Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

No dejemos de aprender a creer

Agradecer también es una manera de creer

Al cerrar el año, el corazón se nos llena de nombres, de rostros, de historias que han marcado nuestro camino. Poco a poco entendemos que la fe se hace más honda cuando aprendemos a mirar la vida como un regalo y a descubrir en cada día un motivo de gratitud. En lo grande y en lo pequeño, en lo que alcanzamos a comprender y en lo que se nos escapa, Dios ha estado ahí, discretamente presente. Cuando agradecemos, algo en nosotros se ensancha; cambia la forma de mirar, y nace una certeza serena: que el Señor sigue pasando por nuestra historia, como lo hizo en la de los discípulos, pronunciando nuestro nombre. De esa experiencia brota una oración sencilla y honesta: “Señor, creemos; aumenta nuestra fe” (Mc 9, 24). Es una súplica que nace del deseo de crecer en una relación viva con Él, con la alegría de quien siente que cada día puede volver a empezar.

Caminar en confianza

La fe se aprende andando, paso a paso, con el corazón abierto. Es un camino donde la Palabra ilumina nuestras decisiones y sostiene nuestras dudas. Creer no es entenderlo todo, sino apoyarse en Dios y confiar en su manera de conducir las cosas hacia el bien. Resuena entonces aquella invitación del libro de los Proverbios: “Confía en el Señor con todo tu corazón” (Prov 3, 5). También hoy esa frase nos impulsa a vivir con serenidad, incluso cuando el horizonte se vuelve incierto. Descubrimos que la fe crece cuando se vive, cuando se hace gesto, palabra, presencia; cuando busca el bien en lo cotidiano. Así nuestra historia se convierte en un lugar donde Dios se deja encontrar.

Aprender juntos

La fe se hace más fuerte cuando se comparte. Escuchar a otros, aprender de su mirada, de su modo de creer, nos ensancha el corazón. En la comunidad aprendemos a celebrar, a acoger, a rezar unos por otros, y allí reconocemos la presencia del Señor, que cumple su promesa de estar entre quienes se reúnen en su nombre. Cada encuentro, cada Eucaristía, cada gesto de cercanía se convierte en una pequeña escuela donde seguimos aprendiendo a creer, donde el Evangelio va modelando nuestra manera de vivir y nos enseña a ser luz en el medio del mundo.

Ahora, al despedir este año, sentimos la llamada a mirar hacia adelante con confianza y gratitud. Que Él siga sorprendiéndonos, llamándonos y renovando nuestro corazón. Caminemos juntos, sostenidos por la oración y la fraternidad, para que nuestra fe siga viva, luminosa y fecunda. Y que en cada paso podamos decir con alegría que el Señor continúa haciendo nuevas todas las cosas.