Ha pasado

Cuando el Evangelio sonríe

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

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Catequesis del Papa León XIV: La Pascua da esperanza a la vida cotidiana

Catequesis del Papa León XIV: La Pascua da esperanza a la vida cotidiana (miércoles, 05 de noviembre de 2025)

Resumen leído por el Santo Padre en español:

Queridos hermanos y hermanas:

En esta catequesis reflexionamos sobre la esperanza que representa la Pascua de Jesús en nuestra vida cotidiana. La resurrección de Cristo no es un acontecimiento del pasado, la Iglesia nos enseña a hacer memoria viva de este misterio en cada Celebración eucarística, en la que se realiza de manera plena la promesa del Señor resucitado, de permanecer con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

El anuncio pascual colma nuestra vida de alegría y de paz, sana nuestras heridas y alimenta nuestra esperanza. Meditando el misterio de la resurrección encontramos respuesta a nuestra sed de significado, a nuestra búsqueda del sentido de la vida. En Jesucristo encontramos con seguridad la estrella polar hacia la cual orientar nuestra existencia, superar los límites de nuestra frágil humanidad y afrontar los desafíos que se nos presentan cada día a nivel personal y comunitario, tendiendo hacia el infinito y hacia lo eterno.

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Los que amaron sin aplausos

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

Los que amaron sin aplausos

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Convivencia: Sé sal y luz para el mundo

SÉ SAL Y LUZ PARA EL MUNDO

Con este lema comenzábamos nuestra aventura de fin de semana para profundizar en esa llamada de Jesús y tomar conciencia de nuestro compromiso como cristianos, el cual renovarán cuando reciban el sacramento de la Confirmación.

El viernes salíamos desde los salones parroquiales rumbo a Becerril de la Sierra, a un complejo natural propiedad de los Agustinos, donde nos alojamos en un albergue fantástico rodeado de naturaleza. Nada más llegar, estuvimos haciendo un resumen de estos tres años de catequesis para ser conscientes de todo lo que hemos crecido y ver el paso de Dios en nuestras vidas, cómo nos ha ido acompañando. También profundizamos en el sacramento de la Confirmación, en los ritos y en todos los símbolos que se utilizan en la celebración, para conocer la riqueza de la liturgia y la belleza del rito. Después estuvimos jugando a diferentes juegos para descargar toda la adrenalina que teníamos contenida, hacer grupo y pasar un rato increíble riéndonos y disfrutando.

A continuación, compartimos la cena que trajimos cada uno de casa y, después, tuvimos un momento muy especial. Rezamos ante Jesús Sacramentado en una adoración en el albergue, ambientada con mucha delicadeza y con la presencia del padre Adrián, donde estuvimos cara a cara con Jesús. Le presentamos toda nuestra vida, nuestro corazón, y le pedíamos que nos dijera qué quiere de nosotros, cómo quiere que seamos sal y luz para este mundo que tanto necesita del amor de Dios. Una vez retirado el Santísimo, nos fuimos a descansar y a reponer fuerzas para disfrutar todo lo que nos quedaba de convivencia.

Al día siguiente nos levantamos con música a todo trapo, católica por supuesto, e hicimos deporte con el frescor de la mañana para activarnos un poquito. Después del desayuno, tuvimos un momento de desierto y examen de conciencia, al cual se unieron los adultos que se van a confirmar con este grupo de jóvenes, donde hicimos un repaso de nuestra vida, miramos dentro de nuestro corazón para ser conscientes de si estábamos poniendo a Jesús en el centro y tuvimos el gran regalo de poder confesarnos con los sacerdotes Luis, Apolinar y Adrián.

Una vez liberados gracias al sacramento de la Reconciliación, compartimos una eucaristía en la capilla del complejo de las hermanas Agustinas, presidida por el padre Adrián. Después de una comida espectacular, preparada por nuestras maravillosas cocineras, tuvimos un rato de sobremesa fantástico, en el cual los adultos que se van a confirmar nos hablaron de su testimonio y de las razones por las que se querían confirmar.

Luego, tras un momento de tiempo libre y descanso, estuvimos repartiendo las tareas importantes de la celebración de la Confirmación, así como eligiendo el lema y cuidando cada detalle del rito. Despedimos a los adultos y tuvimos una gymkana sobre los símbolos que hemos empleado en estos tres años de catequesis: la llave, el Padre Nuestro, la vela, el Evangelio, el ladrillo y la cruz, los cuales nos han acercado mucho al Señor y a su Iglesia.

El día terminó con los testimonios de nuestros jóvenes de la parroquia, que vinieron a cenar con nosotros y compartieron su experiencia con el Señor, contando cómo la parroquia era esa familia donde el amor de Dios se hace presente. Cerramos el día rezando completas y nos fuimos a dormir, dejando reposar tantas emociones vividas.

