Avisos Liturgia

Santiago, signo de una Iglesia que vive en comunión

Reflexión para la fiesta de Santiago Apóstol. A la luz de la Santísima Trinidad

En la solemnidad de Santiago Apóstol queremos volver la mirada hacia quien es patrono de esta tierra y hacerlo desde una luz profundamente cristiana: la de la Santísima Trinidad. Contemplar a Santiago desde el misterio trinitario nos ayuda a descubrir que la comunión pertenece al corazón mismo de Dios y que la Iglesia está llamada a reflejar esa misma vida en medio del mundo.

La fe nunca ha sido una experiencia reservada al ámbito privado. Dios llama a cada persona por su nombre, pero la convoca siempre para formar un pueblo. Por eso la vida cristiana encuentra su expresión más auténtica en la comunidad, se fortalece en la fraternidad y alcanza su plenitud cuando se convierte en misión.

La llamada que reúne

Todo comienza a orillas del lago de Galilea. Jesús pasa junto a dos hermanos que remiendan sus redes. Son Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, pescadores de profesión. El Señor fija en ellos su mirada, los llama y ellos, dejando las redes y a su padre en la barca, lo siguen (Mc 1,19-20).

A primera vista podría parecer una escena sencilla. Sin embargo, en ella se revela uno de los rasgos más profundos de la vida cristiana. La iniciativa siempre pertenece a Dios. Santiago no emprende un camino nacido de un proyecto personal; responde a una llamada que lo precede y que transforma por completo su existencia.

La Santísima Trinidad ilumina este acontecimiento. El Padre vive eternamente entregándose al Hijo; el Hijo acoge plenamente ese amor y se devuelve al Padre en una comunión perfecta; el Espíritu Santo es el Amor personal que une al Padre y al Hijo y hace participar de esa misma vida a toda la humanidad. Dios es comunión porque Dios es amor.

La Iglesia nace precisamente de esa comunión. No surge de un grupo de personas que comparten unas ideas o unos intereses comunes. Existe porque Cristo continúa llamando, reuniendo y enviando a quienes escucha pronunciar su nombre con disponibilidad. Como recuerda san Pablo, fuimos elegidos en Cristo antes de la creación del mundo (Ef 1,4), y esa elección sigue haciéndose presente cada vez que alguien descubre que el Señor también pasa por su vida.

Cuando comprendemos esta verdad cambia nuestra manera de mirar la comunidad. Cada persona que cruza el umbral de la parroquia, cada niño que comienza la catequesis, cada familia que pide el bautismo para sus hijos, cada anciano que llega lentamente a la celebración, forma parte de una historia de salvación que Dios ha comenzado mucho antes de que nosotros la percibamos.

La comunidad cristiana está llamada a convertirse en un lugar donde todos encuentren un hogar. Una acogida sincera al recién llegado, una conversación con quien permanece solo después de la Eucaristía, una invitación a participar en la vida parroquial o un gesto de cercanía hacia quien regresa después de muchos años pueden expresar de manera sencilla la comunión que Dios ofrece a todos sus hijos.

La fraternidad que madura

La llamada constituye únicamente el comienzo del camino. Aprender a vivir como hermanos requiere un proceso de conversión que dura toda la vida.

El Evangelio presenta a Santiago con admirable realismo. En una ocasión, él y su hermano Juan piden a Jesús ocupar los primeros puestos en su Reino (Mc 10,35-40). El Maestro aprovecha aquella petición para recordar que la verdadera grandeza se manifiesta en el servicio y en la entrega de la propia vida.

La fraternidad cristiana se construye precisamente ahí, en el espacio donde las ambiciones personales dejan paso al bien común, donde el perdón supera las heridas y donde la paciencia sostiene el crecimiento de todos.

También aquí la Trinidad ofrece el modelo perfecto. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo viven en una comunión donde todo es don recíproco, entrega confiada y amor fecundo. Esa vida divina inspira el modo en que las comunidades cristianas están llamadas a relacionarse entre sí.

