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Domingo 3º Cuaresma: Juan 4, 5-15.19b-26.39a.40-42
Jesús se detiene junto al pozo, en la hora en que el sol cae con fuerza, y entabla conversación con una mujer que acude a sacar agua. Él inicia un diálogo que atraviesa capas de historia personal, tradición y anhelo profundo. Ella habla del pozo heredado, de lo que siempre ha dado sentido a su pueblo, y en ese intercambio se abre un espacio nuevo donde el corazón comienza a descubrir una sed más honda que la del mediodía. El Señor despierta en ella el deseo de un agua capaz de renovar la vida desde dentro, una fuente que brota en lo íntimo y transforma la existencia cotidiana.
A través de preguntas y revelaciones, la mujer pasa de una curiosidad inicial a un reconocimiento lleno de asombro. El encuentro se convierte en misión, y aquella que llegó con su cántaro regresa al pueblo con una palabra que contagia esperanza. Cuando Cristo se hace presente, la rutina se ilumina y la historia personal adquiere un horizonte más amplio. Cada diálogo sincero con Él abre un camino de verdad que libera y dignifica.
Desde la fe: Me acerco al pozo de la oración con confianza, presentando mi sed real y dejando que el Señor la nombre y la purifique.
Desde la esperanza: Acojo la promesa de un agua viva que fecunda mi interior y sostiene mi caminar diario con serenidad y fuerza.
Desde la caridad: Me convierto en testigo sencillo del encuentro con Cristo, compartiendo con otros la alegría de haber sido mirado y comprendido en lo más profundo.
