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Tercer domingo de T.O. (Mateo 4, 12-23)

Jesús inicia su camino en Galilea, tierra de mezcla, de fronteras y de sencillez. Allí, junto al lago, la vida transcurre entre redes, barcas y esperas. La luz del Reino comienza a brillar en medio de la rutina de quienes trabajan cada día, mostrando que Dios se hace presente en lo cotidiano. El mensaje de Jesús no aparece envuelto en solemnidades, sino en la calidez de su voz, en su paso por la orilla, en su mirada que llama con dulzura y firmeza. En ese encuentro, los discípulos descubren que algo nuevo comienza para ellos. No se trata de abandonar por abandonar, sino de acoger una promesa que tarde dentro del corazón: ser parte de un proyecto de vida que da sentido y plenitud.

También en nuestro camino, esa voz sigue resonando. Cada día se convierte en una orilla abierta donde Jesús pasa y llama. Su invitación es profunda y sencilla a la vez: seguirle desde la vida real, desde las redes que cada uno maneja. Él convierte el cansancio en oportunidad, el trabajo en misión y la rutina en espacio de encuentro. Cuando uno se deja mirar por Jesús, algo se transforma: surge una alegría serena, una confianza nueva y un deseo de llevar su luz a los demás. En su compañía aprendemos a “pescar personas”, no con palabras vacías, sino con gestos que transmiten esperanza y cercanía. Jesús invita a vivir con propósito, a caminar sin miedo hacia horizontes más amplios donde el Evangelio se hace experiencia, servicio y ternura.

Desde la fe: Acoger la llamada de Jesús con el corazón disponible y confiado. La fe crece cuando sugerimos caminar con Él y descubrimos en su paso el sentido de nuestro propio itinerario.

Desde la esperanza: Mirar cada jornada como ocasión para experimentar la cercanía de Dios. Su luz sigue amaneciendo en nuestras vidas, incluso en los lugares más sencillos o inesperados.

Desde la caridad: Salir al encuentro de los demás con la misma compasión de Cristo. Hacer de nuestras palabras y una acción roja que une, que recoge, que rescata, que abraza con ternura a quienes esperan una mirada de comprensión.