Cada día encontramos ocasiones concretas para hacer visible esa fraternidad. Se expresa cuando alguien visita al enfermo que permanece en casa, cuando los miembros de la cofradía comparten con generosidad el trabajo que exige preparar la fiesta, cuando varias familias colaboran en la catequesis de los niños, cuando un vecino se interesa por quien atraviesa un momento de soledad o cuando una palabra serena consigue devolver la paz allí donde había surgido una diferencia.

Estos gestos rara vez ocupan un lugar destacado ante los ojos del mundo. Sin embargo, constituyen el entramado silencioso que mantiene viva la comunión de la Iglesia.

Santiago aprendió este camino junto a Jesús. Aquel deseo inicial de ocupar un lugar de privilegio fue transformándose poco a poco en disponibilidad para servir. La convivencia cotidiana, las correcciones del Maestro y el paso de los años hicieron madurar su corazón hasta convertirlo en un auténtico discípulo.

Cada comunidad recorre hoy ese mismo itinerario. La comunión crece cuando elegimos comprender antes que juzgar, colaborar antes que competir y permanecer unidos incluso en medio de las dificultades.

La misión que nace de la comunión

Toda comunión auténtica lleva en sí misma un dinamismo de apertura. El amor recibido siempre busca comunicarse.

La tradición recuerda a Santiago anunciando el Evangelio hasta los confines del mundo conocido. Su camino culminó con el martirio, convirtiéndose en el primer apóstol que entregó la vida por Cristo, como narran los Hechos de los Apóstoles (Hch 12,2). Aquella muerte constituye el sello definitivo de una existencia plenamente entregada al Señor.

La misión encuentra igualmente su origen en la vida de la Trinidad. El Padre envía al Hijo para la salvación del mundo; el Hijo resucitado envía a sus discípulos; el Espíritu Santo sostiene la misión de la Iglesia y fortalece el corazón de quienes anuncian el Evangelio.

Por eso la misión comienza mucho antes de emprender un viaje. Empieza allí donde una vida transformada por Cristo se convierte en testimonio para quienes la contemplan.

Sucede cuando un joven comparte con sencillez la razón de su esperanza entre sus amigos; cuando una familia abre las puertas de su casa a quien atraviesa un momento difícil; cuando los catequistas transmiten la fe con alegría; cuando la parroquia mantiene abiertas sus puertas para acoger a quienes buscan a Dios con preguntas que todavía no saben expresar.

La fiesta de Santiago también puede convertirse en una ocasión privilegiada para vivir esa misión. Una invitación personal a participar en la celebración, una visita a quienes no han podido acudir por enfermedad, una conversación con quien hace tiempo que se alejó de la comunidad o un gesto de cercanía hacia quien se acerca por primera vez pueden convertirse en el comienzo de un encuentro con Cristo.

Santiago no pasó a la historia por la brillantez de sus discursos ni por la profundidad de sus escritos. Su grandeza nació de haber permitido que el Señor transformara completamente su vida. Esa transformación continúa siendo posible para cada uno de nosotros.

Al celebrar su fiesta podemos guardar en el corazón tres verbos que resumen el camino del discípulo: acoger la llamada de Dios que siempre toma la iniciativa; compartir la vida con los hermanos mediante una fraternidad paciente y generosa; salir al encuentro de los demás llevando con alegría el Evangelio que hemos recibido.

Que Santiago Apóstol interceda por esta parroquia, por la cofradía y por todo nuestro pueblo, para que cada día reflejemos con mayor fidelidad la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, convirtiéndonos en un signo visible de una Iglesia que vive unida en el amor de Dios.

Oración

Padre santo, que nos has llamado a formar un solo pueblo en la comunión de tu amor eterno, te damos gracias por el testimonio de Santiago, apóstol fiel y testigo valiente del Evangelio.