El domingo ya nos tocaba recoger. Hicimos una oración compartiendo lo que han sido estos tres años de camino en Confirmación, dando gracias a Dios por haber estado acompañándonos y saliendo a nuestro encuentro, como en Emaús, por la experiencia de fe que nos llevamos, y terminábamos con una canción donde descubríamos la grandeza de la sencillez. Es en esa sencillez donde encontramos a Dios.

De vuelta a la parroquia celebramos la Eucaristía con nuestra comunidad de la Santísima Trinidad y regresamos a casa para reposar todo lo vivido.

Gracias a todos: catecúmenos, catequistas, sacerdotes, grupo de adultos y sus catequistas. También agradecer a las cocineras, y a nuestra comunidad, que nos sostiene con sus oraciones. En definitiva, gracias a Dios por hacer todo esto posible.

Puedes ver algunas fotos en flickr:

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Catequesis del Papa: El diálogo interreligioso

Catequesis del Papa León XIV: El diálogo intereligioso (miércoles, 29 de octubre de 2025)

Resumen leído por el Santo Padre en español:

Queridos hermanos y hermanas, peregrinos en la fe y representantes de las diversas tradiciones religiosas:

Nuestra reflexión está dedicada al diálogo interreligioso cuyo centro es el diálogo del Señor Jesús con la mujer samaritana: «Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad».

La esencia del auténtico diálogo interreligioso son las personas que se abren y escuchan recíprocamente con sinceridad. Este diálogo nace de la sed que tiene Dios del corazón humano y de la sed que la humanidad tiene de Dios. Es un diálogo no limitado a un lugar específico: «ni en esta montaña ni en Jerusalén» sino que se establece «en espíritu y en verdad».

La Declaración conciliar Nostra aetate ―de la cual celebramos el sesenta aniversario de su promulgación―, nos enseña a ver a los seguidores de otras religiones como compañeros en el camino hacia la verdad; a honrar las diferencias afirmando nuestra humanidad común.

Queridos hermanos y hermanas, sesenta años después de Nostra aetate, ¡actuémos juntos!. Transmitamos el espíritu de amistad y colaboración entre religiones a la generación futura, porque es el verdadero pilar del diálogo.

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Santos de carne y barrio

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

Santos de carne y barrio

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Catequesis del Papa: La resurrección de Cristo, respuesta a la tristeza del ser humano

Catequesis del Papa León XIV: La resurrección de Cristo, respuesta a la tristeza del ser humano (miércoles, 22 de octubre de 2025)

Resumen leído por el Santo Padre en español:

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy continuamos reflexionando sobre la resurrección de Jesucristo. Este acontecimiento central de nuestra fe puede curar una de las enfermedades de nuestro tiempo, que es la tristeza. Se trata de un sentimiento de pena, de vacío, que nos lleva a perder el sentido y la fuerza de la vida, provocando en nuestros corazones desolación y desesperanza.

Un ejemplo de cómo Jesús sana nuestra tristeza podemos encontrarlo en el relato de los discípulos de Emaús. Después de la muerte de Jesús, ellos se van de Jerusalén. En el camino, el Señor sale a su encuentro, escucha su aflicción y, como la tristeza no les deja reconocerlo, les explica las Escrituras, para que comprendan el misterio de la cruz y sus corazones se abran a la esperanza. Por eso, a pesar de que cae la noche, los discípulos le piden que se quede con ellos y, al reconocerlo en la fracción del Pan, renace la alegría. Jesús ha resucitado y eso cambia todo. Él nos ha salvado y nos salva, infundiendo una nueva esperanza en nuestras vidas.

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Formación Parroquial 2025-2026

El martes 28 de octubre iniciaremos un tiempo de gracia para nuestra parroquia, un camino de formación que quiere transformar nuestra mirada y renovar el corazón. Este curso 2025-2026 se abre ante nosotros como una invitación a crecer, a dejar que la fe se vuelva aprendizaje compartido y a descubrir en comunidad la alegría de creer.

El primer módulo, La alegría del Evangelio, nos llevará al centro del mensaje cristiano: el gozo que brota del encuentro con Cristo. Nuestros vicarios parroquiales, don Adrián y don Apolinar, junto con doña Margarita, nos acompañarán para adentrarnos en este documento que es más que un texto: es un impulso de vida que anima, renueva y fortalece la misión de la Iglesia. Que cada sesión nos ayude a vivir la fe con entusiasmo, a encontrar en el Evangelio esa alegría serena que enciende la esperanza y hace fecundo el servicio cotidiano.

El segundo módulo nos invitará a contemplar el Apocalipsis, ese libro que, leído con fe, revela la esperanza más luminosa. Don Adrián y don Luis serán nuestros guías en este viaje simbólico y profético donde la victoria del amor de Dios se despliega ante nuestros ojos, sanando la historia y nuestra propia historia. Cada palabra nos recordará que la esperanza no es un sentimiento frágil, sino la certeza de que el futuro pertenece a Aquel que vence y redime.

