Avisos Liturgia

Ideas con un café

“Ideas con un café” nace como un soplo cálido en medio de la rutina, un lugar sencillo donde la fe se abre paso y recuerda que cada amanecer guarda posibilidades inmensas. Cada lunes, mientras el aroma del café despierta los sentidos, una palabra luminosa llega de labios de nuestro párroco, el P. Luis Murillo para despertar el corazón y sostener el ánimo. Es un gesto de Iglesia viva, que sale al encuentro, que se atreve a sembrar esperanza allí donde tantas personas buscan un hilo de luz para comenzar la semana con hondura y valentía.
Este proyecto brota del deseo de misionar hacia fuera, de ser parroquia en misión también en el contimnente digital, de llevar el Evangelio a los rincones donde tal vez nadie se atreve a pronunciarlo. Son mensajes que invitan a crecer, a cuidar la salud interior, a descubrir la fuerza del Espíritu en lo cotidiano. Cada vídeo es un pequeño taller para el alma, un espacio que nos invita a mirarnos con ternura, a abrazar con respeto nuestra historia y a levantar la vista hacia Dios con renovado entusiasmo. El café espabila el cuerpo, estas palabras despiertan la vida, encienden el deseo de amar más y mejor, de aprender a caminar con misericordia hacia nosotros mismos, hacia los hermanos y hacia el Señor.
“Ideas con un café” quiere ser un lugar donde la fe se haga experiencia cercana y respirable, donde cada lunes se transforme en un punto de partida. Allí encontramos consuelo, dirección, un impulso para abrir los ojos a la belleza que se esconde en los gestos más sencillos. Quien escucha percibe que está siendo acompañado, que alguien se sienta a su lado y le recuerda que dentro habita una fuerza capaz de renovar todo cansancio. El Espíritu se hace compañero y maestro, ofreciendo claridad y serenidad para afrontar el trabajo, las relaciones, los retos que esperan fuera.
Cada entrega es también un acto de gratitud: al Señor que inspira, a la comunidad que sostiene y, de modo especial, al P. Luis, que ofrece su tiempo y su palabra para que la Buena Noticia se haga carne en la vida de muchos. Su disponibilidad y cercanía son signo de un pastor que cree en el poder de la Palabra y en la capacidad transformadora de un mensaje compartido con autenticidad.
Queremos que esta aventura llegue lejos, que cruce pantallas y corazones, que cada persona que lo reciba pueda compartirlo, comentarlo, regalarlo a quien necesita aliento. Porque la esperanza se multiplica cuando pasa de mano en mano, cuando alguien decide que el bien recibido no puede quedar guardado.
En el fondo, “Ideas con un café” es una invitación a vivir despiertos, a dejar que la luz de Cristo atraviese los pensamientos y se traduzca en gestos concretos de amor. Es un recordatorio de que el Evangelio está vivo y sigue pronunciándose con voz clara en medio de la historia. Cada lunes nos espera esta cita sencilla y profunda, una oportunidad para dejar que Dios abra horizontes y nos impulse a seguir construyendo un mundo más humano, más alegre, más lleno de fe.
En nuestro canal de YouTube iremos subiendo cada semana un video de ‘Ideas con un café

 

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Asamblea parroquial septiembre 2025

La asamblea con la que hemos inaugurado este nuevo curso parroquial, en la mañana del 27 de septiembre, ha tenido desde el comienzo un hilo conductor que nos sostiene y nos impulsa: la alegría del Evangelio. Esa alegría no se queda en un lema escrito, sino que se ha hecho experiencia desde el primer instante en que nos hemos reunido casi todos los grupos de la parroquia, conscientes de que juntos abrimos un tiempo nuevo en el que queremos dejarnos guiar por el Espíritu y caminar como comunidad viva.

El encuentro se ha abierto con una oración guiada por nuestro párroco, en la que cada grupo ha tenido un espacio para ofrecer lo que es y lo que aporta, y en ese clima de oración se ha dado un momento especialmente simbólico que nos ha ayudado a expresar con sencillez lo que llevamos dentro: cada persona ha escrito en una carita sonriente cómo desea comenzar el curso, y al colocarlas delante del Señor hemos dejado en sus manos nuestra esperanza, nuestros anhelos y la confianza de que es Él quien hace fecundo todo lo que ponemos a sus pies. El gesto ha sido tan simple como profundo, porque en esas sonrisas se reconocía la fe de un pueblo que quiere iniciar el camino con gratitud y con ilusión renovada.

