Este sábado 31 de octubre, celebramos en nuestra parroquia la víspera de la Fiesta de todos los Santos con los niños de nuestra parroquia.
Les invitamos a venir a la eucaristía de 19.00, en la cual se hicieron presente los niños, unos vestidos de los atuendos correspondientes a cada santo, y otros con un cartelito con el nombre de un santo o santa. En la eucaristía los niños comprendieron que se puede ser santo siendo futbolista, estilista, veterinario, peluquera, doctor, o influencer. Profesiones y oficios que ellos mismos expresaron que deseaban ser de mayores.
La santidad es lo nuestro, es celebrar la vocación que desde el Bautismo tenemos todos los cristianos. Como bien dice Apoc.7,2-4.9-14 “Después vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono del Cordero, vestidos de vestiduras blancas y con palmas en sus manos”. Son la multitud de hombres y mujeres que, en el camino sencillo de la vida, buscan a Dios, apostaron por ser santos en la vida cotidiana.
Decidieron cuidar la creación, consideraron que “la alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son únicamente de nuestro Dios” (Apoc.7). Los santos en su cotidianidad, hicieron de su vida un lugar de mansedumbre, en con sus trabajos ayudaron a los pobres, en su familia, con sus amigos y con los pecadores fueron misericordiosos. Lucharon por paz y la justicia, no fueron indiferentes al dolor y exclusión social. Enjugaron lágrimas de quienes sufrían, su corazón tenía intenciones buenas, un corazón limpio.
Se sintieron hijos de Dios, hermanos de sus hermanos, así ellos heredarán la tierra, verán a Dios, fueron consolados en sus penas por el amor de Dios y de ellos es el Reino de los cielos.
Cada uno de nosotros estamos llamados a ser santos, a reconocer, como decía el Papa Francisco, a los santos de la puerta de al lado, que viven junto a nosotros. No porque hagan cosas extraordinarias, sino porque lo sencillo lo viven con humildad, en el silencio pero con mucha verdad de Espíritu.
Luis Murillo
Párroco