Haz que permanezcamos abiertos a tu llamada, unidos en una fraternidad sincera y disponibles para anunciar a Cristo con nuestra vida. Que, fortalecidos por tu Espíritu, sepamos servir con humildad, amar con generosidad y dar testimonio de la esperanza que hemos recibido.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Grupo Comunicación Parroquia

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Forma parte de la Cofradía de Santiago Apóstol

Hay tradiciones que permanecen vivas porque alguien decide cuidarlas. La devoción a Santiago Apóstol ha llegado hasta nosotros gracias a tantas personas que, generación tras generación, comprendieron que la fe también necesita manos que la sostengan, corazones que la vivan y vidas que la transmitan. La Cofradía de Santiago Apóstol quiere seguir formando parte de esa historia, manteniendo vivo el amor a nuestro patrono y ofreciendo a cuantos lo deseen un grupo parroquial desde el que compartir la oración, crecer en la fe y participar activamente en la vida de nuestra parroquia, porque la devoción a Santiago encuentra su verdadero sentido cuando nos acerca más a Cristo y nos ayuda a vivir el Evangelio en comunidad.

Con ese deseo presentamos el cartel y el tríptico de la Cofradía de Santiago Apóstol. En ellos hemos querido recoger quiénes somos, qué hacemos y por qué seguimos creyendo que merece la pena recorrer este camino juntos. Más allá de los días en los que nuestro patrono recorre las calles de Collado Villalba, la Cofradía permanece presente durante todo el año a través de la oración, la formación, la convivencia, las peregrinaciones, el cuidado de nuestras celebraciones y tantas pequeñas iniciativas que ayudan a mantener vivas las raíces cristianas de nuestro pueblo.

Ojalá estas líneas despierten en muchos el deseo de acercarse a la Cofradía, descubrir que detrás de cada celebración existe un grupo de personas que comparte la misma fe y comprobar que siempre hay un lugar para quien desea poner sus dones al servicio de la Iglesia. Cada nuevo cofrade enriquece este camino, porque la fe crece cuando se comparte y las tradiciones permanecen vivas cuando hay personas dispuestas a seguir escribiendo su historia.

Encomendamos este nuevo paso a la intercesión de Santiago Apóstol y hacemos nuestra la oración que la Iglesia eleva en su festividad:

Dios todopoderoso y eterno, cuyo Hijo Jesús, nuestro Redentor, llamó a Santiago para que dejase las redes y se hiciera pescador de hombres; escucha nuestra oración y fortalece nuestras débiles voluntades, a fin de que seamos como el santo apóstol, fieles a su llamada y anunciemos el Evangelio hasta los confines de la tierra. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

¡Hagamos comunidad!

¡Fortalezcamos nuestra devoción al Apóstol Santiago!

¡Caminemos juntos!

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Magnifica humanitas, primera encíclica de León XIV

La IA al servicio de la humanidad

La primera encíclica de León XIV llega como una campana que resuena en medio del ruido de nuestro tiempo. Mientras el mundo contempla fascinado el crecimiento de la inteligencia artificial, “Magnifica humanitas” recuerda algo que jamás deberíamos olvidar: cada avance técnico encuentra su verdad cuando protege la vida humana, cuando ensancha la dignidad, cuando sirve al bien común y acerca a los pueblos a una fraternidad más verdadera.

Vivimos una época capaz de conectar continentes en segundos y, al mismo tiempo, de dejar corazones enteros en la intemperie. Resulta estremecedor comprobar cómo el ser humano posee un poder inmenso sobre la realidad y, sin embargo, sigue buscando sentido, pertenencia, verdad. León XIV mira este momento histórico con una profundidad inmensa y plantea una pregunta que atraviesa toda la encíclica: ¿qué humanidad queremos construir? Porque la cuestión jamás gira únicamente en torno a las máquinas. La verdadera pregunta habla del corazón que las diseña, de las manos que las financian, de la mirada desde la que se decide su uso.

