Avisos

Semana Santa: una semana que lo cambia todo por dentro

Iniciamos la Semana Santa como comunidad parroquial con el alma despierta y el corazón dispuesto, sabiendo que estos días santos abren ante nosotros un camino de hondura, de verdad y de gracia, un camino que toca la vida entera y la conduce hacia su centro, allí donde Cristo se entrega, permanece, sostiene, espera y vence. Entramos juntos en este tiempo grande de la fe con los ojos puestos en Jesús, con memoria agradecida, con deseo de conversión y con esa sed interior que tantas veces llevamos en silencio y que encuentra en Él su fuente más limpia, más honda y más verdadera. Cada celebración será una puerta abierta, una llamada, una luz encendida en medio de nuestra historia, porque la Semana Santa jamás transcurre por fuera de nosotros: pasa por la carne herida del mundo, por nuestras búsquedas, por nuestras lágrimas, por nuestros cansancios, por nuestras esperanzas, y allí mismo deja la huella viva del amor de Dios.

Domingo de Ramos

Hoy proclamamos con los ramos y con el corazón que Cristo es Rey, y su realeza trae paz, justicia y amor. Su entrada en Jerusalén despierta en nosotros una alegría limpia, una alegría que brota de reconocer que Dios viene a nuestro encuentro con mansedumbre, con firmeza, con una belleza que desarma toda dureza. Con nuestros cantos y nuestros ramos queremos decirle que deseamos abrirle la puerta de la vida, de la casa, de la comunidad, de cada rincón donde haga falta su presencia. Hoy la Iglesia entera alza la voz para confesar que Jesús merece el centro, porque su señorío jamás aplasta, siempre levanta; jamás domina, siempre dignifica; jamás enfría, siempre enciende.

Jueves Santo

Celebrar la última cena de Jesús es celebrar el amor fraterno, la Eucaristía y el sacerdocio ministerial como dones preciosos que siguen alimentando la vida de la Iglesia. Esta tarde santa nos reúne alrededor de la mesa donde el Maestro parte el pan, ofrece el cáliz y se queda para siempre como presencia real, cercana, ardiente y fiel. En ese gesto santo aprendemos que amar de verdad significa darse, servir, permanecer, lavar los pies de la humanidad herida y hacer de la propia vida una ofrenda. Hoy damos gracias por los sacerdotes, llamados a hacer visible en medio del pueblo ese amor de Cristo que acompaña, alimenta y guía. Hoy adoramos la Eucaristía con asombro, porque Dios ha querido quedarse con nosotros como pan vivo para el camino.

Viernes Santo

Hoy levantamos la mirada hacia la cruz y contemplamos cuánto amor cabe en ese madero santo. Cristo entregó la vida por cada uno de nosotros, abrió los brazos para abrazarnos, perdonarnos y salvarnos. La cruz revela un amor llevado hasta el extremo, un amor que entra en el sufrimiento humano y lo habita con una ternura inmensa. Hoy permanecemos junto a Jesús con reverencia, con gratitud, con el corazón conmovido, dejando que su entrega penetre nuestras resistencias y cure nuestras heridas más hondas. En la cruz resplandece una fuerza que transforma la historia desde dentro y que sigue pronunciando sobre cada vida una palabra de misericordia.

Sábado Santo

Hoy la Iglesia guarda silencio, y ese silencio es fértil, está lleno de esperanza, como la tierra que custodia la semilla en espera de la vida nueva. Es un día para permanecer, para velar, para dejarnos sostener por la promesa de Dios cuando todo parece detenido. También es un día para acompañar a María, Madre que espera la resurrección de su Hijo con fidelidad serena, con amor íntegro, con esa fortaleza silenciosa que enseña a creer cuando el corazón atraviesa la noche. Junto a ella aprendemos a esperar con fe madura, con una esperanza que respira profundidad y confianza.

