La vida no es llegar… es aprender a caminar
Durante estos días, nuestros jóvenes de la parroquia están viviendo una experiencia muy especial: el Camino de Santiago. Queremos compartir con toda la comunidad un pequeño resumen de cada jornada, para que también podáis acompañarlos con vuestra oración. Comenzamos con el primer día de esta aventura.
Miércoles, 1 de julio
Hoy comienza esta nueva aventura del Camino de Santiago.
Ayer tuvimos una sencilla celebración de envío y bendición de los peregrinos. En ella, el P. Adrián nos recordaba que nuestra actitud determina el camino que recorremos y, en el fondo, también nuestra vida. Como escuchábamos en el Evangelio de Marcos, somos enviados por Jesús a anunciar la Buena Noticia. Solo así podremos ser peregrinos que se dejan llenar por el amor de Dios.
Después bajamos a pesar las mochilas. El equipaje es importante: llevar lo necesario y dejar atrás lo que sobra, tanto en la mochila como en la vida. Solo merece la pena cargar con aquello que nos ayuda a caminar. Y sí… hubo alguna cosilla que sacar.
El P. Luis, nuestro párroco, también quiso acompañarnos antes de la salida y nos invitó a caminar con una doble mirada: la mirada en el suelo, para descubrir el camino por el que pisamos, y la mirada en el horizonte, para no perder de vista hacia dónde nos dirigimos, encontrando a Dios y reconociendo al hermano.
Con estas palabras en el corazón y la mochila sobre los hombros, emprendimos el viaje hacia Triacastela, donde mañana comenzaremos a caminar.
La catequesis de hoy nos ha invitado a preguntarnos si vivimos como turistas o como peregrinos; en definitiva, cómo caminamos por la vida.
Hemos preparado una mochila que representa nuestro corazón. En ella hemos colocado nuestros nombres, porque Dios no ama un personaje, nos ama a cada uno por nuestro nombre.
También nos hemos propuesto dos pequeños retos para mañana: no responder de forma automática cuando alguien nos pregunte cómo estamos y contarle a Dios, en la oración, algo que llevamos dentro y que muchas veces callamos.
Después de la catequesis hemos ensayado los cantos para la Eucaristía y hemos disfrutado de un rato de tiempo libre para seguir conociéndonos.
Ahora toca cenar, recuperar fuerzas y ponernos en las manos de Dios con la oración de la noche. Queremos confiarle nuestras expectativas, nuestros miedos y nuestras ilusiones, pidiéndole que nos abra los ojos para descubrir todo lo que quiera regalarnos en este Camino.
Y ahora sí… a dormir. Mañana toca madrugar y comenzar a caminar.
¡Buen Camino!
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