Babel o Jerusalén

La encíclica contrapone dos imágenes bíblicas profundamente simbólicas. Babel representa la tentación de un poder que desea elevarse prescindiendo de Dios, uniformando, controlando, reduciendo la persona a eficiencia y rendimiento. Jerusalén, en cambio, aparece como la ciudad reconstruida juntos, piedra sobre piedra, desde la responsabilidad compartida, el cuidado mutuo y la comunión. En ese contraste se juega también el futuro de la inteligencia artificial. Cada algoritmo puede convertirse en una torre levantada para el dominio de unos pocos o en una herramienta capaz de sostener la vida, aliviar el sufrimiento, acercar oportunidades y custodiar a quienes más necesitan ser mirados.

El peligro de un poder sin alma

León XIV alza la voz con enorme claridad frente al paradigma tecnocrático que convierte al ser humano en dato, consumo o mercancía. Recuerda que la tecnología jamás es neutral porque siempre adopta el rostro de quien la utiliza. Cuando el poder digital queda concentrado en manos privadas capaces de influir sobre economías, imaginarios colectivos y decisiones políticas, la humanidad entera entra en un terreno profundamente delicado. Entonces la Iglesia vuelve a proclamar algo esencial: la persona vale más que cualquier sistema, más que cualquier beneficio, más que cualquier lógica de mercado.

El trabajo humano sigue siendo sagrado

Resulta especialmente luminosa la defensa del trabajo humano. En una era marcada por la automatización y la precariedad, la encíclica insiste en que el trabajo jamás puede reducirse a productividad. En él habita creatividad, dignidad, participación, cuidado de la familia y construcción social. Cada trabajador lleva dentro una historia sagrada que merece respeto.

Desarmar la inteligencia artificial

También resuena con fuerza su llamada a la paz. León XIV invita a desarmar la inteligencia artificial, a superar la lógica de la “guerra justa” y a recuperar el diálogo, la diplomacia y el multilateralismo como caminos auténticamente humanos. Frente a una cultura del poder que normaliza la guerra y convierte la fuerza en criterio absoluto, el Papa propone la civilización del amor, donde la justicia y la paz vuelvan a abrazarse.

Permanecer profundamente humanos

Quizá el centro más conmovedor de toda la encíclica aparece cuando afirma que ninguna máquina podrá sustituir jamás el esplendor de la humanidad habitada por Dios. Porque seguimos necesitando una mirada que comprenda, una presencia que acompañe, una conciencia capaz de amar, una libertad que elija el bien incluso cuando resulta costoso. Ahí permanece el misterio irrepetible de la persona humana.

“Magnifica humanitas” llega como una llamada profética para este tiempo, un recordatorio de que el futuro todavía puede edificarse desde la verdad, la justicia y la fraternidad. Y quizá ahí, precisamente ahí, comienza la esperanza más grande: descubrir que todavía estamos a tiempo de construir un mundo donde la inteligencia avance sin que el corazón se quede atrás.

Puedes leerla completa haciendo clic aquí:

 

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Madrid se prepara para recibir al Papa León XIV (Agenda oficial)

Ya se ha publicado la agenda oficial de la visita del Papa León XIV a Madrid, que tendrá lugar del 6 al 9 de junio de 2026, dentro de su Viaje Apostólico a España. Serán unos días intensos para la vida de la Iglesia, marcados por la oración, el encuentro y la presencia del Santo Padre en distintos ámbitos de la sociedad y de la diócesis.

La programación incluye algunos de los momentos más significativos de esta visita histórica: la recepción oficial en Madrid, la vigilia con jóvenes en Plaza de Lima, la celebración del Corpus Christi en la Plaza de Cibeles, encuentros institucionales y culturales, la oración en la Catedral de la Almudena, el gran encuentro diocesano en el Santiago Bernabéu y el encuentro con voluntarios antes de partir hacia Barcelona.

