Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial
Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:
Y tú, ¿a qué Rey sirves?
Al comenzar a cruzar las puertas del año litúrgico, nuestras mentes se abren a una pregunta que resuena con pura verdad: ¿cuál es nuestro Rey verdadero? Vivimos los días como personas que anhelan una expectante revisión del camino pasado para hallar su Señoría dibujado, quien gobierna desde la cercanía y acompaña en cada proceso y búsqueda. La solemnidad de Cristo Rey del Universo es, pues, la oportunidad que se nos presenta para respirar profundamente y permitir que la luminosidad de su presencia inunde nuestro ser interior. En esta luz encontramos la renovación de la fe y la proyección en la esperanza por la que derramar nuestros suaves pasos.
Un rey que despliega su faz desde el interior de la propia vida.
Cuando observamos a Cristo retratado en los Evangelios, sentimos dentro de nosotros un amor y una paz inquebrantable que emerge gracias a la decisión de su modo de llegar a cada uno con amor y al coraje de abrir nuevas formas de ver lo cotidiano. Su reinado, entonces, se experimenta a medida que logramos ser contemplados por su mirada en nuestros aspectos más vulnerables, desprotegidos y desfavorecidos, para transformar la fragilidad en lugar de gracia. Donde experimentamos la presencia de Jesús surge un dinamismo, un entusiasmo para recomenzar y una energía de felicidad que nutre el día a día. Entendemos, por ello, la expresión de sus palabras: “El Reino de Dios está en medio de ti”. ¿Imposible? Sabemos que su existencia transforma desde el interior hacia afuera y aporta una vida nueva para su proyección.
Lo que brota en nuestro corazón…
Con el fin de este ciclo litúrgico se nos ofrece una oportunidad para discernir, con sinceridad, desde dónde se levanta la fuerza en nuestra existencia. Es tiempo para cuestionarnos, con minuciosidad, quién o qué constituye el ombligo de nuestras vidas, qué dirige nuestras elecciones y a qué voz dedicamos preferentemente la atención clave. Ser fieles a Cristo de nuevo es un acto de libertad interior que nos permite volver a lo esencial y, entonces, presentar al Señor lo que deseamos que sea robustecido con su gracia. Todo brilla diferente en la vida el día que comprendemos que nuestra lealtad pivota sobre un Rey que nos abraza, que vela nuestra sincera voluntad y es un fiel acompañante en el siguiente paso. Desde la certeza humilde que una vida amada nos otorga.
Celebrar a Cristo como Rey nos invita a vivir como el Rey…
Cada día de la semana su Reino se va manifestando cada vez que pronunciamos una palabra de alivio, acompañamos un silencio y ayudamos al otro a transitar su propio camino. Cada gesto pequeño que surge de las biografías revela una profundidad que marca la soberanía de un Rey que reina al modo humilde de inclinarse ante una herida, convertirse en descanso y centro. Atender a Jesús Rey es invitarnos a ser inspirados por su manera de amar en cada uno de los vínculos y las elecciones, a ser testigos silenciosos y aliviadores de su gracia y su amor.
Al finalizar este ciclo litúrgico oramos en silencio: Señor Jesús, Rey de la vida, guía nuestros pasos y renueva nuestra esperanza. Que tu presencia alimente nuestras decisiones y haga de nuestra comunidad un lugar donde tu Reino crezca con fuerza y con ternura.
