Ha pasado

Mini-Caminata Cofradía de Santiago y Postcomunión

El sábado 28 de febrero nos regaló una mañana luminosa, de esas que invitan a salir y ponerse en camino. Era el día de la Mini-Caminata que la Cofradía habíamos organizado con los Grupos de Postcomunión. Queríamos que fuera un primer encuentro sencillo: presentarnos, explicar qué es la Cofradía, acercarles al patrón de Villalba y de España, el Apóstol Santiago, y recorrer algunos rincones significativos de nuestro pueblo.

Nos reunimos en la Rotonda del cruceiro. Allí nos detuvimos para hablar del sentido de esta pieza tan nuestra, de su origen y de lo que representa. Después comenzamos a caminar por las calles de Villalba. No era solo un paseo; tenía algo de símbolo, de recordatorio de que la fe también es camino, proceso, descubrimiento.

La siguiente parada fue la Ermita de Santiago Apóstol. Antes de cruzar la puerta, observamos la espadaña y los signos vinculados a Santiago que ya llaman la atención desde fuera. Luego entramos. Las expresiones lo decían todo: quienes no la conocían quedaron sorprendidos. Es uno de esos lugares que, al atravesar el umbral, cambia la percepción.

Dentro fuimos recorriendo las distintas partes del templo y, a partir de ellas, surgieron conversaciones sobre los sacramentos, sobre las imágenes de los santos presentes y sobre los signos propios del Camino y del apóstol Santiago. Todo fue fluyendo con naturalidad, entre preguntas, comentarios y alguna que otra curiosidad inesperada.

La mañana transcurrió con un ambiente cercano y participativo. Aprendimos juntos, sin prisas, dejando espacio para la sorpresa y para el diálogo.

Por ciertohay 34, no 36… ¡39 cruces de Santiago! ¿Tiene o no tiene ojos? Jajaja… Si no estuviste, te tocará venir la próxima vez para entenderlo.

Gracias a los chavales, a los catequistas y a los cofrades por hacerlo posible.

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Peregrinación Cuaresmal de Confirmación a Los Molinos

El sábado 28 de febrero hemos vivido una jornada muy especial junto a los catecúmenos de confirmación, nuestros catequistas y el P. Adrián.

Madrugamos para subir al tren rumbo a Los Molinos, con la ilusión de compartir un día distinto, un día esperado que, sin duda, ha merecido la pena. Comenzamos rezando Laudes, uniéndonos en oración a toda la Iglesia. Desde la pequeña ermita del pueblo iniciamos nuestro camino: el comienzo de una peregrinación que nos recordó una verdad sencilla y profunda a la vez. Dios desea siempre perdonarnos, porque nos quiere felices; el pecado, en cambio, nos aparta de esa felicidad.

Durante el trayecto hicimos examen de conciencia. Nos pusimos ante el Señor con humildad, reconocimos nuestras faltas, pedimos perdón y renovamos el deseo de vivir más cerca de Él. En silencio seguimos caminando hasta llegar al Asilo de las Hermanitas de los Pobres.

Allí, recorriendo el Vía Crucis y acompañando a Jesús en su camino hacia el Calvario, tuvimos también la oportunidad de confesarnos. Fue un momento de encuentro profundo, de reconciliación serena y de paz verdadera.

Después celebramos juntos la Eucaristía, fuente de fortaleza y esperanza. En ella se nos habló del amor auténtico: el que se entrega, el que se dona sin medida, el que es capaz de dar la vida por los demás. Compartimos la mesa y la alegría de sabernos familia en la fe. Al final de la mañana, las Hermanitas de los Pobres nos regalaron su testimonio. Sus palabras, su entrega y su sonrisa se convirtieron en una lección viva del amor de Dios hecho servicio. Les agradecemos su acogida, haber abierto las puertas de su casa y mostrarnos que la santidad cotidiana se construye amando.

De regreso al tren, con el cansancio en los pies y el alma llena, comprendimos que este camino no lo habíamos recorrido solo con las piernas, sino también con el corazón. Fue un día para apartarnos del ruido y volver a lo esencial; una ocasión para redescubrir que Dios camina con nosotros y que la fe crece cuando se comparte.