El tercer módulo, tan esperado y entrañable, se centrará en la felicidad. Nuestro párroco don Luis nos ayudará a descubrir que la felicidad no se compra ni se alcanza entre ruidos, sino que germina cuando el alma se aquieta y se encuentra con la verdad profunda de Dios. Psicología y espiritualidad se dan la mano para mostrarnos que la alegría auténtica florece en lo sencillo, en la gratitud y en la paz que brota de saberse amado.

Las sesiones se celebrarán de forma quincenal para dejar espacio a la escucha y a la oración, para que lo aprendido se convierta en vida. Deseamos que esta formación sea una semilla de fe madura, que fortalezca nuestra comunidad y nos impulse a vivir con esperanza. Comenzamos este curso con alegría y confianza, sabiendo que Dios camina con nosotros, renovando nuestro ser y nuestro servicio día tras día.

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Dilexi te: sobre el amor hacia los pobres

En el corazón de la nueva Exhortación Apostólica Dilexi te —“Te he amado” (Ap 3,9)—, el Papa León XIV nos invita a redescubrir la ternura del amor de Dios que no teme inclinarse ante la fragilidad humana. No es una carta más: es un gesto de cercanía, un acto de misericordia que deja oír la voz del Señor allí donde la herida duele y la esperanza escasea. En ese “te he amado” resuena todo el Evangelio que abraza a los pequeños, los mira con afecto y los llama por su nombre. Porque Jesús, al identificarse con ellos, nos revela el rostro concreto del amor divino: un amor que se arrodilla ante la vida y la acompaña en su pobreza.

El Papa recuerda con fuerza que la opción por los pobres no nace de una ideología, sino del corazón mismo de Dios. En los pobres, Él sigue teniendo algo que decirnos (DT 5). Y cuando la Iglesia se decide a escucharles, algo dentro se renueva: se purifica, se vuelve más sencilla, más evangélica (DT 7). Así se abre esta exhortación, uniéndonos al latido profundo del amor de Cristo y a la llamada a servir a los que más sufren, como dos notas inseparables de una misma melodía.

Una Iglesia que camina con los pobres

Desde sus primeros pasos, la Iglesia ha reconocido en los pobres la presencia viva de Dios. No se trata de filantropía; es un misterio de revelación. Ya en las Escrituras, el Señor se muestra como el amigo y defensor de los pequeños, el que escucha su grito y actúa en su favor (DT 17). Jesús lleva esa historia a su plenitud: nació sin techo, caminó sin seguridades y murió fuera de la ciudad para abrazar toda fragilidad humana.

En Él comprendemos que la pobreza no es sólo una falta, sino un lugar donde Dios se deja encontrar. Por eso el Papa dice que los más pobres no son objetos de compasión, sino maestros del Evangelio (DT 79). En sus rostros habita una sabiduría serena, una fe silenciosa que sostiene al mundo. No vamos hacia ellos para llevar a Dios: vamos para descubrirlo ya presente, en medio de sus luchas y de sus esperanzas (DT 109).

La tradición viva de la misericordia

La historia de la Iglesia está tejida con gestos sencillos de amor. Desde san Basilio y san Benito hasta santa Luisa de Marillac o san Juan de Dios, incontables hombres y mujeres han encarnado la ternura de Dios junto a los enfermos, los presos, los pobres y los migrantes. El Evangelio, recuerda Dilexi te (DT 38), sólo se anuncia bien cuando toca las llagas de los últimos.

Esa corriente de misericordia no pertenece al pasado. Late en cada hospital que acoge, en cada casa que comparte el pan, en cada comunidad que abre la puerta sin preguntar quién toca. Los pobres son, como insiste el Papa, el verdadero tesoro de la Iglesia, su riqueza más honda y la medida constante de su fidelidad.

El desafío de una Iglesia samaritana

El texto concluye con una llamada profética: mirar el mundo desde el camino del Buen Samaritano. La indiferencia, el descarte y el abandono son heridas que el Evangelio quiere curar, invitándonos a detenernos, tocar, cuidar y hacernos prójimos (DT 105–107). La misericordia no puede esperar.

Por eso el Papa sueña con una Iglesia que ponga el amor por encima de las fronteras, que no tenga enemigos ni muros, que vea en la fragilidad un lugar de encuentro con Dios (DT 120). En esa dirección, cada comunidad está llamada a examinar cómo mira, cómo sirve y cómo comparte.

Ser discípulos hoy es escuchar el clamor de los pobres y responder con gestos que devuelvan dignidad. Es pasar de la compasión superficial a la comunión fraterna, del asistencialismo al acompañamiento, de las palabras al testimonio. Y, sobre todo, creer que en cada vida herida Dios sigue susurrando su promesa más antigua y más viva: “Te he amado”.

Te invitamos a leer y meditar Dilexi te. Tal vez sus páginas nos ayuden a cambiar la mirada y a descubrir que el Evangelio sigue naciendo allí donde alguien se atreve a amar sin condiciones.

Haz clic para leer: Exhortación apostólica Dilexi te

También compartimos las siguientes infografías por si facilita la lectura:

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