Vigilia Pascual

Y llega la noche santa en la que estalla la alegría más grande: ¡el Señor ha resucitado! ¡Aleluya! La luz vence, la vida florece, la esperanza se levanta, y la Iglesia canta porque Cristo vive para siempre. Esta es la noche que renueva el mundo, la noche que recuerda a cada corazón que la última palabra pertenece a Dios y lleva nombre de vida. Caminemos, pues, como comunidad pascual, con el alma encendida, con la fe fortalecida y con la certeza luminosa de que Cristo resucitado sigue haciendo nuevas todas las cosas.

 

Leer Más »

Convivencia postcomunión

El pasado sábado 14 de marzo compartimos una jornada de convivencia con los niños de postcomunión, un tiempo pensado para seguir creciendo juntos en la fe y fortalecer el sentido de pertenencia a la comunidad.

La mañana comenzó con la celebración de la Eucaristía a las 9:30h en el templo, junto al resto de la parroquia. Fue un momento especialmente significativo, porque ayudó a los niños a reconocerse como parte viva de esta comunidad que les acoge y a poner en manos del Señor todo lo que íbamos a vivir durante el día.

Después nos trasladamos a los salones parroquiales, donde iniciamos el trabajo en torno al Triduo Pascual y el Vía Crucis, dos realidades centrales en el tiempo de Cuaresma que estamos viviendo. A través de una propuesta dinámica, los niños recibieron la visita simbólica del Papa León XIV, que les invitó a pensar cómo presentar la Semana Santa de una forma atractiva y significativa. A partir de ahí, se organizaron en grupos, recibieron una breve explicación por parte de los catequistas y elaboraron pequeños anuncios y carteles, poniendo en juego su creatividad y lo aprendido.

La mañana continuó con una gymkana centrada en el Vía Crucis. Cada estación incluía una prueba diferente que ayudaba a interiorizar el sentido del camino de Jesús: desde pequeños retos hasta dinámicas que implicaban atención, silencio o expresión personal, como escribir un mensaje para la madre.

La experiencia nos deja con la sensación de haber dado un paso más en la preparación de la Semana Santa, vivida no solo como un contenido que se aprende, sino como un camino que se recorre y se comprende desde dentro.

 

Leer Más »

El deseo de Dios te sostiene más de lo que crees

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

El deseo de Dios te sostiene más de lo que crees

(más…)

Leer Más »

5ª semana de Cuaresma: Amar al hermano como a ti mismo

El camino que hemos recorrido alcanza aquí su punto más concreto y exigente. Escuchamos, ofrecimos el corazón, orientamos nuestras fuerzas, aprendimos a mirar al prójimo con luz nueva; ahora el amor se vuelve aún más cercano y personal. Amar al hermano como a uno mismo significa asumir una medida que nos implica por completo. El hermano no es una categoría amplia, es alguien concreto, con nombre, con historia compartida, con heridas y esperanzas que rozan las nuestras. La Cuaresma madura cuando el amor deja de ser actitud general y se convierte en vínculo real.

Compartir la fragilidad

El Evangelio nos sitúa ante el dolor de una familia que ha perdido a alguien querido. Jesús no se mantiene distante. Se acerca, escucha el llanto, se conmueve. Antes de pronunciar una palabra de vida, comparte la herida. Amar al hermano como a uno mismo comienza ahí, en esa capacidad de no apartarse ante el sufrimiento, de permitir que el dolor del otro nos toque. La fe no nos vuelve fríos; nos hace más capaces de sostener, de acompañar sin invadir, de permanecer cuando todo parece oscuro.

Desear para el otro la misma vida

Amarse a uno mismo implica reconocer la propia dignidad y anhelar plenitud. Amar al hermano con esa misma medida significa desear para él esa plenitud con la misma intensidad. No es competir, ni compararse, ni medir méritos; es alegrarse con su crecimiento, respetar su proceso, cuidar su vulnerabilidad como cuidaríamos la nuestra. Esta semana nos invita a revisar nuestras relaciones más cercanas, allí donde el trato cotidiano puede volverse superficial. El amor fraterno se juega en lo pequeño, en el modo de hablar, en la paciencia, en la disponibilidad real.