Gracias a los catecúmenos, a los catequistas, al P. Adrián, a las Hermanitas de los Pobres y a toda la comunidad parroquial que nos sostiene con su oración. Y, sobre todo, gracias a Dios, que nunca deja de ponerse en camino con nosotros.

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Dios también habla cuando callas

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

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2ª semana de Cuaresma: Amarás a Dios con todo tu corazón

Después de haber aprendido a escuchar, ahora el camino nos conduce paso a paso hacia el centro de nosotros mismos. Después de aprender a escuchar, el camino se vuelve más íntimo y más exigente. El amor ya no se sitúa solo en la atención, sino en la entrega. El Señor no pide una parte, pide el corazón entero, ese espacio donde se entrelazan deseos, miedos, búsquedas y fidelidades. Amar con todo el corazón es permitir que Dios habite el núcleo de nuestra vida y lo unifique desde dentro.

Un corazón reunido

El corazón humano se dispersa con facilidad. Se reparte entre ocupaciones, expectativas, afectos, proyectos que compiten entre sí. Vivimos muchas veces fragmentados, con partes de nosotros orientadas en direcciones distintas. Amar a Dios con todo el corazón significa reunir lo disperso, dejar de vivir divididos. No se trata de intensificar actividades o emociones religiosas, sino de orientar todo lo que somos hacia una misma fuente. Cuando el corazón encuentra un centro, aparece una paz profunda, una coherencia que se percibe incluso en lo pequeño, en la forma de decidir, en el modo de responder, en la manera de mirar.

La luz que revela lo que somos

El Evangelio dominical nos muestra a Jesús en el monte, envuelto en una luz que no es espectáculo, sino revelación. Por un instante, los discípulos contemplan la verdad escondida. También nuestro corazón necesita ser iluminado para reconocerse. Amar con todo el corazón implica dejar que esa luz atraviese nuestras zonas más vulnerables, que toque nuestras ambiciones, nuestras heridas, nuestros apegos. No para humillarnos, sino para purificarnos. Cuando la luz entra, el deseo se transforma y aprende a buscar lo que permanece. Se despierta una fidelidad nueva, más consciente, menos dependiente de circunstancias cambiantes.

Un amor que se vuelve coherencia

El corazón entregado empieza a vivir de otra manera. La oración deja de ser obligación y se convierte en encuentro esperado. La comunidad deja de ser entorno y se convierte en casa. El servicio deja de ser tarea y se convierte en expresión natural de una interioridad habitada. Amar con todo el corazón significa vivir sin doblez, con una unidad que da solidez a cada gesto. Esta semana puede ser ocasión para preguntarnos qué ocupa realmente el centro, qué necesita ser recolocado, qué parte del corazón aún guarda reservas. Ofrecerlo con sencillez es ya comenzar a amar de verdad.

La Cuaresma avanza hacia una transformación que no es superficial. Cuando el corazón se entrega sin fragmentarse, empieza a latir con una cadencia distinta, más libre, más firme, más confiada. Y desde ahí, el amor deja de ser discurso y se convierte en vida.

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Cursillo prematrimonial

El pasado fin de semana 20, 21 y 22 de febrero hemos tenido el cursillo prematrimonial de las parejas de novios que quieren recibir el sacramento del matrimonio próximamente.

Comenzamos cada día con una oración con los novios con la intención que el Espíritu Santo nos acompañe y sea el verdadero protagonista durante la jornada.

Han participado 17 parejas de nuestra parroquia y de otras parroquias de la sierra, y os compartimos el testimonio de tres de ellas:

1) Estamos muy agradecidos de haber realizado el cursillo en esta parroquia tan llena de vida. Cada experiencia de los matrimonios catequistas nos ha inspirado y nos servirá de guía y ejemplo para ser un mejor matrimonio cristiano. El planteamiento de los temas a tratar es muy completo y variado, desde la comunicación, la sexualidad y hasta la vocación del matrimonio, entre otros. Todo explicado desde la propia experiencia y desde el amor maduro. Hemos visto también cómo superar crisis y nos han dado herramientas que estamos seguros que nos servirán durante toda la vida. Tras cada tema tratado hay un espacio para el diálogo entre la pareja y surgieron conversaciones muy valiosas que a veces no salen en el día a día. Además, el curso matrimonial no acaba solo en estos tres días, sino que hemos sentido que va más allá y que desde la parroquia ofrecen un seguimiento y ayuda a futuro para que tu matrimonio sea exitoso. Gracias de nuevo a todos los catequistas por compartir desde la honestidad y a Dios por ponerlos en nuestro camino.

