Avisos

Esta semana os recordamos..

A partir del 01 de septiembre han entrado en vigor los horarios parroquiales de otoño-invierno: Misas días laborables, de lunes a sábado: 09:30 y 19:00 horas. Misas domingos y festivos: 11:00 / 12:00 / 13:00 y 19:00 horas. ATENCIÓN: Los domingos y festivos se suprime la misa de las 10:00 h. Despacho parroquial: lunes, miércoles y viernes de 19:30 a 20:30 h.

Inscripciones a catequesis del curso 25-26 (primera comunión, postcomunión, confirmación y catequesis de adultos): del 16 al 29 septiembre de 17:30 a 19:30 h en despachos parroquiales.

Con motivo del Jubileo peregrinos de la Esperanza, nuestra parroquia junto con parroquia de El Enebral, Villalba Pueblo, haremos una peregrinación a la catedral el sábado 11 de Octubre por la mañana. Los interesados pueden anotarse en la sacristía, iremos y regresaremos en autocar.

 

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Carta pastoral del cardenal Cobo al inicio del curso 2025-2026

La Iglesia de Madrid emprende un nuevo curso pastoral con el corazón abierto a la acción de Dios en medio de su pueblo. La carta pastoral de inicio de curso de nuestro arzobispo, el cardenal José Cobo, nace para acompañar lo que ya palpita en la vida de tantas comunidades y en las historias sencillas de quienes, desde lo cotidiano, sostienen la esperanza, se entregan a procesos de crecimiento y cuidan la vida con fidelidad perseverante; se trata de una palabra que acompaña desde dentro.

En sus páginas resuena la invitación a caminar con esperanza renovada tras el Jubileo, fijando las prioridades que orientarán el año pastoral. La carta se convierte en un gesto de comunión, en una palabra compartida, que surge de la escucha y se ofrece como impulso para seguir avanzando en unidad.

El texto señala varias claves que emergen del discernimiento y de la realidad concreta de la diócesis: la implantación del catecumenado de adultos como camino de maduración en la fe; la formación integral del laicado como pilar que fortalece la corresponsabilidad y la misión bautismal; la preparación de la Asamblea Presbiteral como ejercicio de comunión y escucha; el impulso de la pastoral juvenil y vocacional en el horizonte de la próxima beatificación de los seminaristas mártires; y la reorganización territorial de la archidiócesis como signo de cercanía y servicio. Con todas ellas se dibuja una mirada pastoral que busca encarnarse en lo concreto, sostenida siempre por la esperanza.

La carta invita a respirar con calma, a discernir con hondura y a cuidar los brotes que el Espíritu hace surgir en la vida diaria. Cada comunidad es llamada a reconocer los dones que ya posee, a valorarlos y a ponerlos al servicio de la misión común. En esa hondura donde el Evangelio se hace carne en lo sencillo, en lo oculto y en lo cotidiano, se cultiva la verdadera fecundidad eclesial.

Este curso pastoral se abre con un espíritu de confianza: cada parroquia, cada comunidad y cada vocación encuentra en estas palabras un respiro y una llamada a seguir caminando juntos, con los ojos atentos, con el corazón disponible y con la certeza de que la Esperanza se hace visible allí donde el pueblo de Dios vive unido, compartiendo la fe y sirviendo con alegría.

Puedes leer aquí íntegra la Carta Pastoral para el inicio del curso

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Y tú, ¿de qué vive tu corazón?

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día: Y tú, ¿de qué vive tu corazón?

