Avisos Liturgia

Hay un fuego que no quema, pero renueva

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

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Semana Santa: una semana que lo cambia todo por dentro

Iniciamos la Semana Santa como comunidad parroquial con el alma despierta y el corazón dispuesto, sabiendo que estos días santos abren ante nosotros un camino de hondura, de verdad y de gracia, un camino que toca la vida entera y la conduce hacia su centro, allí donde Cristo se entrega, permanece, sostiene, espera y vence. Entramos juntos en este tiempo grande de la fe con los ojos puestos en Jesús, con memoria agradecida, con deseo de conversión y con esa sed interior que tantas veces llevamos en silencio y que encuentra en Él su fuente más limpia, más honda y más verdadera. Cada celebración será una puerta abierta, una llamada, una luz encendida en medio de nuestra historia, porque la Semana Santa jamás transcurre por fuera de nosotros: pasa por la carne herida del mundo, por nuestras búsquedas, por nuestras lágrimas, por nuestros cansancios, por nuestras esperanzas, y allí mismo deja la huella viva del amor de Dios.

Domingo de Ramos

Hoy proclamamos con los ramos y con el corazón que Cristo es Rey, y su realeza trae paz, justicia y amor. Su entrada en Jerusalén despierta en nosotros una alegría limpia, una alegría que brota de reconocer que Dios viene a nuestro encuentro con mansedumbre, con firmeza, con una belleza que desarma toda dureza. Con nuestros cantos y nuestros ramos queremos decirle que deseamos abrirle la puerta de la vida, de la casa, de la comunidad, de cada rincón donde haga falta su presencia. Hoy la Iglesia entera alza la voz para confesar que Jesús merece el centro, porque su señorío jamás aplasta, siempre levanta; jamás domina, siempre dignifica; jamás enfría, siempre enciende.

Jueves Santo

Celebrar la última cena de Jesús es celebrar el amor fraterno, la Eucaristía y el sacerdocio ministerial como dones preciosos que siguen alimentando la vida de la Iglesia. Esta tarde santa nos reúne alrededor de la mesa donde el Maestro parte el pan, ofrece el cáliz y se queda para siempre como presencia real, cercana, ardiente y fiel. En ese gesto santo aprendemos que amar de verdad significa darse, servir, permanecer, lavar los pies de la humanidad herida y hacer de la propia vida una ofrenda. Hoy damos gracias por los sacerdotes, llamados a hacer visible en medio del pueblo ese amor de Cristo que acompaña, alimenta y guía. Hoy adoramos la Eucaristía con asombro, porque Dios ha querido quedarse con nosotros como pan vivo para el camino.

Viernes Santo

Hoy levantamos la mirada hacia la cruz y contemplamos cuánto amor cabe en ese madero santo. Cristo entregó la vida por cada uno de nosotros, abrió los brazos para abrazarnos, perdonarnos y salvarnos. La cruz revela un amor llevado hasta el extremo, un amor que entra en el sufrimiento humano y lo habita con una ternura inmensa. Hoy permanecemos junto a Jesús con reverencia, con gratitud, con el corazón conmovido, dejando que su entrega penetre nuestras resistencias y cure nuestras heridas más hondas. En la cruz resplandece una fuerza que transforma la historia desde dentro y que sigue pronunciando sobre cada vida una palabra de misericordia.

Sábado Santo

Hoy la Iglesia guarda silencio, y ese silencio es fértil, está lleno de esperanza, como la tierra que custodia la semilla en espera de la vida nueva. Es un día para permanecer, para velar, para dejarnos sostener por la promesa de Dios cuando todo parece detenido. También es un día para acompañar a María, Madre que espera la resurrección de su Hijo con fidelidad serena, con amor íntegro, con esa fortaleza silenciosa que enseña a creer cuando el corazón atraviesa la noche. Junto a ella aprendemos a esperar con fe madura, con una esperanza que respira profundidad y confianza.

Vigilia Pascual

Y llega la noche santa en la que estalla la alegría más grande: ¡el Señor ha resucitado! ¡Aleluya! La luz vence, la vida florece, la esperanza se levanta, y la Iglesia canta porque Cristo vive para siempre. Esta es la noche que renueva el mundo, la noche que recuerda a cada corazón que la última palabra pertenece a Dios y lleva nombre de vida. Caminemos, pues, como comunidad pascual, con el alma encendida, con la fe fortalecida y con la certeza luminosa de que Cristo resucitado sigue haciendo nuevas todas las cosas.

 

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El deseo de Dios te sostiene más de lo que crees

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

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Tu fragilidad también puede ser fecunda

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

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Sé parte de la Visita del Papa León XIV a Madrid

El arzobispado de Madrid ha habilitado la plataforma para participar en la visita del Papa León XIV. Parroquias, instituciones, familias y voluntarios podrán registrarse para colaborar en la acogida de peregrinos.

Si eres de Madrid, puedes participar activamente en esta visita tan especial. Podrás colaborar de distintas maneras: ofreciendo tu tiempo como voluntario, tanto en los trabajos de preparación como en las tareas de apoyo durante los actos, y ofreciendo tu casa para la acogida de personas que vengan desde distintos puntos de España.

