Ha pasado

Retiro – Grupo Renovación Carismática

Bajo el lema “Y cayendo de rodillas le adoraron”, el Grupo Renovación Carismática ‘Santísima Trinidad’ vivió el sábado 24 de enero un retiro espiritual en nuestra parroquia, en una jornada marcada por la alabanza, la fraternidad y la presencia del Señor. En este encuentro, el grupo celebró también con gratitud sus seis años de vida, un camino recorrido por la gracia de Dios y sostenido en comunidad.

El retiro comenzó a las 10:00 h. con un tiempo de acogida y alegría compartida, recibiendo a los hermanos que participaron en el retiro, y dando paso a la alabanza como expresión viva de un corazón que busca a Dios y se abre a su acción.

A lo largo del día se ofrecieron dos enseñanzas impartidas por Carolina, enlace con la Coordinadora Nacional. En la primera, los participantes fueron invitados a profundizar en la verdad esencial de la fe: somos hijos amados de Dios, llamados a la libertad interior, destinados a la vida plena que Él prepara para los suyos. En la segunda enseñanza, se animó a vivir un compromiso concreto con Dios, con los hermanos y con la propia vocación, recordando que los dones recibidos alcanzan su sentido cuando se entregan al servicio de los demás.

El retiro incluyó la celebración de la Eucaristía, en la que se renovaron las promesas bautismales, y un tiempo especialmente intenso de adoración ante el Santísimo Sacramento expuesto, donde muchos pudieron experimentar de nuevo la Efusión del Espíritu Santo como gracia renovadora.

La jornada concluyó en un clima fraterno, compartiendo la comida y celebrando con sencillez estos seis años de vida del grupo, con una tarta conmemorativa como signo de gratitud y alegría.

Damos gracias a Dios por el camino de este grupo en nuestra parroquia y por los frutos espirituales que el Señor sigue despertando en su Iglesia.

 

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La Candelaria 2026

El sábado 31 de enero, la Hermandad del Rocío de Collado Villalba celebró la tradicional Candelaria, fiesta de la luz y presentación de Jesús en el templo.

Por ello, iniciábamos la tarde con una procesión desde la casa Hermandad hasta la parroquia. Caminábamos sosteniendo velas aún apagadas, sabiendo que la luz verdadera siempre llega cuando el corazón se dispone, y en ese caminar se despertaba una certeza antigua y siempre nueva, la de un pueblo que avanza unido porque ha aprendido a reconocerse en la fe vivida, encarnada, celebrada con los pies y con el alma.

La Candelaria nos envolvió como un relato que sigue escribiéndose en cada generación, fiesta de la luz que irrumpe en lo cotidiano, memoria viva de aquel día en que María y José llevaron a Jesús al templo y ofrecieron su vida como quien entrega lo más valioso, confiando en una promesa que desborda todo cálculo.

En la Eucaristía, nuestras velas fueron bendecidas por el párroco y la luz encendida pasó de mano en mano como un latido compartido, recordándonos que Cristo se deja reconocer en lo pequeño, en lo que arde despacio, en lo que alumbra sin ruido y transforma desde dentro.

Bajo el manto de la Virgen, los niños bautizados durante el año pasado y todos los que nos acompañaron atravesaron ese espacio sagrado que abraza y protege, imagen viva de una Iglesia que cuida, que acoge, que confía en la semilla que crece incluso cuando apenas se percibe. En ese gesto se concentraba una catequesis entera, la fe como herencia viva, la comunidad como hogar, la Virgen como madre que cubre y entrega, que conduce hacia su Hijo y enseña a vivir con el corazón despierto.

Salimos de la celebración con las manos calientes y la mirada encendida, sabiendo que la luz recibida pide camino, presencia, compromiso compartido. Celebrar la Candelaria se convirtió en un envío sereno y firme, una invitación a alumbrar la vida diaria con gestos que sostienen, palabras que reconcilian y una esperanza que se hace carne en comunidad. Caminamos juntos porque la luz se fortalece cuando se comparte, y en ese nosotros creyente descubrimos que la fe vivida con sencillez se vuelve anuncio, hogar y promesa para todos.