Después de ese tiempo orante hemos compartido un café que la parroquia había preparado con cariño, y allí, alrededor de las mesas, se han cruzado conversaciones, risas y palabras que han sido también parte de la oración. Se notaba la alegría de encontrarnos de nuevo, de reconocernos cercanos y de descubrir en lo cotidiano la belleza de la fraternidad.

Con el corazón dispuesto hemos pasado a la formación, escuchando testimonios que nos recordaban la vocación misionera de la parroquia y recibiendo la riqueza de la carta pastoral de inicio de curso de monseñor José Cobo, junto con el documento sobre el consejo pastoral que ilumina nuestro modo de trabajar y de organizarnos. Cada intervención abría horizontes y nos ayudaba a comprender que la comunidad crece cuando se forma, se escucha y se deja guiar por el Espíritu que inspira caminos de comunión y de servicio.

La asamblea ha tenido también un momento práctico en el que hemos compartido la importancia de la evangelización digital, el calendario del curso y las fechas de formación parroquial. Podría parecer un simple reparto de información, pero en realidad ha sido la confirmación de que cada actividad, cada encuentro y cada compromiso son oportunidades para encarnar la alegría del Evangelio en gestos concretos de comunidad.

Hemos cerrado el encuentro con una última oración que recogía todo lo vivido y lo ponía en manos de Dios, con la certeza de que este curso será un tiempo de gracia si lo caminamos unidos. Al final quedaba la gratitud hacia quienes han preparado cada detalle, hacia quienes han ofrecido su palabra y su testimonio, y sobre todo hacia el Señor, que nos ha regalado comenzar así, con un corazón lleno de esperanza. La asamblea ha sido, en definitiva, un signo claro de lo que queremos ser como Iglesia: un pueblo que ora, que se alegra al compartir, que se forma para crecer y que se organiza para servir mejor, siempre con la alegría del Evangelio como luz y horizonte.

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Semana de la Palabra 2025

La Diócesis de Madrid comienza con gozo un nuevo curso pastoral bajo el signo de la Semana de la Palabra, y nuestra parroquia se une con corazón agradecido a esta invitación que nace del deseo de caminar juntos como comunidad de bautizados, miembros vivos del Cuerpo de Cristo, sostenidos por la gracia del Espíritu y guiados por la voz del Señor que siempre ilumina los pasos de su pueblo.

Bajo el lema «Encontrando el tesoro» (Mt 13, 44-45), el arzobispo nos exhorta a cultivar ese sentido diocesano que nos recuerda que formamos parte de una Iglesia local que peregrina unida, y con esa mirada de comunión acogemos esta propuesta como una ocasión providencial para redescubrir que todo comienza escuchando la Palabra, dejándonos transformar por ella y respondiendo con generosidad al amor de Dios.

Del 21 al 27 de septiembre, la diócesis nos regala un itinerario de oración con la Escritura para que la voz del Señor pueda resonar en el interior de cada persona y de cada comunidad. Se trata de la experiencia de la lectio divina, ese camino sencillo y profundo que va abriendo espacios interiores a través de cuatro momentos en los que la Palabra se convierte en alimento de vida. Todo empieza con la lectura atenta, que nos permite entrar en el texto y reconocer a los personajes y los gestos que lo atraviesan, como quien mira con calma un paisaje. Después llega la meditación, que pone en diálogo esa historia con lo que estamos viviendo hoy para descubrir cómo el Evangelio ilumina nuestra realidad más concreta. La oración brota entonces de un corazón que habla a Dios con libertad, abriendo la boca para agradecer, alabar, pedir ayuda o compartir su confianza, también en voz alta, porque poner palabras a lo que sentimos puede sostener la fe de los demás. Finalmente, la contemplación nos sumerge en el silencio fecundo de la presencia, allí donde solo cuenta mirarle y dejarse mirar, donde el amor basta y el Espíritu Santo hace crecer en nosotros los sentimientos de Cristo.

