En la vida de una parroquia hay momentos en los que la comunidad entera percibe que Dios está obrando delante de sus ojos y uno de esos momentos son los escrutinios que se celebran en la misa dominical parroquial. Los escrutinios son unos ritos propios del catecumenado de adultos que se celebran en Cuaresma, habitualmente en el tercer, cuarto y quinto domingo, como preparación inmediata de los catecúmenos que recibirán en la Pascua los sacramentos de iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. La tradición litúrgica los sitúa en esa etapa final del camino catecumenal llamada purificación e iluminación, un tiempo en el que la Iglesia ora de un modo especialmente intenso por quienes están a punto de nacer a la vida nueva en Cristo.

A veces, desde el banco, podríamos pensar que se trata de un rito dirigido solo a quienes van a bautizarse, y sin embargo su hondura alcanza a toda la asamblea. La palabra “escrutinio” remite a una mirada que entra en profundidad, una mirada de verdad, una mirada que Dios dirige con ternura hacia el corazón humano para sanar, fortalecer y levantar. La Iglesia celebra estos ritos para pedir que salga a la luz todo lo que necesita ser purificado y que crezca con fuerza todo lo que ya está siendo fecundo por la gracia. A través de la oración, la imposición de manos y las súplicas de liberación, la Iglesia pide para ellos fortaleza, luz interior y un corazón cada vez más abierto a la gracia de Dios.

Qué hermoso resulta contemplar a un grupo de adultos que, en medio de la misa parroquial, se pone en pie ante Dios y ante la comunidad para dejarse sostener en un momento tan decisivo. Ahí la Iglesia muestra su verdadero rostro. Vemos que la fe sigue naciendo, que Cristo sigue llamando, que la conversión sigue abierta, que la Pascua sigue siendo una puerta real para nuestro tiempo. Los escrutinios expresan precisamente eso: que llegar a ser cristiano implica dejarse encontrar por la luz, abrir espacio a la verdad y consentir que el Señor toque aquello que aún busca plenitud. Cada catecúmeno aparece ante nosotros como tierra sagrada, como promesa viva, como anuncio de que Dios continúa escribiendo historia santa en corazones concretos.

Durante esos domingos resuenan además los grandes evangelios cuaresmales de san Juan, vinculados al agua viva, a la luz y a la vida. La samaritana, el ciego de nacimiento y Lázaro ofrecen un itinerario de inmensa belleza: Dios sacia la sed más honda, abre los ojos del alma y llama a salir de todo sepulcro interior. Así, el escrutinio adquiere una fuerza inmensa, porque revela que la iniciación cristiana jamás es un simple aprendizaje doctrinal; es una transformación entera, una nueva manera de vivir, de mirar, de amar y de pertenecer a la Iglesia, una preparación interior hacia la vida nueva de la Pascua.

En estos ritos sentimos con especial fuerza que la parroquia se convierte en un cuerpo que engendra, acompaña, bendice y espera. Los escrutinios recuerdan a todos que la Cuaresma es una llamada viva a volver al centro, a dejarnos purificar por el amor de Cristo y a caminar hacia la Pascua con un corazón más despierto. Ellos avanzan hacia el Bautismo. Nosotros renovamos nuestro propio Bautismo desde dentro. Ellos se preparan para recibir la vida nueva. Nosotros descubrimos de nuevo que esa vida sigue brotando en medio de la Iglesia, con una belleza serena, fuerte y profundamente esperanzadora.

Leer Más »