Ver y Descargar la Hoja Dominical

Domingo I del tiempo de Cuaresma. (Mateo 4, 1-11)

Jesús entra en el desierto movido por el Espíritu, y ese lugar se convierte en espacio de verdad, de silencio fecundo y de encuentro profundo con el Padre. Allí se revela un modo de vivir centrado en la confianza, en la escucha y en la fidelidad del corazón. El desierto habla de la vida real, de esos momentos donde todo queda al descubierto y donde aparecen las preguntas esenciales. En ese escenario Jesús elige permanecer en la Palabra, dejar que sea Dios quien sostenga cada paso y cada decisión.

En nuestra vida cotidiana también existen desiertos que invitan a ordenar deseos, a revisar prioridades y a elegir desde lo hondo. Las tentaciones adoptan formas actuales y seductoras, prometen soluciones rápidas y seguridades aparentes. El Evangelio muestra un camino distinto, una libertad que nace de vivir desde Dios, de reconocer que el corazón humano se aquieta cuando descansa en Él. Jesús enseña que la verdadera fuerza brota de la relación confiada con el Padre y de una vida arraigada en lo esencial.

Desde la fe: Vivir este Evangelio conduce a fortalecer la fe como vínculo vivo con Dios. La fe crece cuando la Palabra se convierte en alimento diario y cuando la oración sostiene las decisiones. Confiar en Dios abre un horizonte interior donde la vida se ordena desde el amor.

Desde la esperanza: El desierto también es lugar de promesa. Dios acompaña cada proceso interior y renueva la esperanza en medio del camino. La presencia del Señor anima a seguir adelante con serenidad, sabiendo que cada paso dado desde la fidelidad da fruto.

Desde la caridad: Este Evangelio impulsa a una caridad sobria y verdadera, atenta a las necesidades reales de los demás. Vivir desde lo esencial libera para amar con mayor hondura, compartir con generosidad y acompañar con cercanía. La vida entregada desde Dios se convierte en signo de esperanza para quienes nos rodean.