Este año nos acompaña la figura de san Jerónimo, patrono de quienes se consagran al estudio de la Escritura, y el lema que nos guía es Encontrando el tesoro. El Evangelio nos muestra que el Reino de Dios es como una perla preciosa o un tesoro escondido, y quien lo descubre se alegra hasta el punto de ofrecerlo todo por él. Esa alegría es la que queremos custodiar durante esta semana, tanto en la oración personal como en la liturgia, en los encuentros con niños que también recibirán materiales adaptados a su edad para aprender a orar con la Palabra, y en las celebraciones comunitarias donde la solemnidad de los signos hará visible que es el mismo Señor quien nos habla y convoca.

Que esta Semana de la Palabra sea para todos nosotros un inicio fecundo, que nos ayude a volver a lo esencial y a hacer de la Palabra nuestro verdadero tesoro, porque desde ella brotará la alegría de sentirse Iglesia unida, enviada y sostenida por la comunión.

Materiales para la Semana de la Palabra

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Jornada de ayuno y oración por la paz

El Papa León XIV ha convocado para este viernes 22 de agosto, memoria litúrgica de Santa María Reina, una jornada de ayuno y oración por la paz. La fecha no es casual, porque la Virgen es invocada como Reina de la Paz y Madre de todos los creyentes, y en ella se concentran las lágrimas y los anhelos de un mundo herido por tantas guerras. En el Aula Pablo VI, durante la audiencia general, el Santo Padre recordó que la verdadera fuerza del creyente nace en el corazón que ora y que se entrega, porque la oración abre caminos donde la violencia levanta muros, y el ayuno purifica las intenciones para que la súplica sea auténtica. León XIV invitó a cada fiel a unirse a esta llamada universal, pidiendo al Señor que conceda paz y justicia, que sostenga a los que sufren en Ucrania, en Tierra Santa y en tantas regiones golpeadas por la guerra, y que se enjugue cada lágrima como signo de consuelo.

En la catequesis, el Papa profundizó además en el arte del perdón, recordando que solo quien perdona abre la puerta a la paz, porque el perdón libera, sana y evita que el mal se multiplique en cadenas de resentimiento. Con palabras dirigidas a peregrinos de diversas lenguas, insistió en que esa gracia es requisito para toda convivencia duradera, tanto entre pueblos como en las familias, y pidió incluir en las oraciones la súplica por una paz desarmada, fruto de corazones reconciliados.

Este 22 de agosto, la Iglesia entera está invitada a detenerse, a transformar una jornada ordinaria en un altar interior de intercesión, y a dejar que la Virgen María, Reina de la Paz, nos enseñe a mirar el mundo con esperanza. Será un día para unir ayuno y oración como ofrenda sencilla y poderosa, uniendo las manos en el clamor de toda la humanidad que busca consuelo y encuentra en Dios la certeza de un horizonte nuevo.

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La Iglesia en España

La Iglesia en España es una comunidad de hombres y mujeres que, con sus dones y su vida, responden a la llamada de Jesús. En cada diócesis, en cada parroquia, en cada obra de servicio late el mismo deseo: anunciar el Evangelio, celebrar la fe y ayudar a quienes más lo necesitan. Lo que aquí compartimos son rostros, historias y realidades que muestran cómo la esperanza se hace visible y cómo el amor de Dios se encarna en obras concretas.

ANUNCIAMOS
En toda España, la Iglesia sigue siendo voz viva que proclama la Buena Noticia de Jesús. Setenta diócesis, 22.921 parroquias y una gran familia formada por 119 obispos, 15.285 sacerdotes, 587 diáconos permanentes, 7.791 religiosos, 24.740 religiosas y 7.664 monjes y monjas de clausura ponen su vida al servicio del Evangelio. Más de 81.000 catequistas y un millón de laicos comprometidos anuncian a Cristo en colegios, universidades, grupos parroquiales, cofradías y familias en misión. La llamada de Jesús se extiende más allá de nuestras fronteras gracias a 9.932 misioneros presentes en 135 países, llevando esperanza allí donde más se necesita. Cada anuncio es un testimonio vivo de que la fe se comparte con obras y con palabras que nacen del corazón.