Entre los actos más destacados:

• Sábado 6 de junio: llegada del Papa a Madrid, bienvenida oficial y vigilia juvenil.
• Domingo 7 de junio: Santa Misa y Procesión del Corpus Christi en Cibeles y encuentro con el mundo de la cultura.
• Lunes 8 de junio: encuentros institucionales, oración en la Almudena y gran encuentro diocesano en el Santiago Bernabéu.
• Martes 9 de junio: encuentro con voluntarios y despedida de Madrid.

Desde nuestra parroquia iremos preparando estos días con ilusión y comunión eclesial. Más adelante se ofrecerá información concreta sobre posibles formas de participación, peregrinación y seguimiento de los distintos actos.

La agenda oficial completa puede consultarse en la página de la Archidiócesis de Madrid:

https://www.archimadrid.org/index.php/oficina-de-informacion/noticias-madrid/conoce-agenda-oficial-papa-leon-xiv-madrid

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San José Obrero

La plaza 1º de Mayo, en el barrio del Gorronal, se ha convertido en lugar de encuentro y celebración en la fiesta de san José Obrero. Allí, en medio de la vida cotidiana del barrio, se ha celebrado la Eucaristía presidida por nuestro párroco, D. Luis Murillo, en un clima de cercanía, sencillez y profunda comunión.
La figura de san José ha iluminado toda la celebración. Presentado como un hombre hábil con sus manos, disponible para las reparaciones y las necesidades concretas de quienes le rodeaban en Nazaret, ha aparecido ante todos como un trabajador silencioso, fiel y comprometido. Su vida, tejida de gestos sencillos y constantes, se convierte en referencia para comprender la dignidad del trabajo vivido desde el servicio y el amor.
Durante la homilía, la mirada se ha dirigido con especial sensibilidad hacia quienes atraviesan situaciones de desempleo o viven con dificultad el acceso a un trabajo digno. El recuerdo de estas realidades ha resonado con hondura en un barrio que conoce de cerca el esfuerzo diario por salir adelante. Al mismo tiempo, las palabras del párroco han llegado con calidez a las personas mayores y enfermas, reconociendo su valor y su lugar insustituible en la comunidad.
Uno de los momentos más significativos ha sido la bendición de todas las familias del Gorronal. En ese gesto, sencillo y lleno de contenido, se ha expresado el deseo de que cada hogar sea espacio de vida, de cuidado y de esperanza compartida.
La celebración ha estado acompañada por el coro de la Casa de Extremadura, que ha aportado alegría y belleza a la liturgia, ayudando a que la oración se hiciera canto y expresión viva del pueblo reunido.
También ha tenido un lugar especial el reconocimiento a las mujeres, a las madres y a tantas personas jubiladas que forman parte esencial de la vida del barrio. La palabra “jubilado”, vinculada al júbilo, ha resonado como una invitación a descubrir la riqueza de esta etapa de la vida. De manera particular, se ha puesto en valor el trabajo de las amas de casa, presentado como una labor auténtica, entregada y fundamental para el sostenimiento de las familias y de la sociedad.
La Eucaristía celebrada en la plaza ha sido, así, un reflejo del Evangelio encarnado en la vida real del barrio: trabajo, esfuerzo, cuidado mutuo y fe compartida que sigue dando sentido a cada día.

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Inscripciones visita del Papa León

Como ya sabéis, el Papa León XIV viene a Madrid, y eso, para nosotros, tiene un peso que va más allá de la noticia, más allá del titular o de la agenda. Es de esas cosas que uno siente que merecen un momento de pausa, de preguntarse si quiere estar o quedarse mirando desde lejos.

