#Sacramentos

Villalba, Guadarrama, Cerceda… unidas en el Señor

Hay días en los que la Iglesia se vuelve hogar visible, rostro cercano, abrazo de Dios en medio de su pueblo. Días en los que sentimos, con una claridad serena, que el Señor sigue llamando por el nombre, sigue despertando corazones, sigue abriendo caminos de vida nueva. Hoy hemos vivido uno de esos momentos que quedan grabados por dentro: la celebración compartida de los sacramentos de iniciación cristiana para adultos, vivida junto a nuestras parroquias hermanas del arciprestazgo de Cerceda-Matalpino, Guadarrama y Villalba.

Nos reunimos como comunidad que camina, como familia creyente que acompaña, como Iglesia que engendra hijos para la fe. Bautismo, Confirmación y Primera Comunión se entrelazan como un mismo río de gracia, como una misma promesa que se cumple en lo concreto: Dios sale al encuentro, Dios sostiene, Dios consagra una historia. Cada adulto que se acerca a la fuente bautismal trae consigo un camino recorrido, preguntas, búsquedas, heridas y luz; y el Señor, con paciencia infinita, lo recibe todo y lo transforma en comienzo.

El Bautismo se convierte en nacimiento espiritual, en pertenencia profunda, en ese instante donde el corazón comprende que la fe siempre es don antes que esfuerzo. La Confirmación enciende el fuego del Espíritu como fuerza para vivir, para testimoniar, para permanecer firmes en medio del mundo. La Eucaristía culmina como mesa abierta, como alimento de comunión, como presencia real que nos une y nos envía. En cada gesto, en cada palabra litúrgica, se nos recuerda que la vida cristiana es una historia de amor que se hace cuerpo, comunidad, misión.

Damos gracias por la presencia de nuestro Vicario Episcopal, D. Jesús Alemany, quien ha presidido esta celebración como signo de la Iglesia diocesana que acompaña y confirma. Damos gracias por quienes han servido con corazón de pastores, el padre Luis Murillo de Villalba y el padre Jesús Cuenllas de Cerceda-Matalpino, porque en su ministerio reconocemos la ternura de Cristo que guía a su pueblo.

Hoy sentimos esperanza. Vemos que la fe sigue brotando en la edad adulta como una semilla que despierta a su hora. Vemos que la Iglesia sigue siendo madre, sigue acogiendo, sigue formando, sigue celebrando la vida nueva. Caminemos juntos, con gratitud y alegría, porque cada sacramento recibido es una puerta abierta hacia la plenitud, y cada comunidad que celebra unida se convierte en anuncio vivo del Evangelio.

Puedes ver algunas fotos de la ceremonia en nuestro album de Flickr:

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Unción de los enfermos

La Unción de Enfermos es un sacramento profundamente significativo dentro de la tradición católica, ofreciendo consuelo y fortaleza a aquellos que enfrentan la fragilidad de la enfermedad y el paso del tiempo. Es un Don de Dios que derrama bendiciones sobre los enfermos y los mayores de 65 años, proporcionando no solo alivio espiritual, sino también una renovación interior que trasciende lo físico.

En el momento en que la santa unción se administra, se abre un puente entre lo terrenal y lo celestial, permitiendo que la gracia de Dios fluya hacia aquellos que la reciben con humildad y fe. Es un momento de comunión profunda con la presencia amorosa de Dios, que sostiene nuestras fragilidades y nos eleva con su infinita misericordia.

Los efectos de este sacramento son verdaderamente poderosos. No solo alivia el sufrimiento físico, sino que también fortalece el alma, infundiendo esperanza y paz en medio de la prueba. Es como un bálsamo celestial que calma nuestras heridas internas y nos da fuerzas para enfrentar los desafíos con valentía y confianza en la providencia de Dios.

En el momento de recibir la Unción de Enfermos, se experimenta una profunda cercanía con Dios, quien nos envuelve con su amor sanador y nos sostiene en su gracia. Es un recordatorio de que, incluso en los momentos más difíciles de la vida, nunca estamos solos, sino que el Señor está siempre a nuestro lado, acompañándonos en nuestro camino de dolor y redención.

Para aquellos que atraviesan la vejez, la Unción de Enfermos ofrece un consuelo especial, recordándoles que su valiosa contribución a la comunidad no pasa desapercibida ante los ojos amorosos del Creador. Es un reconocimiento de la dignidad inherente a cada etapa de la vida, y una invitación a abrazar la sabiduría y la serenidad que vienen con la edad.

La gracia de la Unción de Enfermos nos inspira a enfrentar nuestras propias pruebas con coraje y esperanza. Nos recuerda que, aunque los desafíos puedan ser grandes, el amor de Dios es aún mayor, y su poder sanador puede transformar incluso las situaciones más difíciles en oportunidades de crecimiento espiritual y renovación interior.

Este 5 de mayo, pascua del enfermo, celebraremos de forma comunitaria el sacramento de la Unción de enfermos, os invitamos a participar, y que en la enfermedad o debilidad, encontramos en Dios el consuelo y la fortaleza que necesitamos para seguir adelante con fe y determinación. Que su gracia nos sostenga en los momentos de prueba, y que su amor nos guíe siempre por el camino de la paz y la esperanza.

Equipo de Pastoral de la Salud

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