Este año, el camino cuaresmal que nos propone nuestro párroco para la comunidad se apoya en una frase central del Evangelio que puede sostenerlo todo: “Amarás al Señor tu Dios…”. Amar como proceso. Amar como camino. Un amor que se despliega poco a poco, que va tocando lo más profundo de la persona y que se vuelve concreto en la relación con los demás, en la manera de mirar, de hablar, de estar.
La primera semana nos sitúa en el punto de partida de toda experiencia creyente: Escucha, Israel. Antes de cualquier gesto, antes de cualquier compromiso, está la escucha. Escuchar es hacer espacio. Escuchar es permitir que la Palabra vuelva a ocupar el centro y ordene el corazón. La Cuaresma se abre así como un tiempo para afinar el oído interior, para dejarnos alcanzar por la voz de Dios que sigue pronunciándose en la vida y en la historia.
En esta clave, el Papa León XIV nos ha recordado que la Cuaresma es un tiempo especialmente propicio para dar espacio a la Palabra, para acogerla con docilidad y permitir que transforme la vida desde dentro. Escuchar se convierte así en el primer signo del deseo de entrar en relación con Dios y también con el otro. Junto a esta escucha, el Papa nos invita a vivir el ayuno como una libertad que ensancha el corazón, como un ejercicio que purifica el deseo y despierta hambre de justicia, incluso a través de una abstinencia muy concreta: aprender un lenguaje más amable, más limpio, más portador de paz, en la familia, en la comunidad y en la vida cotidiana.
La segunda semana nos invita a dar un paso más adentro: Amarás a Dios con todo tu corazón. Con todo lo que somos. Con nuestra vida real, con lo que llevamos dentro, con lo que buscamos y anhelamos. El corazón, cuando se entrega, se vuelve lugar de encuentro, espacio habitado, morada donde Dios puede encender esperanza.
En la tercera semana, el amor se hace todavía más concreto: Amarás a Dios con todas tus fuerzas. Aquí entra la vida cotidiana, el tiempo, las decisiones, el cuerpo. Amar con las fuerzas es aprender a vivir con mayor sobriedad interior, con un deseo más limpio, con una libertad que deja espacio a lo esencial. Es un amor que se traduce en gestos y elecciones.
La cuarta semana abre decididamente el horizonte: Amarás a tu prójimo. El amor a Dios se reconoce en el rostro cercano, en la atención, en el cuidado, en la escucha verdadera de quien camina a nuestro lado. La fe se vuelve relación y responsabilidad.
Y la quinta semana lo expresa con una cercanía aún mayor: Amar al hermano como a ti mismo. Amar al hermano es aprender la medida del Evangelio. Es construir comunidad. Es hacer de la Iglesia un hogar donde cada persona encuentra lugar y dignidad.
Vivamos esta Cuaresma como un camino compartido, en familia y en parroquia, dejando que el amor a Dios transforme el corazón y se haga vida en el amor al hermano.
Cada lunes de Cuaresma el P. Luis nos ofrecerá una reflexión para ayudarnos a vivir este tiempo cuaresmal.
También os compartimos el mensaje del Papa León para la Cuaresma 2026: Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión.
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