Un amor que levanta

En el relato, la palabra de Jesús tiene fuerza de resurrección. La vida que parecía cerrada vuelve a abrirse. Amar al hermano como a uno mismo tiene esa misma vocación: levantar, animar, sostener, creer en el otro incluso cuando él mismo duda. Cuando nos implicamos en la historia del hermano, algo también se transforma en nosotros. La comunidad deja de ser suma de individuos y se convierte en hogar donde cada uno encuentra espacio para crecer.

Con esto la Cuaresma llega a su umbral más luminoso. Lo que comenzó en el silencio interior se convierte ahora en entrega compartida. Amar al hermano es permitir que el amor recibido circule, que toque lo frágil y lo renueve. Y en ese intercambio verdadero se anticipa ya la vida nueva que estamos llamados a celebrar.

Leer Más »

Ocho niños reciben el Bautismo en su camino hacia la Primera Comunión

Este sábado hemos vivido una de esas mañanas que dejan en el corazón una huella serena y luminosa, de las que ensanchan el alma de la parroquia y nos recuerdan que la fe sigue brotando con una belleza nueva en medio de nuestra comunidad. Ocho niños que caminan hacia su Primera Comunión han recibido el sacramento del Bautismo, y con ellos también nosotros hemos vuelto a contemplar el amor de Dios hecho inicio, promesa y vida nueva. La celebración, presidida por nuestro párroco, el P. Luis Murillo, tuvo esa hondura sencilla de las cosas verdaderas, esa fuerza callada con la que el Señor sigue abriendo caminos dentro de la historia concreta de cada familia, de cada niño, de cada comunidad creyente.

A lo largo de la celebración fuimos entrando, paso a paso, en el misterio de un Dios que llama por el nombre, que bendice, que consagra, que envuelve la vida con su gracia. Primero llegó la bendición, como abrazo primero de la Iglesia que acoge y presenta a estos niños ante el Señor con gratitud y esperanza. Después, la unción sobre el pecho habló con un lenguaje que atraviesa las palabras, porque el óleo expresa fortaleza, preparación interior, gracia que sostiene y presencia de Dios que va formando el corazón para la vida nueva. Más tarde llegó el momento del agua, centro vivo del Bautismo, manantial de vida que purifica, fecunda y hace renacer. En esa agua santa, derramada sobre cada uno de ellos, contemplamos algo inmenso: Cristo los incorporaba a su propia vida, los hacía hijos en el Hijo, miembros de su Iglesia, portadores de una dignidad que florece desde el amor eterno de Dios.

Y después vino la luz. Esa luz entregada a los recién bautizados posee una belleza que conmueve profundamente, porque expresa que la fe jamás es una idea aprendida de memoria, sino una llama recibida, custodiada y compartida. Cada vela encendida nos habló de una misión preciosa: vivir como hijos de la luz, crecer en la amistad con Jesús, avanzar con el corazón despierto y dejar que la vida entera sea iluminada por su presencia. En cada gesto del rito apareció una catequesis viva, una pedagogía del cielo que enseña con signos lo que el alma tarda años en comprender del todo y, sin embargo, reconoce de inmediato como verdadero.

Qué regalo ver a estos niños acompañados, por sus familiares, por sus catequistas y por algunos de sus compañeros del grupo de comunión. Allí estaba la Iglesia en su rostro más cercano y más bello: una comunidad que acompaña, que sostiene, que celebra, que camina unida. Allí estaba también el testimonio fiel de quienes siembran cada semana con paciencia, ternura y entrega, sabiendo que cada palabra sobre Jesús encuentra su plenitud cuando la gracia toca la vida desde dentro.

Hoy damos gracias por estos ocho niños, por sus familias, padres y padrinos, por nuestro párroco, por sus catequistas, por los compañeros de grupo de comunión, y por esta parroquia que sigue siendo casa, fuente y hogar. El Bautismo celebrado este sábado ha sido mucho más que un rito hermoso; ha sido una proclamación de esperanza. Dios sigue pasando por nuestra comunidad y sigue encendiendo la vida. Dios sigue llamando. Dios sigue haciendo nuevas todas las cosas.