Cronograma

  • 10–30 marzo: registro de parroquias y entidades religiosas
  • 17 marzo–17 abril: inscripción para ofrecer acogida
  • 24 marzo–17 abril: inscripción de voluntariado
  • Desde el 6 de abril: inscripciones para celebraciones y solicitar acogida

Toda la información y formularios: madrid.conelpapa.es

«No olvidéis la hospitalidad: por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles» (Hb 13,2)

Difunde y anima a participar. ¡Madrid se prepara para acoger!

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Perdonar no borra, transforma

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

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El cardenal José Cobo visita la parroquia Santísima Trinidad de Collado Villalba

Este tercer domingo de Cuaresma la parroquia de la Santísima Trinidad de Collado Villalba vivió un momento especial de comunión eclesial con la visita del arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo. La celebración reunió a la comunidad parroquial en torno a la Eucaristía con esa conciencia serena que nace cuando una Iglesia concreta reconoce que forma parte de algo más grande: el pueblo de Dios que camina sostenido por el Espíritu.

Desde el comienzo, el cardenal quiso agradecer la vida que late en esta comunidad. Ante los miembros del consejo parroquial, los sacerdotes que acompañan pastoralmente la zona y tantos fieles que sostienen la misión cotidiana de la parroquia, expresó una gratitud sencilla y profunda por la tarea que realizan. Recordó que la Iglesia también se reconoce aquí, en esta comunidad concreta, donde la Palabra se transmite, la esperanza se mantiene viva y muchas personas encuentran un lugar donde su vida puede ser acogida.

Su mirada se abrió enseguida hacia el barrio y hacia quienes viven en él. La Iglesia, recordó, mira siempre también a los vecinos y vecinas, porque existe algo que todos compartimos profundamente: todos tenemos sed. Sed de compañía, sed de sentido, sed de una vida que llene el corazón.

El Evangelio proclamado ese domingo ofrecía la clave para comprender esa experiencia humana universal. El encuentro de Jesús con la samaritana junto al pozo habla de un corazón que busca, de una vida que intenta saciar su sed en muchos lugares, hasta que descubre una fuente distinta. En aquella mujer el cardenal reconocía la historia de muchas personas de nuestro tiempo. Personas que sienten una inquietud interior, que perciben una necesidad de sentido, que buscan algo más profundo para su vida.

La cultura actual, señalaba, ofrece muchos lugares donde intentar calmar esa sed. Actividades, proyectos, experiencias que prometen plenitud. Sin embargo, el Evangelio revela una verdad más profunda. El corazón humano encuentra descanso cuando se acerca a la fuente verdadera.

Desde esa escena evangélica surgió una imagen que iluminó toda la celebración. La parroquia como pozo.

Un pozo en medio del pueblo donde el Señor sigue esperando. Un lugar donde las personas pueden detenerse, dialogar, ser escuchadas y comprender lo que ocurre en su vida. Un espacio donde el Evangelio se convierte en encuentro real, en conversación sincera, en camino compartido.

La escena de la samaritana mostraba también algo esencial para este tiempo de Cuaresma. Aquella mujer se atreve a salir, se atreve a hablar, se atreve a dejar que su vida sea interpelada. En ese gesto comienza un camino de transformación. Por eso el cardenal invitó a la comunidad a dar también un paso más en el diálogo con Jesús. Cada domingo puede convertirse en una ocasión para profundizar en esa relación viva con el Señor y descubrir quién es realmente para nuestra vida.

En ese contexto resonó una frase que quedó grabada en la celebración. Jesús tiene sed de nosotros. Sed de nuestra vida, sed de esta parroquia, sed de una comunidad capaz de mostrar su rostro en medio del pueblo.

La Eucaristía reunió así todos los cántaros. Cada persona llegó con su historia, con sus preguntas, con sus heridas y búsquedas. Y en ese encuentro con Cristo aparece siempre una sorpresa. Él acoge nuestra sed y transforma el corazón hasta convertirlo también en fuente.

Por eso la invitación final del cardenal se abrió como una misión para toda la comunidad. Que esta parroquia siga siendo un pozo donde muchos puedan beber. Que cada persona que forma parte de ella se convierta en cántaro que acerca el agua de Jesucristo a quienes viven con sed de sentido.

Así, en medio de Villalba, la parroquia continúa su vocación sencilla y profunda: ser lugar de encuentro, de diálogo y de esperanza, un pozo abierto donde la vida puede encontrar el agua viva que solo Cristo ofrece.

Nota: Fotos de Luis Millán

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Retiro parroquial de Cuaresma: resumen y testimonio

El pasado 7 de marzo la parroquia vivió una jornada de retiro de Cuaresma guiada por nuestro párroco, D. Luis Murillo, bajo el título “Mis tierras prometidas”. A lo largo del día se nos invitó a recorrer un camino interior inspirado en la experiencia bíblica del pueblo de Israel y en distintas escenas del Evangelio, con una pregunta que atravesó toda la reflexión: ¿de qué Egipto quiere sacarme Dios y hacia qué tierra me está conduciendo?