CELEBRAMOS
Nuestra fe es celebración de la presencia de Dios en medio de su pueblo. En el último año, 152.426 personas recibieron el bautismo, 162.580 celebraron su primera comunión, 107.153 fueron confirmadas y 33.500 parejas unieron sus vidas en matrimonio. También 26.120 enfermos recibieron la unción que reconforta y fortalece. La Eucaristía, celebrada a diario en nuestras parroquias, es el centro que nos une y envía. La tradición se hace camino en las grandes peregrinaciones, como el Camino de Santiago con más de 446.000 peregrinos, y en las fiestas que llenan de fe y belleza nuestras calles, desde las procesiones de Semana Santa hasta las festividades patronales. Cada sacramento y cada celebración es un encuentro real con Cristo que transforma la vida y renueva la esperanza.

AYUDAMOS
La caridad es la huella visible del amor de Dios. La Iglesia en España acompaña a 3.865.437 personas a través de 8.888 centros sociales y asistenciales: hospitales, residencias, comedores, programas de empleo, atención a migrantes, apoyo a la infancia y cuidado de quienes viven en soledad. Cáritas moviliza 71.437 voluntarios que atienden a 1.327.298 personas y Manos Unidas suma 6.498 voluntarios que llegan a 1.222.835 beneficiarios. La ayuda es también promoción de la dignidad: educación para 1.498.182 alumnos en 2.536 centros católicos, 36.686 profesores de religión acompañando a casi tres millones de estudiantes y 17 universidades de inspiración cristiana con más de 148.000 alumnos. Cada gesto de servicio, cada hora de voluntariado, cada recurso invertido es una puerta abierta para que el amor de Cristo llegue a todos, especialmente a los más vulnerables.

Esta es la Iglesia que somos: una comunidad que anuncia con alegría, celebra con gratitud y ayuda con ternura. Cada cifra cuenta una historia, cada nombre refleja un rostro, cada gesto es un eco del Evangelio. Todos formamos parte de esta misión, y todos somos llamados a seguir escribiendo, juntos, la página viva del amor de Dios en nuestro tiempo.

Puedes descargarte el resumen gráfico de la acción de la Iglesia Católica en España

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Santiago camina con nosotros (Fiestas 2025)

Cada año, al llegar estas fechas, la parroquia se transforma en hogar de fiesta, en tierra sagrada que se abre para acoger a su patrón, Santiago Apóstol, testigo de fuego y caminante del Evangelio. Celebramos una presencia viva que sigue animando nuestra fe, que sigue empujándonos a caminar con hondura, con coraje, con esperanza.

Así el pasado 22 de julio, al despuntar la tarde, los rostros se reunían en torno a la imagen del Apóstol en su ermita. Allí empezó el primer paso visible de este encuentro: el traslado de Santiago hasta nuestro templo parroquial. Una procesión que no solo trasladaba la imagen, sino que encendía corazones, unía generaciones y recordaba a todo el pueblo que hay caminos que andar juntos, con gratitud, con memoria. Con cantos y oraciones, su imagen recorría nuestras calles, y su caminar sencillo, apoyado en la devoción de nuestro pueblo, transmitía la fuerza de la imagen de un pueblo que se reconoce en él una raíz firme: una señal que orienta. Un compañero que anima.

Durante los días siguientes, del 22 al 24, el templo se llenaba de encuentro silencioso y palabra compartida. Tres jornadas de triduo como si fueran tres etapas del alma. Donde fuimos invitados a mirar hacia dentro. A escuchar la voz de Dios que sigue llamado como un susurro firme. El primer día, de la mano de D. Luis Murillo, nos acercábamos a contemplar la fe que nace del encuentro. El segundo, con D. Óscar Tineo, abríamos nuestro corazón a la llamada del seguimiento. Y el tercero, con D. Apolinar del Corral, reconocíamos en Santiago a aquel que se deja decretar para anunciar con la vida. En cada celebración, la Cofradía de Santiago ofrecía su gesto: presencia. Fidelidad discreta. Oferta humilde de servicio que sostiene y embellece la vida parroquial.

El día 25, solemnidad del Apóstol, nos reunimos en comunidad para dar gracias. La Eucaristía la presidió Mons. D. Vicente Martín Muñoz, obispo auxiliar de Madrid, siendo concelebrada por varios sacerdotes. Todo en esa celebración respiraba unidad: la preparación cuidada por el equipo de liturgia. La participación compartida con los diferentes grupos parrroquiales… Los cantos de corazón del coro… Los símbolos que hablaban al alma. Fue una misa para recordar no por su grandiosidad externa, sino por su hondura compartida: por la certeza de sabernos parte de algo más grande, de algo mayor, de altar que permanece. Antes de la bendición final, las cofradías, casas regionales y peñas se acercaban al santo para ofrecerle el tradicional presente como signo de acción de gracias. En cada ofrenda se entrelazaba la devoción y la identidad, la historia de cada grupo y el deseo de que la fe sea signo que une, que dignifica, que enriquece.

