Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial
Los martes del curso 2024-2025, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día: El significado de la Cuaresma y su preparación
Un camino que nos devuelve a lo esencial
Cada año, la Cuaresma nos regala un tiempo de gracia para volver a lo más hondo, para limpiar el alma del ruido que la distrae, para recordar quiénes somos y hacia dónde vamos. Ya casi al final de este camino, sentimos cómo la Pascua se acerca y nos llama a renovarnos por dentro, a vivir con un corazón más libre y más lleno de luz.
Esta preparación no consiste en hacer cosas por costumbre, sino en dejarnos transformar. Como escribe el profeta Joel: “Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved al Señor, vuestro Dios” (Jl 2, 13). Rasgar el corazón es abrirlo. Dejar que Dios entre. Dejar que nos mire, que nos toque, que nos renueve. Cada gesto de conversión, cada oración sincera, cada acto de misericordia que brota del alma es una respuesta viva al amor que nos llama.
Una llamada a la conversión que sana y enciende
Convertirse es volver al origen del amor, dejar atrás lo que no alimenta el alma y abrazar lo que la hace florecer. Es como el campo que se deja arar para volver a dar fruto. Como la tierra que se deja mojar con la lluvia para volverse fecunda.
Durante estas semanas, hemos tenido la oportunidad de mirar dentro, de revisar nuestras decisiones, de cuidar el silencio, de acercarnos más a los demás. Y todo esto no para cumplir un rito, sino para vivir con más verdad, con más hondura, con más ternura. La Cuaresma es un proceso que abre la vida, que purifica la mirada y que enciende la esperanza.
Preparar el corazón para lo nuevo que viene
La Pascua no es solo una fecha, es una irrupción de vida, un renacer que nos desborda. Por eso, necesitamos preparar el corazón como se prepara una tierra para la siembra: quitando lo que estorba, abonando con lo que da vida, confiando en lo que aún no se ve.
La liturgia de estos días nos invita a mirar con esperanza, a vivir cada jornada como un paso hacia ese encuentro profundo con Cristo resucitado. Cada lectura, cada gesto, cada oración tiene sabor a promesa. No avanzamos solos: caminamos con una comunidad que también busca, que también anhela, que también espera.
Que esta semana sea un espacio sagrado para volver con más amor, para entregarnos con más libertad, para mirar la cruz con más fe y la Pascua con más esperanza. Que nos preparemos desde dentro, sabiendo que lo que Dios va a hacer en nosotros es siempre más grande que lo que imaginamos.