2) Este fin de semana en el curso prematrimonial vivimos una experiencia muy enriquecedora. Aprendimos que el amor no es solo un sentimiento, sino una decisión diaria que requiere compromiso, respeto y entrega mutua. Reflexionamos sobre la importancia de la comunicación sincera, el perdón y la escucha activa como pilares fundamentales del matrimonio. Comprendimos también que las diferencias no nos separan, sino que pueden fortalecernos cuando se afrontan con humildad y empatía. Cada charla y cada testimonio compartido han sido profundamente instructivos, especialmente al descubrir la presencia de Dios en la vida matrimonial, acompañando, sosteniendo y cuidando el amor. Entendimos que su presencia es un pilar esencial en el Sacramento que nos preparamos para recibir. Nos llevamos herramientas prácticas para construir una relación sólida, basada en valores compartidos y en un proyecto de vida común, confiando siempre en la gracia y el apoyo de Dios. Muchas gracias por este fin de semana y por toda vuestra dedicación.

3) Este curso de preparación al matrimonio ha sido mucho más que unas sesiones formativas: ha sido un regalo para nuestro amor. Gracias a los catequistas que nos han acompañado, hemos podido mirar nuestra relación con más profundidad y esperanza. Sus testimonios, de parejas reales que llevan 30, 40 o 50 años eligiéndose cada día y aprendiendo a perdonarse, nos han conmovido y mostrado que el amor verdadero es decisión, entrega y camino compartido. Es elegirnos todos los días. Hemos descubierto que un matrimonio feliz se sostiene sobre cuatro pilares: la formación constante, la comunidad que acompaña, la comunicación sincera y la oración compartida. Especialmente la comunicación y la vida en comunidad han transformado nuestra manera de entendernos. Hoy sabemos que el matrimonio cristiano es mucho más que firmar un papel: es una vocación, un proyecto de vida y una llamada a amar mejor a tu cónyuge cada día.

El siguiente cursillo será D.m. el 22, 23 y 24 de mayo de 2026 y lo prepararemos con la misma ilusión para trasmitir nuestra pasión por el matrimonio y la familia.

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La fe no se hereda: se despierta

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

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1ª Semana Cuaresma: Escucha, Israel

Al comenzar esta primera semana de Cuaresma, el camino ya está abierto y el corazón ha sido marcado por un deseo más hondo que cualquier propósito externo. Ahora se nos invita a entrar con mayor conciencia en lo esencial, allí donde el amor empieza a tomar forma verdadera. La palabra que sostiene estos días es clara y antigua, tan antigua como el primer latido de la fe: escucha. Antes de hacer, antes de decidir, antes de cambiar nada, el Señor nos conduce a ese espacio interior donde todo se ordena desde dentro. Amarás al Señor tu Dios comienza por permitir que su voz encuentre lugar en nosotros y vuelva a ser criterio de vida.

Afinar el oído del corazón

Escuchar es abrir un espacio real para la Palabra, dejar que nos nombre y nos revele quiénes somos. No se trata de añadir más palabras a las que ya circulan en nuestra mente, sino de crear silencio para que la voz de Dios tenga peso y autoridad. Cuando el oído del corazón se afina, aprendemos a distinguir la verdad que construye de las voces que dispersan. La escucha es un acto de confianza, una decisión humilde de reconocer que necesitamos ser guiados. En esta semana, el amor a Dios se concreta en ese gesto cotidiano y perseverante de reservar tiempo para la Palabra, leerla con calma, dejar que una frase nos acompañe y atraviese la jornada. Desde esa escucha nace una serenidad nueva, una claridad que ilumina lo que parecía confuso y devuelve unidad a lo que estaba fragmentado.

El desierto como lugar de verdad

El Evangelio dominical nos muestra a Jesús en el desierto, sostenido por la Palabra que ha escuchado y acogido. En medio de la prueba, no responde desde el impulso ni desde el orgullo, sino desde la verdad que habita en su interior. El desierto revela lo que ocupa el centro del corazón y a qué voz damos autoridad cuando se presentan promesas atractivas y caminos aparentemente más fáciles. También nosotros atravesamos desiertos cotidianos donde se ponen a prueba nuestras prioridades. En esos momentos, escuchar se convierte en fidelidad, en elección consciente de permanecer en la verdad recibida. Quien permanece en la Palabra descubre una libertad más profunda que cualquier atajo y una firmeza serena que sostiene las decisiones.