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Volver con alma: cuando la rutina se convierte en oportunidad

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día: Volver con alma: cuando la rutina se convierte en oportunidad

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Jornada de ayuno y oración por la paz

El Papa León XIV ha convocado para este viernes 22 de agosto, memoria litúrgica de Santa María Reina, una jornada de ayuno y oración por la paz. La fecha no es casual, porque la Virgen es invocada como Reina de la Paz y Madre de todos los creyentes, y en ella se concentran las lágrimas y los anhelos de un mundo herido por tantas guerras. En el Aula Pablo VI, durante la audiencia general, el Santo Padre recordó que la verdadera fuerza del creyente nace en el corazón que ora y que se entrega, porque la oración abre caminos donde la violencia levanta muros, y el ayuno purifica las intenciones para que la súplica sea auténtica. León XIV invitó a cada fiel a unirse a esta llamada universal, pidiendo al Señor que conceda paz y justicia, que sostenga a los que sufren en Ucrania, en Tierra Santa y en tantas regiones golpeadas por la guerra, y que se enjugue cada lágrima como signo de consuelo.

En la catequesis, el Papa profundizó además en el arte del perdón, recordando que solo quien perdona abre la puerta a la paz, porque el perdón libera, sana y evita que el mal se multiplique en cadenas de resentimiento. Con palabras dirigidas a peregrinos de diversas lenguas, insistió en que esa gracia es requisito para toda convivencia duradera, tanto entre pueblos como en las familias, y pidió incluir en las oraciones la súplica por una paz desarmada, fruto de corazones reconciliados.

Este 22 de agosto, la Iglesia entera está invitada a detenerse, a transformar una jornada ordinaria en un altar interior de intercesión, y a dejar que la Virgen María, Reina de la Paz, nos enseñe a mirar el mundo con esperanza. Será un día para unir ayuno y oración como ofrenda sencilla y poderosa, uniendo las manos en el clamor de toda la humanidad que busca consuelo y encuentra en Dios la certeza de un horizonte nuevo.

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La Iglesia en España

La Iglesia en España es una comunidad de hombres y mujeres que, con sus dones y su vida, responden a la llamada de Jesús. En cada diócesis, en cada parroquia, en cada obra de servicio late el mismo deseo: anunciar el Evangelio, celebrar la fe y ayudar a quienes más lo necesitan. Lo que aquí compartimos son rostros, historias y realidades que muestran cómo la esperanza se hace visible y cómo el amor de Dios se encarna en obras concretas.

ANUNCIAMOS
En toda España, la Iglesia sigue siendo voz viva que proclama la Buena Noticia de Jesús. Setenta diócesis, 22.921 parroquias y una gran familia formada por 119 obispos, 15.285 sacerdotes, 587 diáconos permanentes, 7.791 religiosos, 24.740 religiosas y 7.664 monjes y monjas de clausura ponen su vida al servicio del Evangelio. Más de 81.000 catequistas y un millón de laicos comprometidos anuncian a Cristo en colegios, universidades, grupos parroquiales, cofradías y familias en misión. La llamada de Jesús se extiende más allá de nuestras fronteras gracias a 9.932 misioneros presentes en 135 países, llevando esperanza allí donde más se necesita. Cada anuncio es un testimonio vivo de que la fe se comparte con obras y con palabras que nacen del corazón.

CELEBRAMOS
Nuestra fe es celebración de la presencia de Dios en medio de su pueblo. En el último año, 152.426 personas recibieron el bautismo, 162.580 celebraron su primera comunión, 107.153 fueron confirmadas y 33.500 parejas unieron sus vidas en matrimonio. También 26.120 enfermos recibieron la unción que reconforta y fortalece. La Eucaristía, celebrada a diario en nuestras parroquias, es el centro que nos une y envía. La tradición se hace camino en las grandes peregrinaciones, como el Camino de Santiago con más de 446.000 peregrinos, y en las fiestas que llenan de fe y belleza nuestras calles, desde las procesiones de Semana Santa hasta las festividades patronales. Cada sacramento y cada celebración es un encuentro real con Cristo que transforma la vida y renueva la esperanza.