La vida creyente se parece muchas veces a ese itinerario que aparece en la Biblia: salir, atravesar el desierto, caminar entre incertidumbres y promesas. Todos, de una u otra manera, buscamos una “tierra prometida”, un lugar de plenitud o de descanso para el corazón. Sin embargo, el retiro nos ayudó a reconocer que no siempre lo que imaginamos como nuestra tierra prometida coincide con la promesa de Dios.

Abraham y la promesa: salir porque Dios llama

El primer momento del retiro nos llevó a contemplar la figura de Abraham, llamado por Dios a abandonar su tierra sin saber con exactitud a dónde sería conducido. Abraham se pone en camino confiando únicamente en la palabra que ha escuchado. No dispone de seguridades ni de un plan perfectamente trazado, pero se fía de la promesa. Su historia recuerda que hay salidas que nacen de una llamada y otras que nacen solo del impulso personal. Externamente pueden parecer decisiones parecidas, pero la raíz es distinta: en un caso el camino se apoya en la confianza en Dios, y en el otro en la autosuficiencia.

En busca de la herencia: cuando uno sale buscándose a sí mismo

El segundo momento del retiro se centró en la parábola del hijo pródigo, donde también aparece una salida, aunque de signo muy diferente. El hijo pide su herencia y se marcha convencido de que la libertad consiste en vivir lejos del padre. Sin embargo, el Evangelio muestra cómo esa búsqueda acaba conduciéndolo al vacío. A partir de esta escena surgió una reflexión muy cercana a la experiencia humana: muchas veces perseguimos nuestras propias “tierras prometidas”, proyectos o metas que creemos que nos darán plenitud, pero que en realidad pueden convertirse en espejismos cuando nacen de heridas interiores o de deseos de afirmación. La parábola, sin embargo, no termina en el fracaso del hijo, sino en la imagen de un Padre que espera y que acoge cuando el camino se reorienta.

La nueva tierra prometida: el Reino de Dios

En el tercer momento la mirada se abrió a la novedad que trae Jesús cuando anuncia que el Reino de Dios está cerca. Con Él, la tierra prometida deja de entenderse solo como un lugar al que llegar y pasa a ser una realidad que comienza dentro del corazón. Allí donde se vive el Evangelio, allí donde se perdona, se sirve, se acoge y se confía en Dios, el Reino empieza a hacerse presente. De este modo la promesa se transforma en una forma de vida donde el centro ya no es uno mismo, sino la presencia de Dios que actúa.

Una promesa que sigue en pie

El retiro concluyó recordando que la promesa de Dios sigue abierta y que nuestro camino continúa. La verdadera tierra prometida comienza allí donde el corazón aprende a decir, con sencillez y confianza: “Reina Tú, Señor”.

Compartimos también este testimonio:

Este sábado fui al retiro de Cuaresma. Cada año lo espero con muchas ganas, con ese deseo de dejarme llenar de nuevo por Dios, de encontrar lo que mi corazón necesita para seguir adelante. Pensé que sería un día más, pero no… fue un día distinto, un día en el que sentí que el Señor me hablaba directamente al corazón.
El P. Luis nos habló de “Mis tierras prometidas”, y desde ese momento sentí que Dios me invitaba a comenzar de nuevo mi camino esta Cuaresma. Me di cuenta de que mi búsqueda no va tanto hacia lo que yo quiero alcanzar, sino hacia lo que Dios me promete. Y entendí que, aunque a veces me desvío, Él nunca deja de acompañarme. Es como ese GPS paciente que recalcula mi rumbo cada vez que me pierdo. En ese rato de silencio que tuvimos después, me paré a pensar en los altares que puedo levantar hoy como signo de gratitud: personas, momentos, detalles por los que dar gracias. Al ponerles nombre, me di cuenta de cuánto me ha cuidado Dios, incluso en los días más grises.
En el segundo momento del retiro, reflexionamos sobre si vivo como Abraham, que dice “hagamos”, o como el hijo pródigo, que dice “hago”. De ahí me quedé con dos palabras que me siguen resonando: suelo y mirada. Suelo, para no perder contacto con lo que soy y con la realidad. Mirada, para no quedarme encerrada en mí, sino mirar hacia el Señor, hacia ese horizonte que no deja de esperarme. Otra vez sentí que siempre hay un Padre que me ve venir y sale a mi encuentro… y eso me conmovió profundamente.
Después de compartir la comida y reír un rato con los demás, tuvimos el tercer momento. Allí sentí algo muy fuerte: que el Reino de Dios no está lejos ni es algo que tengo que alcanzar, sino que ya está dentro de mí. Que no soy yo quien gobierna mi vida, sino el Señor, si lo dejo entrar. Sentí paz, y una confianza muy grande.
Terminamos el día con una Eucaristía compartida. Fue el mejor cierre posible, mirar alrededor y ver a la comunidad reunida, sentirnos uno, y reconocer al Señor presente en cada gesto, en ese Pan que nos une. En ese momento comprendí que la Tierra Prometida no está al final del camino, sino que empieza cuando dejo a Dios caminar conmigo.

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