Cuando la Palabra ordena la vida

La escucha transforma la manera de vivir. Cuando la Palabra ocupa el centro, el lenguaje se vuelve más limpio, la mirada más atenta, el trato más fraterno. Amar a Dios con todo el corazón significa dejar que su voz modele nuestros gestos concretos, nuestras relaciones y nuestro modo de estar en la comunidad. Esta primera semana nos ofrece la gracia de empezar desde dentro, desde un corazón que aprende a escuchar y, al escuchar, aprende a amar. Así el camino cuaresmal avanza con paso firme, arraigado en una relación viva que sostiene y renueva cada día.

 

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CUARESMA: Amarás al Señor tu Dios…

Este año, el camino cuaresmal que nos propone nuestro párroco para la comunidad se apoya en una frase central del Evangelio que puede sostenerlo todo: “Amarás al Señor tu Dios…”. Amar como proceso. Amar como camino. Un amor que se despliega poco a poco, que va tocando lo más profundo de la persona y que se vuelve concreto en la relación con los demás, en la manera de mirar, de hablar, de estar.

La primera semana nos sitúa en el punto de partida de toda experiencia creyente: Escucha, Israel. Antes de cualquier gesto, antes de cualquier compromiso, está la escucha. Escuchar es hacer espacio. Escuchar es permitir que la Palabra vuelva a ocupar el centro y ordene el corazón. La Cuaresma se abre así como un tiempo para afinar el oído interior, para dejarnos alcanzar por la voz de Dios que sigue pronunciándose en la vida y en la historia.

En esta clave, el Papa León XIV nos ha recordado que la Cuaresma es un tiempo especialmente propicio para dar espacio a la Palabra, para acogerla con docilidad y permitir que transforme la vida desde dentro. Escuchar se convierte así en el primer signo del deseo de entrar en relación con Dios y también con el otro. Junto a esta escucha, el Papa nos invita a vivir el ayuno como una libertad que ensancha el corazón, como un ejercicio que purifica el deseo y despierta hambre de justicia, incluso a través de una abstinencia muy concreta: aprender un lenguaje más amable, más limpio, más portador de paz, en la familia, en la comunidad y en la vida cotidiana.

La segunda semana nos invita a dar un paso más adentro: Amarás a Dios con todo tu corazón. Con todo lo que somos. Con nuestra vida real, con lo que llevamos dentro, con lo que buscamos y anhelamos. El corazón, cuando se entrega, se vuelve lugar de encuentro, espacio habitado, morada donde Dios puede encender esperanza.

En la tercera semana, el amor se hace todavía más concreto: Amarás a Dios con todas tus fuerzas. Aquí entra la vida cotidiana, el tiempo, las decisiones, el cuerpo. Amar con las fuerzas es aprender a vivir con mayor sobriedad interior, con un deseo más limpio, con una libertad que deja espacio a lo esencial. Es un amor que se traduce en gestos y elecciones.

La cuarta semana abre decididamente el horizonte: Amarás a tu prójimo. El amor a Dios se reconoce en el rostro cercano, en la atención, en el cuidado, en la escucha verdadera de quien camina a nuestro lado. La fe se vuelve relación y responsabilidad.

Y la quinta semana lo expresa con una cercanía aún mayor: Amar al hermano como a ti mismo. Amar al hermano es aprender la medida del Evangelio. Es construir comunidad. Es hacer de la Iglesia un hogar donde cada persona encuentra lugar y dignidad.

Vivamos esta Cuaresma como un camino compartido, en familia y en parroquia, dejando que el amor a Dios transforme el corazón y se haga vida en el amor al hermano.

Cada lunes de Cuaresma el P. Luis nos ofrecerá una reflexión para ayudarnos a vivir este tiempo cuaresmal.

También os compartimos el mensaje del Papa León para la Cuaresma 2026: Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión.

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Volver al corazón: la Cuaresma comienza por dentro

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

Volver al corazón: la Cuaresma comienza por dentro

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