Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial
Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:
Volver al corazón: la Cuaresma comienza por dentro
La Cuaresma llega cada año como un umbral. Un tiempo que se abre ante nosotros como una invitación suave y firme a regresar al lugar donde todo empieza: el corazón. En medio de tantas voces, de tantas prisas, de tantos estímulos, sentimos que Dios nos llama a una hondura mayor, a un espacio interior donde la vida recupera su verdad. La Cuaresma comienza por dentro, porque la conversión nace en lo profundo, en ese punto secreto donde el alma se deja mirar y sanar.
Un regreso al centro donde Dios habita
Volver al corazón significa volver al centro de nuestra vida espiritual. Allí donde Dios ya está, esperando con paciencia. A veces vivimos dispersos, volcados hacia fuera, cumpliendo tareas, respondiendo a exigencias, sosteniendo rutinas. La Cuaresma nos propone un movimiento distinto: recogernos, respirar, recordar quiénes somos ante el Señor. La fe se renueva cuando recuperamos el centro, cuando dejamos que Dios sea la fuente y no un añadido. En ese regreso interior descubrimos que el Evangelio siempre comienza como un encuentro.
El silencio como espacio de escucha verdadera
Hay un silencio que pesa y un silencio que cura. La Cuaresma nos ofrece este segundo: un silencio lleno de presencia, un silencio habitado. En él aprendemos a escuchar de nuevo. Escuchar a Dios, escuchar nuestra propia vida, escuchar lo que el alma necesita. Jesús mismo buscaba esos lugares interiores: “Retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre en lo secreto” (Mt 6,6). El silencio se convierte en oración cuando dejamos que Dios nos hable desde dentro, cuando nuestra vida se abre como tierra preparada para recibir la semilla.
Conversión como camino de profundidad y cuidado
La conversión cristiana tiene el rostro de un camino. Un proceso de vuelta, de transformación, de crecimiento. No se trata de un gesto exterior, sino de una vida que se orienta hacia el amor. La Cuaresma nos invita a mirar con sinceridad, a reconocer lo que necesita ser sanado, a abrirnos al deseo de vivir con más verdad. Convertirnos significa dejarnos renovar por el amor de Dios, permitir que Él ordene nuestros afectos, nuestras prioridades, nuestras relaciones. Este tiempo se vuelve una escuela de cuidado del alma, una oportunidad para vivir con mayor hondura.
En este inicio cuaresmal, sintamos que el Señor nos llama con ternura. Nos espera en lo interior, en lo sencillo, en lo verdadero. Caminemos juntos hacia ese corazón donde la vida se unifica y la esperanza respira. La Cuaresma comienza dentro, porque dentro nos aguarda Dios, y allí empieza siempre el renacer.