Después, la procesión recorría algunas calles del municipio, llevando la imagen del Apóstol entre aplausos, oraciones, emociones contenidas…. Y finalmente llegaba el momento de la acogida: con el mismo mimo con que todo empezó, el Apóstol era recogido en su ermita.

Hoy, desde el silencio que sigue a la fiesta, reconocemos que Santiago no solo ha sido celebrado, ha sido acogido, ha caminado con nosotros, ha estado entre su gente. Y nosotros, una vez más, hemos sido sostenidos por su intercesión, alentados por su ejemplo.

Que la fiesta no se quede en los días que ya pasaron, que siga latiendo en nuestras decisiones, en nuestras palabras, en nuestro mirar y vivir la fe. Porque cuando un pueblo celebra con verdad, no clausura una fiesta, enciende una promesa. Cristo nos envía. Santiago nos guía. El camino sigue.

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Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores

El 27 de julio de 2025, la Iglesia se detiene para celebrar la V Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, un día que ya ha echado raíces en la vida de muchas comunidades y que este año se abre con la voz serena del papa León XIV, quien ofrece por primera vez su palabra en esta ocasión. El mensaje, enmarcado en el Año Jubilar de la Esperanza, se deja guiar por un versículo que no describe una emoción, sino que revela una forma de habitar la vida: “Feliz el que no ve desvanecerse su esperanza.” Esta esperanza no surge de un instante, ni depende del resultado. Crece desde dentro, se cultiva en lo escondido, se fortalece en el paso del tiempo y se reconoce en quienes han vivido mucho y aún sostienen. Hay una hondura que no necesita explicarse, porque se manifiesta en gestos pequeños, en la manera de cuidar lo cotidiano, en la presencia fiel que ha aprendido a acompañar sin invadir, a callar sin rendirse, a dar sin esperar aplauso.

Muchos mayores han tejido su historia en silencio, con manos que han trabajado, con palabras que han consolado, con oraciones que han sostenido lo invisible. Sus vidas han sido semilla, raíz, cimiento. En sus rostros se refleja una luz que no proviene del entusiasmo, sino de la constancia. Han esperado con paz, han amado con perseverancia, han creído incluso en medio de pérdidas y despojos. Esa forma de vivir no se improvisa. Es fruto de una sabiduría encarnada, de una fe que ha atravesado muchas estaciones, de una mirada que ya ha aprendido a distinguir lo verdadero. Cada uno, desde su lugar, continúa entregando lo esencial: tiempo, ternura, memoria, bendición.

Esta Jornada invita a volver hacia ellos con sencillez y con verdad. A permanecer junto a quienes han permanecido. A escuchar sin corregir. A reconocer en cada persona mayor una presencia que sigue generando sentido. El Jubileo de la Esperanza nos recuerda que el encuentro transforma cuando se da sin prisa, cuando brota del deseo de compartir lo profundo. En la visita a un anciano, en la conversación que recupera una historia, en la mano que se ofrece sin plan previo, hay un resplandor que nace del Evangelio vivido. En ese espacio compartido, se revelan muchas veces respuestas que no llegan por vía intelectual, sino desde una relación que ha aprendido a mirar sin pedir explicaciones.

La esperanza que celebramos no es abstracta ni teórica, tiene nombre, tiene cuerpo, tiene arrugas y temblores, tiene silencios largos y pasos lentos, tiene una forma de amar que se ha purificado con los años y ahora irradia desde la sencillez. Por eso la Iglesia se acerca, no para recordar lo que fue, sino para acoger lo que sigue siendo fecundo. Cada persona mayor que vive desde el amor deja una herencia viva. No se entrega como quien finaliza una etapa, sino como quien sigue generando vida desde un lugar más profundo. Celebrar esta Jornada es dejarse alcanzar por esa herencia, recibirla sin miedo, y aprender, por fin, a vivir más despacio, más despiertos, más humanos.

Os compartimos algunos materiales para la V Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores:

 

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