Avisos Liturgia

Orar: abrir el corazón en el inicio del adviento

Comenzamos el Adviento, ese tiempo especial en el que nos preparamos para la llegada de Jesús, y lo hacemos con la invitación a Orar. La oración nos ayuda a detenernos en medio del ruido y a abrir el corazón a Dios, quien viene a nuestro encuentro como luz en la oscuridad. Orar en Adviento es un acto de espera confiada, de quien sabe que Dios cumple sus promesas.

Orar nos abre a la esperanza. Cada palabra, cada silencio compartido con Dios, nos lleva a mirar hacia adelante, confiando en que este camino de Adviento nos acerca a la luz del pesebre. Jesús viene a nosotros como el Salvador, y en la oración encontramos fuerzas para seguir esperando con paciencia, incluso en los momentos difíciles.

Orar transforma nuestra mirada. En la oración, dejamos de centrarnos en nuestras limitaciones y comenzamos a ver el mundo con los ojos de Dios. Este tiempo nos invita a orar no solo por nosotros, sino también por un mundo más justo, por quienes sufren, por la paz que tanto anhelamos.

Orar nos hace caminar con María, quien esperó con fe y humildad el nacimiento de su Hijo. Con ella, aprendemos a confiar en que las promesas de Dios se cumplirán en nuestra vida.

En este Adviento, seamos conscientes de que la oración no es solo un acto de palabras, sino un espacio de encuentro que nos fortalece y transforma. Que nuestra oración nos ayude a caminar hacia la Navidad con esperanza, vigilantes y llenos de fe en la venida de nuestro Salvador.

Invitación de nuestro párroco ORAR:

Iniciamos el adviento, tiempo de Espera. Pongamos en manos de Dios todas nuestras esperas de la vida, esperas personales y familiares. Las esperas del mundo, esperamos la paz, la concordia, la unidad mundial. Con María, madre de la esperanza, confiamos en que el niño Jesús cumplirá en nosotros su promesa.

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Edades del Hombre. Cofradía de Santiago

Tras una oración dirigida por nuestro párroco para tener un buen viaje, el sábado 16 de noviembre, partía la Cofradía de Santiago hacia Villafranca del Bierzo, a visitar las Edades del Hombre, “Hospitalitas”.

Amanecía el día fresco y aunque durante la semana daban previsiones de lluvia, estamos seguros de que el Apóstol Santiago intercedió por nosotros y quiso el Señor, regalarnos un magnífico tiempo.

Por el camino, pudimos comprobar ese cambio de paisaje de las tierras castellanas a las leonesas, con el cambio de colores, las montañas al fondo, … ¡Qué maravillas creó el Señor!

Durante el viaje, nuestro consiliario, Apolinar, nos fue instruyendo sobre las ciudades por las que íbamos pasando, las distintas ediciones de las Edades del Hombre y los lugares y monumentos que íbamos a ver, tanto en Villafranca como en Ponferrada. Toda esta zona le traía muchos recuerdos de tiempos anteriores que vivió en estas tierras.

Ya en Villafranca pudimos ver con guía, la exposición en dos edificios, la Colegiata de Santa María y un visual en la Iglesia Santiago. Ésta es del S.XII, donde los peregrinos que no pueden completar la ruta por enfermedad o accidente pueden conseguir el jubileo (siempre habiendo recorrido 100 km). A continuación, partimos hacia Ponferrada.

Tras un rato libre, en el que algunos nos quedamos con las ganas de probar unas famosas patatas bravas … y eso ha dado mucho de qué hablar, jajaja…, (tendremos que volver), cenamos y paseamos a la luz de la luna por las calles ponferradinas.

A la mañana siguiente, nos adentramos en el Castillo de los Templarios y terminamos con una eucaristía en la Basílica de la Encina, donde ofició D. Apolinar y concelebró D. Antolín, amigo suyo y gran defensor del Camino de Santiago.

Ya de vuelta y tras la parada para comer, en el autocar, nuestra cofrade Almudena, hizo una oración a la Virgen de la Encina:

A ti, Virgen de la Encina
A ti, Madre de Dios
Venimos con alegría a ofrecerte el corazón.
Queremos, Madre amorosa, pedir tú bendición,
para todos los cofrades y amigos de corazón.
No te traemos Madre, ni oro, ni plata, ni joyas de valor;
simplemente unas flores que no tienen valor.
Con ellas Madre, queremos ofrecer,
la alegría Madre, al mirarte y decirte:
Viva la Madre de Dios.

