Bajo el lema ‘La alegría del Evangelio llena el corazón”, el fin de semana del 28, 29 y 30 de noviembre los grupos de confirmación hemos compartido una convivencia centrada en la fuerza del Evangelio y en esa alegría tan pura que brota cuando dejamos que la Palabra toque la vida. Empezábamos el viernes por la tarde, en los salones parroquiales, poniéndonos en la presencia del Señor con la sencillez de quien reconoce que solo el Espíritu puede abrir el corazón y disponernos para recibir lo que Dios quiere regalarnos. En ese clima pedimos que esta convivencia fuese un verdadero espacio de encuentro, un tiempo para escucharnos por dentro y para escucharle a Él, confiando todo en sus manos.
Tras ese primer momento, tuvimos una dinámica de bienvenida que nos introdujo en lo que íbamos a vivir durante el fin de semana. A través de un diálogo creativo entre los cuatro evangelistas, se nos fueron dando claves para entrar en este camino que queríamos recorrer juntos. Después llegaron los juegos, que siempre ayudan a romper barreras, a sonreír y a construir comunidad sin darnos casi cuenta. Cenamos todos juntos, y antes de cerrar el día subimos a la capilla, donde rezamos en silencio agradecido… porque se está bien en su presencia, y porque sabíamos que lo que venía iba a ser un regalo. Y así, con esa paz, nos fuimos a descansar.
El sábado comenzó temprano, cogiendo el tren hacia Cercedilla, con esa mezcla de sueño y expectación que tiene todo lo que merece la pena. Al llegar, volvimos a poner nuestra vida en las manos del Señor, conscientes de que cada día es un don y que este, en concreto, venía cargado de posibilidades para compartir, para crecer y para dejarnos renovar por esa “Alegría del Evangelio” que da sentido a todo. Dedicamos la mañana a la catequesis, aprendiendo a rezar con la Palabra a través de la Lectio divina, descubriendo que Dios nos habla de una forma tan delicada que solo necesita que le regalemos un poco de tiempo y de silencio. Recordábamos las palabras del Papa Francisco: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús… Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”. Y desde ahí celebramos la Eucaristía con el P. Adrián, que nos invitó a vivir el momento con hondura, a saborear la presencia de Dios y a dejarnos enviar para anunciar la Buena Noticia. Después, un rato de comida para reponer fuerzas y seguir juntos.
La tarde estuvo marcada por la entrega del símbolo en cada uno de los cursos.
En 1º se entregó una llave, invitándonos a “abrir el corazón” a Jesús, recordando aquellas palabras del Apocalipsis que tantas veces nos tocan la vida: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,20).
En 2º se entregó una vela, signo de esa luz que Jesús enciende en nosotros y que estamos llamados a llevar a los demás. Sin su luz no hay camino, sin su luz todo se apaga, por eso insistimos en que solo cuando acogemos la Luz de Cristo podemos iluminar lo que vivimos. “Vosotros sois la luz del mundo”.
En 3º cada uno construyó un pequeño ladrillo, recordando que formamos parte de una Iglesia que se edifica desde lo sencillo, donde cada vida aporta algo imprescindible para construir el Reino de Dios.
Terminamos el día en adoración eucarística, poniéndonos ante Jesús sacramentado con la gratitud serena de quienes se saben acompañados. Dimos gracias por lo aprendido, por lo compartido, por la comunidad que vamos formando y por ese Evangelio que cada día nos sostiene y nos empuja a ser mejores. Y así cerramos la jornada, en silencio, con el corazón lleno.
El domingo tuvimos un momento de oración de acción de gracias antes de unirnos a la comunidad parroquial en la Eucaristía, una celebración especialmente hermosa porque coincidía con las bodas de plata y oro de varios matrimonios, y con los novios que habían vivido su fin de semana de formación. Celebramos juntos la vida, el amor y la historia compartida de una comunidad que crece y se deja purificar por la gracia. Dimos gracias por sentirnos llamados a vivir la fe en comunidad, por descubrir que este es el estilo de vida que queremos, el estilo de vida de Jesús.
Y cerramos la convivencia con un agradecimiento sincero: a los chicos y chicas de confirmación que se han dejado sorprender; a los catequistas que han cuidado cada detalle; al P. Adrián por acompañar y celebrar; a nuestro párroco y a toda la comunidad de la Santísima Trinidad, que nos sostienen con su oración y su presencia. Sobre todo, gracias a Dios, que sigue llamándonos cada día y llenando nuestro corazón con la alegría del Evangelio.
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