Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial
Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:
Empezar bien no es hacerlo todo, es hacerlo con Dios
Comenzar nuevamente las actividades pastorales de este curso, después de las “vacaciones de Navidad” siempre despierta un temblor interior que reconocemos como llamada. Algo en nosotros desea orden, horizonte, sentido. Algo busca luz para dar nuevamente el primer paso con verdad. En ese umbral aprendemos juntos que el comienzo auténtico nace de una confianza entregada, de una respiración honda que acoge la presencia de Dios en lo cotidiano, en lo pequeño, en lo que aún se está gestando. Empezar bien se parece más a abrir el corazón que a llenar la agenda, más a disponerse que a dominar el camino. Ahí se enciende la esperanza que acompaña cada día y lo vuelve fecundo.
Comenzar desde la confianza que descansa en Dios
Cuando confiamos, el alma se ensancha y aprende a caminar sin rigidez. Confiar significa reconocer que la vida se sostiene en manos fieles, que el futuro se abre paso con una sabiduría que nos precede. Cada jornada puede convertirse en ofrenda sencilla cuando brota desde esa certeza serena. La Escritura lo expresa con una claridad que sostiene generaciones: “Encomienda al Señor tus obras y tus proyectos se cumplirán” (Proverbios 16, 3). Confiar nos sitúa en la verdad de quienes caminan acompañados, con una libertad que nace del abandono confiado y una alegría que brota al sabernos sostenidos.
Vivir el propósito interior como espacio de encuentro
Todo volver a comenzar verdadero nace en lo profundo. El propósito interior se cultiva en silencio orante, en escucha atenta, en ese diálogo donde Dios susurra sentido y orientación. Vivir con propósito transforma cada gesto en respuesta viva, cada tarea en lugar de comunión. Desde ahí comprendemos que la fidelidad cotidiana construye caminos firmes, que la coherencia entre fe y vida ilumina decisiones y relaciones. El segundo trimestre del curso se convierte entonces en un tejido de encuentros donde la gracia actúa con discreción y potencia, guiando el paso con una pedagogía paciente y amorosa.
Caminar cada día con esperanza, sencillez y fidelidad
La esperanza cristiana respira futuro en el presente y abre la mirada hacia horizontes nuevos. Sencillez significa vivir sin peso añadido, con el corazón disponible para lo esencial. Fidelidad expresa la constancia humilde que persevera con alegría. Estas actitudes sostienen la vida creyente y la hacen creíble. Caminamos juntos como Iglesia peregrina, aprendiendo a leer los signos del tiempo, celebrando la presencia de Dios en cada historia concreta. Así cada día se vuelve espacio de gracia, escuela de amor, semilla de Reino.
Empezar bien se revelaría como una experiencia compartida que transforma la mirada y el ritmo interior. Vivir con Dios al comienzo de esta nueva etapa del curso regala una paz activa que impulsa a la comunión y al servicio. Caminamos con esperanza viva, con la certeza de que cada paso dado en su presencia florece en sentido, y la vida entera se convierte en respuesta agradecida a su paso fiel entre nosotros.
