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XXVI Domingo  T.O (Lucas 16, 19-31)

En este domingo, se nos presenta la historia de Lázaro y el rico Epulón. Un rico que disfrutó de sus bienes sin escrúpulos, viendo al pobre en su puerta con hambre y pidiendo aunque sea las migajas que se comían los perros. El problema no es la riqueza sino la actitud frente a ella. Cuánto más tenemos corremos el riesgo de endiosarnos, de ser injustos o indiferentes.

No podemos ser cristianos y que no nos duela el dolor del pobre. El Evangelio es claro cuando dice “cuando lo hicisteis a uno de estos mis pequeños, a mí me los hicisteis”. Dios está en el rostro del pobre. No hay pobre perfecto, se le ama y se le ayuda por ser pobre, por su condición de excluido social, y nosotros como cristianos porque vemos en su rostro el rostro de Jesucristo.

Pidamos hoy a Dios que seamos compasivos, sensibles al dolor que muchas veces está como Lázaro al lado de nuestra puerta, quizás hasta en nuestra propia comunidad de vecinos y no nos damos cuenta.

Pidamos por los que poseen grandes fortunas, para que se den cuenta que con su dinero pueden hacer mucho bien. No es que puedan comprar la vida eterna, sino que compartiendo pueden vaciarse de tanto ego, y abrirse al amor gratuito de Dios.

Desde el amor: comparte esta semana con el pobre

Desde la fe: mira al pobre reconociendo el rostro de Jesús

Desde la Esperanza: pidamos que se acabe el hambre y la injusticia del mundo.