Estos días, en medio del ritmo normal de nuestras comunidades, llega la IX Jornada Mundial de los Pobres, que este año se celebra dentro del camino del Jubileo. El lema escogido, «Tú, Señor, eres mi esperanza», procede del salmo 71 y expresa algo muy sencillo y, a la vez, muy verdadero: la esperanza se sostiene cuando la vida se deja acompañar por Dios, especialmente en los momentos de mayor fragilidad.
Cáritas y la Conferencia Episcopal han difundido una nota conjunta en la que recuerdan que esta Jornada no es un acto aislado, sino una oportunidad para mirar la realidad tal como es. El IX Informe FOESSA vuelve a mostrar que muchas familias viven situaciones de dificultad que ya no pueden explicarse como crisis pasajeras. La desigualdad crece, las clases medias se encogen y un número creciente de personas atraviesa cada día la vida con menos apoyos de los que sería razonable.
En este contexto, el mensaje del papa León XIV para la Jornada recupera la fuerza del Evangelio sin dramatismos. El Papa insiste en que la verdadera pobreza aparece cuando la vida se organiza como si Dios fuese prescindible. Frente a esa tentación, invita a reconocer que los pobres nos recuerdan, con su fe sencilla y su capacidad de resistir en medio de lo incierto, que la esperanza real nace de saberse sostenidos. No se trata de romantizar la pobreza, sino de aprender a escuchar lo que la vida de tantas personas nos dice sobre lo esencial.
El Papa también anima a no acostumbrarnos a las nuevas formas de empobrecimiento. Señala que la resignación es una forma de indiferencia que termina apartando de nuestra mirada a quienes más necesitan ser vistos. Por eso pide generar “signos de esperanza”: lugares de escucha, iniciativas comunitarias, proyectos que acompañen procesos de vida concretos. Muchas de estas experiencias ya existen en parroquias, cáritas locales y obras sociales, y son un ejemplo silencioso de cómo la fe puede sostener realidades muy frágiles.
Al estar esta Jornada situada casi al final del Año Jubilar, se convierte en una ocasión para revisar lo vivido durante estos meses: cómo hemos cuidado nuestra relación con Dios, qué cambios han ido tomando forma, qué gestos de cercanía hemos podido ofrecer y cuáles estamos llamados todavía a iniciar. El Jubileo no se cierra en sí mismo; se traduce en maneras concretas de mirar, escuchar y acompañar.
Quien desee los materiales completos —mensaje del Papa, subsidio litúrgico, propuestas para la homilía y orientaciones para la pastoral— puede encontrarlos en este enlace de la Conferencia episcopal española. Son recursos sencillos, pensados para ayudar a las comunidades a vivir esta Jornada con realismo, con fe y con un compromiso que nace de lo que somos: una Iglesia llamada a reconocer en cada persona un lugar donde Dios sigue actuando.