 

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No todo lo urgente es importante

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

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La vocación no se elige: se escucha

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

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En tu casa también se aprende a amar

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

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Empezar bien no es hacerlo todo, es hacerlo con Dios

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

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Cuando buscas la estrella, encuentras al Niño

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

Cuando buscas la estrella, encuentras al Niño

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Un año entregado en presencia del Señor

El 31 de diciembre, la comunidad parroquial nos hemos acercado al final del año como quien entra descalzo en tierra sagrada, despacio, con el corazón despierto y la vida entera a la vista. Nos reunimos ante el Santísimo para dejar que la luz del Señor ilumine el camino recorrido, los gestos compartidos y esos silencios que también han tenido voz. En esa presencia que sostiene y envuelve, vivimos un encuentro hondo y verdadero, una pausa habitada que permitió reconocer que cada paso dado guarda un sentido mayor cuando se presenta ante Dios con humildad y confianza. Este momento de oración se convirtió en umbral y descanso, en el cierre sereno de un Año Jubilar que ha atravesado a la comunidad como una llamada a la misión parroquial, a la conversión del corazón, a la reconciliación profunda y a una esperanza encarnada en lo cotidiano.

El inicio llegó con la petición de perdón, pronunciada desde un deseo sincero de vivir con el corazón unificado, en paz por dentro y por fuera. Dejamos que la misericordia de Dios ordenara aquello que a veces aparece disperso en la vida personal y comunitaria. Fue un gesto sencillo y valiente, nacido de la verdad compartida, como quien confía su historia a Aquel que la conoce entera, la acoge con ternura y la recrea con amor. Desde ahí brotó el agradecimiento, de manera natural y profunda, casi como una respiración del alma. Al mirar el año con los ojos de Dios, reconocimos la vida que ha florecido, las presencias fieles que han sostenido el camino y las semillas que germinaron incluso en terrenos cansados. Dar gracias fue reconocer la presencia de Dios en cada fragilidad, en cada esfuerzo, en la entrega callada de tantos corazones que hacen posible la vida comunitaria.

El momento más intenso llegó al poner en manos del Señor la vida que se abre ante nosotros en el 2026. Lo hicimos desde una confianza serena, dejando que la esperanza tomara forma concreta. Cada proyecto, cada deseo profundo, cada inquietud fue ofrecida como ofrenda viva, con la certeza de que Dios cuida lo que se le confía y guía los pasos de quienes caminan sostenidos por Él. El padre Adrián acompañó este tiempo con palabras cercanas y oración profunda, ayudándonos a entrar en ese espacio interior donde Dios habla al corazón y lo ensancha. Su presencia fue un regalo que sostuvo el ritmo de la oración y condujo hacia la bendición final, recibida como envío y como impulso suave para comenzar el nuevo año con el alma en paz y la mirada abierta.

Este cierre orante ha sido un regalo para la comunidad, una experiencia vivida desde dentro que recuerda que la fe se celebra, se agradece y se confía. Entramos en el 2026 con el corazón habitado por la bendición recibida, con la certeza de que caminar juntos y ponernos en manos de Dios transforma el tiempo en gracia y la vida en promesa que se despliega.

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Mensaje de Año nuevo 2026

Queridos hermanos:

Compartir el tiempo y el espacio es una Gracia, que nos lleva a ciclos vitales que terminan e inician. Terminamos un año lleno de bendiciones para los ojos que supieron ver obra de Dios en todo lo que aconteció en nuestras vidas y nuestra sociedad “todo sucede para bien de los que aman al Señor” (Rm 8, 8)

Este año 2026, es una oportunidad, un Kairós, un tiempo de Gracia para continuar alabando a Dios con nuestras obras. No basta solo con celebrar y tomarse las uvas, es necesario un corazón abierto a lo nuevo, a lo que Dios nos regale.

Hoy quiero pedir en especial por las familias, por la unidad entre sus miembros, por aquellos que están recién llegados a nuestro país en busca de oportunidades, para que sean acogidos. Por los enfermos que sean atendidos con dignidad y se mitigue su dolor. Por todos aquellos que aún no encuentran trabajo, que llegar a fin de mes se hace difícil.

Fin de año, es un momento para cerrar los ojos, contactar con el corazón y dar gracias, un momento de pedir bendiciones. Se abre una nueva etapa en nuestras vidas, que de igual manera se abran nuestros corazones, como nos abrió a la esperanza este Jubileo que ahora terminamos.

Doy gracias por los hogares visitados durante la misión parroquial, por quienes abrieron sus casas para recibir la Palabra, que Dios obre en ellos y sus familias. Doy gracias por los misioneros quienes entregaron su tiempo y dedicación a compartir la fe.

Cada uno de nosotros, tenemos una misión especial, insustituible, como agentes de pastoral en los diferentes grupos, construyamos una parroquia unida, misionera, que reverencia el Misterio de Dios en medio de nosotros.  Nunca perdamos de vista que es Jesucristo quien nos convoca en cada actividad que preparamos.

Un comienzo, una fecha, un calendario, marca metas ya trazadas, aun así, dispongámonos a que «el Espíritu sople donde quiera y como quiera» (Jn 3, 8)

¡Que tengáis todos un Feliz Año Nuevo 2026!

Luis Murillo Madrigal

Párroco

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