Desde el autobús, disfrutamos de un espléndido atardecer, viendo los viñedos, los campos, …

Según parece, a todos nos gustó mucho y los no cofrades que vinieron, agradecieron la acogida recibida, la buena organización y terminaron con ganas de repetir; así que yo que tú … no me perdería nuestra próxima peregrinación.

Testimonio de una cofrade: ‘Me ha gustado mucho el viaje sobre las Edades del Hombre, como nos acogen distintas figuras de la iglesia, desde Jesús, María, los apóstoles, los santos, en una palabra, HOSPITALIDAD. En ella prima el amor al prójimo, como a uno mismo. Gracias por todo.’

Puedes ver algunas fotos haciendo clic en la siguiente imagen

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Vivir la alegría del Evangelio en el día a día

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Cada martes del curso 2024-2025, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día: (más…)

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Día de la Iglesia Diocesana: «¿Y si lo que buscas está en tu interior?»

El 10 de noviembre, celebramos el Día de la Iglesia Diocesana bajo un lema inspirador: «¿Y si lo que buscas está en tu interior?». Este año, esta jornada nos anima a reflexionar sobre nuestras vidas y a descubrir si, tal vez, Dios ya ha sembrado en lo profundo de nosotros un plan especial, una vocación que nos llama a vivir con propósito y sentido.

La búsqueda de la verdadera felicidad

Vivimos en una época en la que muchos buscan la felicidad fuera de sí mismos, persiguiendo metas que, aunque legítimas, a veces dejan un vacío en el corazón. En este Día de la Iglesia Diocesana, la Iglesia nos invita a una búsqueda más profunda, la que empieza en nuestro propio interior, donde Dios habita y nos habla. Porque, en ocasiones, el verdadero «final feliz» se alcanza cuando dejamos de ir por delante de Dios y, en cambio, permitimos que Él sea nuestro guía.

Una llamada transformadora: encuentra tu vocación

Esta jornada también está dedicada a las vocaciones y a descubrir el plan de Dios para cada uno de nosotros. En el camino de la fe, responder a la llamada de Dios transforma la vida y nos lleva a una existencia auténtica y plena. En el marco del Congreso Nacional de Vocaciones que se celebrará en Madrid en febrero, recordamos que todos estamos llamados a algo grande, cada uno desde su vocación específica, ya sea en el matrimonio, el sacerdocio, la vida consagrada o el servicio laical.

Testimonios que inspiran

La campaña de este año comparte testimonios de personas que encontraron en Dios su misión. Pilar, por ejemplo, descubrió su vocación a la vida monástica, dejando todo en manos de Dios con un simple “si Tú quieres”. Montse, al conocer a misioneras, halló el valor de entregar su vida a los demás y hoy sirve en Japón, en medio de personas necesitadas de esperanza. Litus encontró a Dios en el deporte y ahora es sacerdote, guiando a otros en su crecimiento personal y espiritual. Pedro y Diego encontraron en el servicio a los demás y en la evangelización el propósito que tanto buscaban, y el matrimonio de Alberto y Carmen es ejemplo de la belleza de caminar juntos en la fe.

¡Vive tu vocación en comunidad! Tu parroquia te espera

La vocación de cada uno cobra sentido en la comunidad. En este Día de la Iglesia Diocesana, se nos recuerda que todos podemos colaborar con nuestra parroquia y nuestra diócesis. ¿Cómo? A través de:

  • Tu oración: Ora por tu parroquia, pide por las necesidades de todos sus miembros. La oración es el alma de cada comunidad.
  • Tu tiempo: Dedica unas horas a colaborar en tu parroquia. Un rato de ayuda es un gran don para todos.
  • Tus cualidades: Todos tenemos algo que ofrecer, desde una sonrisa hasta habilidades específicas que pueden hacer mucho bien.
  • Tu apoyo económico: Con tus donativos, ayudas a que la Iglesia pueda sostener sus parroquias y realizar su misión de servicio y caridad.

Gracias a esta colaboración, más de cuatro millones de personas reciben asistencia en centros de la Iglesia, y miles de sacerdotes, voluntarios y seglares dedican millones de horas a los demás. Este compromiso hace posible que la Iglesia siga siendo testimonio de amor y esperanza en el mundo.

En este Día de la Iglesia Diocesana, respondamos a la llamada a vivir nuestra fe en comunidad. Que cada parroquia sea un hogar donde descubrir el amor de Dios y servir con generosidad. ¡Vive tu vocación en comunidad! Tu parroquia te espera.

 

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