Desde la parroquia queremos cuidar ese gesto sencillo de acercar la posibilidad a quien lo desee. Cada uno irá por su cuenta, con sus tiempos, con su manera de organizarse, como tantas veces hacemos en la vida cuando algo merece la pena. Desde la parroquia no se pondrán autobuses. Aun así, os facilitamos el camino con un enlace donde inscribirse, para que nadie se quede fuera por no saber cómo hacerlo:

Inscripciones: https://inscripciones.conelpapa.es/inscripcion/inscritos

Porque esto va de eso, de estar; de que cuando el Papa León XIV levante la mirada sobre Madrid, haya rostros conocidos entre la multitud, gente de aquí, de esta parroquia, que durante unos días va a respirar distinto. Hay encuentros que dejan marca, que uno recuerda años después y piensa: yo estuve allí, lo viví, formé parte de algo que me superaba y, aun así, me sentí parte de ello. Este puede ser uno de esos momentos, de los que no se planean del todo y luego se atesoran.

La fe también se vive así, en comunidad, en movimiento, saliendo de lo de siempre para encontrarse con algo que nos une más de lo que imaginamos. A veces hace falta una convocatoria así, grande, visible, para recordar que no caminamos solos.

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Caminando juntos… hasta aquí, y más allá

Iniciábamos un 3 de septiembre de 2024 con un título sencillo y esencial: “La importancia de la oración diaria”. Quizá entonces no imaginábamos del todo hasta dónde nos iba a llevar aquel comienzo. Solo sabíamos que queríamos abrir, cada martes, un pequeño espacio de encuentro, una pausa en medio de la semana, una palabra que ayudara a sostener la fe, a avivar la esperanza y a seguir viviendo desde el amor como comunidad parroquial. Así nació “Caminando juntos…”, y así hemos continuado durante los cursos 2024-2025 y 2025-2026, compartiendo un total de 75 entradas que han querido acompañar, iluminar y alentar nuestro camino creyente.

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Feliz Pascua de Resurrección

¡Feliz Pascua de Resurrección!

Queridos hermanos en Cristo Resucitado:

Qué bello saber que la Iglesia nos regala una semana de Fiesta Pascual, en la que litúrgicamente cada Eucaristía es la misma del Domingo de Resurrección. Esto nos dice que la alegría que hay en nuestros corazones no puede quedarse en un solo día, en una celebración, sino que, como bien dice el Prefacio de Pascua, “con esta efusión de gozo Pascual” asistimos a esta octava de Pascua y a la cincuentena Pascual.

Estos días de Pascua están marcados en el evangelio por las apariciones del Resucitado a sus amigos, a María Magdalena, a los doce apóstoles en varias ocasiones.

Quiero destacar el encuentro del Resucitado con sus amigos en la aparición del lago de Tiberíades (Juan 21).

Los discípulos regresan a lo que sabían hacer toda la vida, pescar. Llama la atención que aún en aquello que se consideraban muy diestros, necesitarán del Señor para poder hacerlo de nuevo, no habían podido pescar nada, y Jesús les indica “echad las redes a la derecha y encontraréis”.  Un bello mensaje para nosotros, después del encuentro con Él, ya nada es igual, siempre él será el Maestro y nosotros aprendices como dice Isaías “oídos de discípulo y lengua de iniciado” (Is. 50,4).

A veces vivimos la Pascua como re-sabidos de muchas cosas, y es entonces cuando nos damos cuenta que hemos pasado por la Pascua, pero la Pascua no ha pasado por nosotros. Las bellas celebraciones a las que asistimos nos muestran un camino de encuentro con Cristo en los hermanos, en la eucaristía, en la comunidad parroquial con sus lentos procesos, en los pobres a quienes servimos.

Os invito a continuar con esta “efusión de gozo Pascual”, a llevar vida a todo aquel que encontremos a nuestro paso, y a cada instante pedir al Señor la gracia de la humildad en el servicio donde la Gloria solo sea para Él.

Continuemos preparando los corazones, con la luz de la Pascua, para llegar con fuego en nuestro corazón a Pentecostés.

En Cristo Luis Murillo

Párroco.

 

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