Leer Más »

Descubriendo la casa de Dios. Una catequesis especial

Estos días estamos viviendo una imagen preciosa en la parroquia, de esas que dejan en el corazón una alegría serena y una gratitud honda. Nuestros grupos de comunión están recibiendo unas catequesis especiales y, en una de ellas, nuestro párroco, ha ido recorriendo el templo con los niños, mostrándoles cada espacio con cercanía, con paciencia y con ese cariño pastoral que convierte una explicación en experiencia viva. Más que enseñar unas partes del edificio, les ha ido abriendo una puerta al misterio, ayudándoles a descubrir que la iglesia es casa de Dios y también casa nuestra, lugar de encuentro, de oración, de consuelo y de vida compartida.

Ha sido hermoso imaginarles escuchando cómo les explicaba que la capilla del Santísimo guarda una presencia que llena de paz, porque allí Jesús permanece esperándonos con amor fiel, y cómo la luz roja encendida junto al Sagrario les anunciaba, de una forma sencilla y profunda, que Cristo está realmente presente. Seguramente, en la mirada de muchos de esos niños, esa pequeña luz habrá dejado de ser un detalle al que apenas se presta atención para convertirse en un signo lleno de sentido, una llamada silenciosa que habla de compañía, de adoración y de misterio.

También les ha mostrado el sagrario como ese lugar donde se custodia el mayor tesoro de la Iglesia, les ha enseñado el ambón como el espacio desde el que Dios sigue hablando a su pueblo por medio de la Palabra, y les ha señalado el altar como el corazón de la celebración, la mesa santa donde se actualiza la entrega de Cristo y donde la comunidad se reúne para alimentarse de su amor. Les ha hablado de la sede, desde donde quien preside sirve y acompaña a la asamblea, y del atril, que sostiene con sencillez la palabra que se proclama para iluminar la vida.

Con la misma cercanía les ha acercado a la pila bautismal, ayudándoles a reconocer en ella el comienzo de nuestra vida cristiana, el lugar donde un día fuimos acogidos en la gran familia de la fe. También les ha ido mostrando las estaciones del vía crucis, tan presentes en nuestros templos, explicándoles que en ellas recorremos junto a Jesús el camino de su entrega, de su amor fiel y de su misericordia. A través de cada escena, los niños han podido descubrir que la cruz contiene un amor inmenso y que seguir a Cristo también es aprender a caminar con Él en los momentos de esfuerzo, de dolor y de entrega.

Les ha mostrado la sacristía como ese espacio discreto donde se prepara con cuidado todo lo necesario para la celebración, recordándoles que también lo escondido tiene valor cuando está al servicio de Dios y de los hermanos. Y les ha llevado hasta el confesionario explicándoles con delicadeza, que es lugar de misericordia, de perdón y de abrazo, donde el alma puede volver a respirar con la alegría de saberse querida y renovada.

Estas catequesis tienen una fuerza inmensa porque, a través de la voz cercana del P. Luis Murillo, el templo ha dejado de ser para los niños un lugar que simplemente se visita, para convertirse en un espacio que se comprende, se ama y se siente propio. Cuando un pastor se detiene a explicar así, paso a paso, lo que significa cada rincón de la iglesia, va sembrando mucho más que conocimientos: va despertando reverencia, pertenencia, memoria y fe. Y quizá también nosotros, al contemplar esta escena, sintamos dentro una invitación preciosa: volver a entrar en nuestro templo con ojos nuevos, dejar que cada signo vuelva a hablarnos y recordar que, en esta casa santa, Dios sigue saliendo a nuestro encuentro con la ternura de siempre.

Leer Más »

Esta semana os recordamos..

Lunes día 23, a las 19.45h. tenemos Oración Grupo de Fe Cristo roto: Especial de Cuaresma, en la Capilla.

Este martes día 24, a las 19:45 h, tenemos formación parroquial. Tema: la Felicidad, desde la perspectiva psicológica y espiritual. Impartido por el P. Luis.

Viernes día 27 tenemos Viacrucis a las 18.00 en el templo.