AYUDAMOS
La caridad es la huella visible del amor de Dios. La Iglesia en España acompaña a 3.865.437 personas a través de 8.888 centros sociales y asistenciales: hospitales, residencias, comedores, programas de empleo, atención a migrantes, apoyo a la infancia y cuidado de quienes viven en soledad. Cáritas moviliza 71.437 voluntarios que atienden a 1.327.298 personas y Manos Unidas suma 6.498 voluntarios que llegan a 1.222.835 beneficiarios. La ayuda es también promoción de la dignidad: educación para 1.498.182 alumnos en 2.536 centros católicos, 36.686 profesores de religión acompañando a casi tres millones de estudiantes y 17 universidades de inspiración cristiana con más de 148.000 alumnos. Cada gesto de servicio, cada hora de voluntariado, cada recurso invertido es una puerta abierta para que el amor de Cristo llegue a todos, especialmente a los más vulnerables.

Esta es la Iglesia que somos: una comunidad que anuncia con alegría, celebra con gratitud y ayuda con ternura. Cada cifra cuenta una historia, cada nombre refleja un rostro, cada gesto es un eco del Evangelio. Todos formamos parte de esta misión, y todos somos llamados a seguir escribiendo, juntos, la página viva del amor de Dios en nuestro tiempo.

Puedes descargarte el resumen gráfico de la acción de la Iglesia Católica en España

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Santiago camina con nosotros (Fiestas 2025)

Cada año, al llegar estas fechas, la parroquia se transforma en hogar de fiesta, en tierra sagrada que se abre para acoger a su patrón, Santiago Apóstol, testigo de fuego y caminante del Evangelio. Celebramos una presencia viva que sigue animando nuestra fe, que sigue empujándonos a caminar con hondura, con coraje, con esperanza.

Así el pasado 22 de julio, al despuntar la tarde, los rostros se reunían en torno a la imagen del Apóstol en su ermita. Allí empezó el primer paso visible de este encuentro: el traslado de Santiago hasta nuestro templo parroquial. Una procesión que no solo trasladaba la imagen, sino que encendía corazones, unía generaciones y recordaba a todo el pueblo que hay caminos que andar juntos, con gratitud, con memoria. Con cantos y oraciones, su imagen recorría nuestras calles, y su caminar sencillo, apoyado en la devoción de nuestro pueblo, transmitía la fuerza de la imagen de un pueblo que se reconoce en él una raíz firme: una señal que orienta. Un compañero que anima.

Durante los días siguientes, del 22 al 24, el templo se llenaba de encuentro silencioso y palabra compartida. Tres jornadas de triduo como si fueran tres etapas del alma. Donde fuimos invitados a mirar hacia dentro. A escuchar la voz de Dios que sigue llamado como un susurro firme. El primer día, de la mano de D. Luis Murillo, nos acercábamos a contemplar la fe que nace del encuentro. El segundo, con D. Óscar Tineo, abríamos nuestro corazón a la llamada del seguimiento. Y el tercero, con D. Apolinar del Corral, reconocíamos en Santiago a aquel que se deja decretar para anunciar con la vida. En cada celebración, la Cofradía de Santiago ofrecía su gesto: presencia. Fidelidad discreta. Oferta humilde de servicio que sostiene y embellece la vida parroquial.

El día 25, solemnidad del Apóstol, nos reunimos en comunidad para dar gracias. La Eucaristía la presidió Mons. D. Vicente Martín Muñoz, obispo auxiliar de Madrid, siendo concelebrada por varios sacerdotes. Todo en esa celebración respiraba unidad: la preparación cuidada por el equipo de liturgia. La participación compartida con los diferentes grupos parrroquiales… Los cantos de corazón del coro… Los símbolos que hablaban al alma. Fue una misa para recordar no por su grandiosidad externa, sino por su hondura compartida: por la certeza de sabernos parte de algo más grande, de algo mayor, de altar que permanece. Antes de la bendición final, las cofradías, casas regionales y peñas se acercaban al santo para ofrecerle el tradicional presente como signo de acción de gracias. En cada ofrenda se entrelazaba la devoción y la identidad, la historia de cada grupo y el deseo de que la fe sea signo que une, que dignifica, que enriquece.

