de construir puentes, de recuperar la sonrisa oculta tras infinidad de “mascarillas”, porque estamos llamados a llenar la vida de Vida.

Es Pascua y, por tanto, es tiempo más que propicio para soñar sin miedos ni reticencias y para apostar de manera decidida por la Vida; se acabó ya el tiempo del “por si acaso”, del “me lo tengo que pensar” y de la cobardía egoísta y perezosa disfrazada del “hay que ser prudentes”, etc.

No se puede continuar diciendo que se “cree en la Pascua” y, a continuación, apostar por una vida cansina y aburrida, como si se nos estuviera obligando a vivir “por decreto”.

Pascua es tiempo de optar y decidir de manera libre, pero también responsable; de avanzar sin mirar hacia atrás, aunque sí hacia los lados; de acompañar, acoger y compartir.

Es tiempo, pues, de felicitar y felicitarnos la Pascua, ya que ella viene cargada de las razones más profundas y serias, que jamás puedan llegar a existir, para poder entender que la esperanza es el trampolín de los intrépidos.

¡Feliz Pascua, feliz esperanza!

José Mª Crespo

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