Viernes día 27 tenemos Oración de la Cofradía de Santiago: ‘Las angustias de San José’, a las 19:45h, en el templo parroquial.

29 de marzo DOMINGO DE RAMOS

Misas 11:00h., 12:00h., 13:00h. y 19:00h.
11:45h. Bendición de Ramos y Procesión desde la Plaza de la Estación hasta el templo.

Por cuaresma iniciamos la campaña de ayuda a Cáritas: Necesitamos Leche, aceite, cacao, azúcar, harina y potitos. Tenéis en la mesita del fondo la lista de los artículos para traer, en los despachos de 10-13h. o de 17-20h. En el templo, durante las misas.

Se está organizando la venida del Papa a Madrid, que será del 6 al 12 de junio. Se necesitarán voluntarios para atender diversas actividades. En próximas semanas se os informará como inscribirse.

Tenéis a vuestra disposición los horarios de Semana Santa. Podéis llevar uno por familia.

Leer Más »

Los escrutinios: la Iglesia acompaña el nacimiento de una vida nueva

En la vida de una parroquia hay momentos en los que la comunidad entera percibe que Dios está obrando delante de sus ojos y uno de esos momentos son los escrutinios que se celebran en la misa dominical parroquial. Los escrutinios son unos ritos propios del catecumenado de adultos que se celebran en Cuaresma, habitualmente en el tercer, cuarto y quinto domingo, como preparación inmediata de los catecúmenos que recibirán en la Pascua los sacramentos de iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. La tradición litúrgica los sitúa en esa etapa final del camino catecumenal llamada purificación e iluminación, un tiempo en el que la Iglesia ora de un modo especialmente intenso por quienes están a punto de nacer a la vida nueva en Cristo.

A veces, desde el banco, podríamos pensar que se trata de un rito dirigido solo a quienes van a bautizarse, y sin embargo su hondura alcanza a toda la asamblea. La palabra “escrutinio” remite a una mirada que entra en profundidad, una mirada de verdad, una mirada que Dios dirige con ternura hacia el corazón humano para sanar, fortalecer y levantar. La Iglesia celebra estos ritos para pedir que salga a la luz todo lo que necesita ser purificado y que crezca con fuerza todo lo que ya está siendo fecundo por la gracia. A través de la oración, la imposición de manos y las súplicas de liberación, la Iglesia pide para ellos fortaleza, luz interior y un corazón cada vez más abierto a la gracia de Dios.

Qué hermoso resulta contemplar a un grupo de adultos que, en medio de la misa parroquial, se pone en pie ante Dios y ante la comunidad para dejarse sostener en un momento tan decisivo. Ahí la Iglesia muestra su verdadero rostro. Vemos que la fe sigue naciendo, que Cristo sigue llamando, que la conversión sigue abierta, que la Pascua sigue siendo una puerta real para nuestro tiempo. Los escrutinios expresan precisamente eso: que llegar a ser cristiano implica dejarse encontrar por la luz, abrir espacio a la verdad y consentir que el Señor toque aquello que aún busca plenitud. Cada catecúmeno aparece ante nosotros como tierra sagrada, como promesa viva, como anuncio de que Dios continúa escribiendo historia santa en corazones concretos.

Durante esos domingos resuenan además los grandes evangelios cuaresmales de san Juan, vinculados al agua viva, a la luz y a la vida. La samaritana, el ciego de nacimiento y Lázaro ofrecen un itinerario de inmensa belleza: Dios sacia la sed más honda, abre los ojos del alma y llama a salir de todo sepulcro interior. Así, el escrutinio adquiere una fuerza inmensa, porque revela que la iniciación cristiana jamás es un simple aprendizaje doctrinal; es una transformación entera, una nueva manera de vivir, de mirar, de amar y de pertenecer a la Iglesia, una preparación interior hacia la vida nueva de la Pascua.

