El domingo 26 de abril un grupo de catequistas, jóvenes y catecúmenos de confirmación, nos reunimos para ir al seminario a las 7 de la mañana a rezar en la Jornada de oración por las vocaciones, con un mismo corazón y una misma fe, para tener un encuentro con Jesús, el Señor que llama, que acompaña y que envía.

Bajo el lema «Todos oramos por todos», queremos abrir nuestro corazón a su Palabra y a su presencia, para descubrir, el sentido profundo de la vocación: vivir para Él, sirviendo a los demás.

Es un momento de gracia para rezar sobre la dimensión interior de la vocación, entendida como descubrimiento del don gratuito de Dios que florece en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros.

Vivimos un espacio para dejarnos mirar por Dios, para escuchar su voz y para pedir con fe que no falten corazones generosos que respondan a su llamada en la Iglesia.

Siguiendo la respuesta de Samuel:  “Habla Señor, que tu siervo escucha”, pedimos en esta oración dar nosotros una respuesta similar, La misma que Dios espera de nosotros. No podemos seguir a Dios y quedarnos donde estamos.

Cuando sentimos la llamada de Dios, necesitamos abandonar todo lo que nos impide seguirle. El mejor lugar donde podemos estar es en el centro de la voluntad de Dios.

Jesús no impone su llamada, solo hace una pregunta: “¿Qué buscáis?” y una invitación: “Venid y lo veréis”. Jesús nos invita a seguirle, a pesar de las dificultades que podamos encontrar en el camino. Es importante recordar que la llamada de Jesús no es para unos pocos elegidos, sino para todos los que quieran seguirle.

Que nuestra oración sea auténtica, alegre y confiada, como lo es el amor con el que Dios nos sueña y nos llama.

Terminamos con la oración que rezamos al terminar nuestro momento de encuentro con el Señor.

 

ORACIÓN:

Te damos gracias, Dios Padre nuestro,

por la llamada bautismal a ser tu pueblo,

«asamblea de llamados».

 

Te respondemos otra vez con nuestro «sí»,

para ser fieles al Evangelio de tu Hijo, Jesucristo,

y a nuestra vocación.

 

Danos el deseo de anunciar «la vida como vocación»

y ofrecernos a tu servicio en la vida consagrada,

en el sacerdocio, en el matrimonio,

en la tarea misionera

y en el compromiso apostólico laical.

 

Llena nuestros corazones con tu Espíritu

de sabiduría y discernimiento

para que nuestra «pastoral de la llamada»,

tan rica en vocaciones y carismas,

sea un testimonio de tu presencia entre nosotros.

 

Con Santa María, Virgen Inmaculada y Madre

de la Vocación, con el apóstol Santiago,

amigo del Señor, y animados por la riqueza de tantos

mártires y santos de nuestra tierra te decimos:

«Aquí estamos para hacer tu voluntad».

Amén.