Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

Cuando buscas la estrella, encuentras al Niño

La Epifanía vuelve a encontrarnos como pueblo en camino, con el corazón atento y la mirada levantada, como quien espera algo sin saber del todo cómo llegará. Nos reconocemos en los Magos, siguiendo una luz que orienta y sostiene, abiertos a las sorpresas de Dios en medio de la vida cotidiana. En el fondo, todos caminamos buscando algo que dé sentido, consuelo y verdad a lo que vivimos, y en ese movimiento interior descubrimos que el Señor se adelanta, sale a nuestro encuentro con una cercanía sencilla, sin ruido, profundamente humana. La estrella brilla para quienes mantienen viva la esperanza, para quienes avanzan convencidos de que cada paso guarda la posibilidad de un encuentro verdadero.

Una búsqueda que despierta el alma

Esa estrella no decora el cielo ni se contempla desde lejos. Llama, provoca, empuja suavemente a salir de la comodidad conocida y a ponerse en camino. Despierta el deseo profundo de buscar con todo el ser. Cuando la búsqueda es sincera, la fe se vuelve camino transitado y la esperanza se convierte en paso concreto. La Epifanía celebra esa valentía interior que nace de confiar, de avanzar con el corazón abierto, sabiendo que Dios se deja encontrar por quien se atreve a caminar. El Evangelio lo expresa con sencillez y verdad cuando dice que los Magos “se llenaron de alegría al ver la estrella”. Esa alegría deja huella, porque nace de dejarse iluminar y de descubrir que el camino conduce a la vida.

La luz que lleva a lo sencillo

La estrella conduce a Belén, a un lugar pequeño, casi invisible, donde la vida comienza envuelta en fragilidad. Allí aprendemos que Dios se manifiesta en lo sencillo y cercano, en lo cotidiano que tantas veces pasa sin ser mirado. La Epifanía ensancha nuestra forma de ver, nos educa la mirada para descubrir a Dios en los gestos humildes, en la ternura compartida, en el amor fiel que sostiene cada día. Lo grande de Dios se hace accesible, y la sabiduría verdadera se reconoce cuando se inclina ante lo pequeño, ante la vida que nace y pide cuidado.

Adorar transforma la vida

Los Magos ofrecen sus dones y, en ese gesto, algo profundo se ordena en su interior. Adorar abre el corazón y recoloca la vida desde el amor. Al detenernos ante el Niño, la fe se vuelve más lúcida y la esperanza más serena. Cada encuentro con Dios ilumina el regreso y deja una huella nueva. Volvemos a casa distintos, con una paz que acompaña, con un deseo renovado de cuidar lo que el Señor pone en nuestras manos. La adoración se convierte en misión, y la misión se expresa en una forma sencilla y cotidiana de testimoniar.

Celebrar la Epifanía significa acoger esta espiritualidad del camino, donde buscar, confiar y compartir la alegría forman parte de la misma experiencia. Sigamos la estrella en los días que vienen, atentos a la presencia de Dios que se deja encontrar en lo frágil y verdadero. Cuando uno busca la estrella, acaba encontrando al Niño, y con Él descubre una luz y una ternura que iluminan la vida de cada día.