En estos ritos sentimos con especial fuerza que la parroquia se convierte en un cuerpo que engendra, acompaña, bendice y espera. Los escrutinios recuerdan a todos que la Cuaresma es una llamada viva a volver al centro, a dejarnos purificar por el amor de Cristo y a caminar hacia la Pascua con un corazón más despierto. Ellos avanzan hacia el Bautismo. Nosotros renovamos nuestro propio Bautismo desde dentro. Ellos se preparan para recibir la vida nueva. Nosotros descubrimos de nuevo que esa vida sigue brotando en medio de la Iglesia, con una belleza serena, fuerte y profundamente esperanzadora.

Leer Más »

19 de marzo: agradecer también la paternidad espiritual

Hoy, 19 de marzo, la Iglesia se llena de una ternura recia y luminosa, de esas que sostienen la vida desde dentro y dejan huella sin hacer ruido, porque san José aparece siempre así, en la hondura de lo esencial, guardando, cuidando, velando, sosteniendo el hogar de Nazaret con una fidelidad tan humilde que termina revelando una de las verdades más bellas de la existencia humana: hay presencias que engendran vida sin necesidad de imponerse, hay hombres cuya fuerza se manifiesta en la delicadeza con que protegen, acompañan y hacen crecer a quienes el Señor pone en su camino. Por eso esta fiesta toca de un modo tan profundo el corazón de la Iglesia y también nuestra propia historia, porque al celebrar a san José celebramos la vocación del padre, celebramos la autoridad que sirve, la firmeza que abraza, la palabra que orienta, la paciencia que espera los tiempos del otro y esa forma tan alta de amar que sabe ponerse al lado para ayudar a florecer.

En un tiempo que necesita referentes con alma, la figura del padre espiritual adquiere una belleza inmensa. Hablamos de esos hombres que, desde su fe, desde su entrega, desde su manera concreta de estar, llegan a ser amparo, consejo, impulso, casa interior. Hablamos de quienes despiertan confianza, de quienes ofrecen una mirada limpia que ayuda a reconocerse con más verdad, de quienes acompañan procesos, sostienen búsquedas, corrigen con sabiduría y celebran el bien que va naciendo en silencio. La paternidad espiritual posee esa grandeza discreta que tantas veces pasa por gestos sencillos, por palabras oportunas, por una presencia fiel que un día descubrimos como decisiva. Entonces comprendemos que Dios también cuida a través de rostros concretos, y que su providencia suele tomar carne en personas que se convierten, para alguien, en señal de abrigo, de dirección y de esperanza.

Ayer, con motivo del día del padre, le regalaron una flor a un hombre que, como agente de pastoral de la parroquia, ha sido para una persona como un padre, tenía precisamente ese valor hondo que a veces el alma reconoce antes que la mente. Ese gesto decía mucho más de lo que parecía a primera vista. Allí había gratitud, memoria, vínculo, reconocimiento. Allí se estaba poniendo nombre a una verdad fecunda: la vida espiritual también se sostiene gracias a quienes han sabido acompañarla con cariño fiel. Una flor, en ese contexto, deja de ser un detalle amable y se convierte en una confesión silenciosa de gratitud: gracias por sostener, gracias por guiar, gracias por cuidar, gracias por ejercer una paternidad que ha dejado huella. Y eso, en efecto, constituye un verdadero reconocimiento de la paternidad espiritual, porque reconocerla significa agradecer la acción de Dios que ha pasado por esa vida concreta para bendecir la nuestra.

Quizá hoy también nosotros estamos llamados a mirar con más hondura a esas figuras que el Señor ha puesto en nuestro camino. Tal vez un padre, un sacerdote, un agente de pastoral, un catequista, un acompañante, un hombre bueno cuya sola presencia ha abierto espacio para crecer. San José nos enseña que la verdadera grandeza jamás necesita estridencia; le basta con amar de verdad, custodiar con fidelidad y permanecer con el corazón despierto. Hoy puede ser un día precioso para dar gracias por esos hombres que, con sencillez y verdad, han reflejado algo del rostro paterno de Dios. Y al hacerlo, nuestra memoria se vuelve oración, nuestra gratitud se vuelve bendición y nuestro corazón aprende que toda paternidad vivida desde Dios deja siempre un rastro de luz.

Leer Más »

Buscar en la web:



Acepto la Política de Privacidad