Después, la procesión recorría algunas calles del municipio, llevando la imagen del Apóstol entre aplausos, oraciones, emociones contenidas…. Y finalmente llegaba el momento de la acogida: con el mismo mimo con que todo empezó, el Apóstol era recogido en su ermita.

Hoy, desde el silencio que sigue a la fiesta, reconocemos que Santiago no solo ha sido celebrado, ha sido acogido, ha caminado con nosotros, ha estado entre su gente. Y nosotros, una vez más, hemos sido sostenidos por su intercesión, alentados por su ejemplo.

Que la fiesta no se quede en los días que ya pasaron, que siga latiendo en nuestras decisiones, en nuestras palabras, en nuestro mirar y vivir la fe. Porque cuando un pueblo celebra con verdad, no clausura una fiesta, enciende una promesa. Cristo nos envía. Santiago nos guía. El camino sigue.

Podéis ver algunas fotos en nuestro Flickr:

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Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores

El 27 de julio de 2025, la Iglesia se detiene para celebrar la V Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, un día que ya ha echado raíces en la vida de muchas comunidades y que este año se abre con la voz serena del papa León XIV, quien ofrece por primera vez su palabra en esta ocasión. El mensaje, enmarcado en el Año Jubilar de la Esperanza, se deja guiar por un versículo que no describe una emoción, sino que revela una forma de habitar la vida: “Feliz el que no ve desvanecerse su esperanza.” Esta esperanza no surge de un instante, ni depende del resultado. Crece desde dentro, se cultiva en lo escondido, se fortalece en el paso del tiempo y se reconoce en quienes han vivido mucho y aún sostienen. Hay una hondura que no necesita explicarse, porque se manifiesta en gestos pequeños, en la manera de cuidar lo cotidiano, en la presencia fiel que ha aprendido a acompañar sin invadir, a callar sin rendirse, a dar sin esperar aplauso.

Muchos mayores han tejido su historia en silencio, con manos que han trabajado, con palabras que han consolado, con oraciones que han sostenido lo invisible. Sus vidas han sido semilla, raíz, cimiento. En sus rostros se refleja una luz que no proviene del entusiasmo, sino de la constancia. Han esperado con paz, han amado con perseverancia, han creído incluso en medio de pérdidas y despojos. Esa forma de vivir no se improvisa. Es fruto de una sabiduría encarnada, de una fe que ha atravesado muchas estaciones, de una mirada que ya ha aprendido a distinguir lo verdadero. Cada uno, desde su lugar, continúa entregando lo esencial: tiempo, ternura, memoria, bendición.

Esta Jornada invita a volver hacia ellos con sencillez y con verdad. A permanecer junto a quienes han permanecido. A escuchar sin corregir. A reconocer en cada persona mayor una presencia que sigue generando sentido. El Jubileo de la Esperanza nos recuerda que el encuentro transforma cuando se da sin prisa, cuando brota del deseo de compartir lo profundo. En la visita a un anciano, en la conversación que recupera una historia, en la mano que se ofrece sin plan previo, hay un resplandor que nace del Evangelio vivido. En ese espacio compartido, se revelan muchas veces respuestas que no llegan por vía intelectual, sino desde una relación que ha aprendido a mirar sin pedir explicaciones.

La esperanza que celebramos no es abstracta ni teórica, tiene nombre, tiene cuerpo, tiene arrugas y temblores, tiene silencios largos y pasos lentos, tiene una forma de amar que se ha purificado con los años y ahora irradia desde la sencillez. Por eso la Iglesia se acerca, no para recordar lo que fue, sino para acoger lo que sigue siendo fecundo. Cada persona mayor que vive desde el amor deja una herencia viva. No se entrega como quien finaliza una etapa, sino como quien sigue generando vida desde un lugar más profundo. Celebrar esta Jornada es dejarse alcanzar por esa herencia, recibirla sin miedo, y aprender, por fin, a vivir más despacio, más despiertos, más humanos.

Os compartimos algunos materiales para la V Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores:

 

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