Ha pasado

Un año entregado en presencia del Señor

El 31 de diciembre, la comunidad parroquial nos hemos acercado al final del año como quien entra descalzo en tierra sagrada, despacio, con el corazón despierto y la vida entera a la vista. Nos reunimos ante el Santísimo para dejar que la luz del Señor ilumine el camino recorrido, los gestos compartidos y esos silencios que también han tenido voz. En esa presencia que sostiene y envuelve, vivimos un encuentro hondo y verdadero, una pausa habitada que permitió reconocer que cada paso dado guarda un sentido mayor cuando se presenta ante Dios con humildad y confianza. Este momento de oración se convirtió en umbral y descanso, en el cierre sereno de un Año Jubilar que ha atravesado a la comunidad como una llamada a la misión parroquial, a la conversión del corazón, a la reconciliación profunda y a una esperanza encarnada en lo cotidiano.

El inicio llegó con la petición de perdón, pronunciada desde un deseo sincero de vivir con el corazón unificado, en paz por dentro y por fuera. Dejamos que la misericordia de Dios ordenara aquello que a veces aparece disperso en la vida personal y comunitaria. Fue un gesto sencillo y valiente, nacido de la verdad compartida, como quien confía su historia a Aquel que la conoce entera, la acoge con ternura y la recrea con amor. Desde ahí brotó el agradecimiento, de manera natural y profunda, casi como una respiración del alma. Al mirar el año con los ojos de Dios, reconocimos la vida que ha florecido, las presencias fieles que han sostenido el camino y las semillas que germinaron incluso en terrenos cansados. Dar gracias fue reconocer la presencia de Dios en cada fragilidad, en cada esfuerzo, en la entrega callada de tantos corazones que hacen posible la vida comunitaria.

El momento más intenso llegó al poner en manos del Señor la vida que se abre ante nosotros en el 2026. Lo hicimos desde una confianza serena, dejando que la esperanza tomara forma concreta. Cada proyecto, cada deseo profundo, cada inquietud fue ofrecida como ofrenda viva, con la certeza de que Dios cuida lo que se le confía y guía los pasos de quienes caminan sostenidos por Él. El padre Adrián acompañó este tiempo con palabras cercanas y oración profunda, ayudándonos a entrar en ese espacio interior donde Dios habla al corazón y lo ensancha. Su presencia fue un regalo que sostuvo el ritmo de la oración y condujo hacia la bendición final, recibida como envío y como impulso suave para comenzar el nuevo año con el alma en paz y la mirada abierta.

Este cierre orante ha sido un regalo para la comunidad, una experiencia vivida desde dentro que recuerda que la fe se celebra, se agradece y se confía. Entramos en el 2026 con el corazón habitado por la bendición recibida, con la certeza de que caminar juntos y ponernos en manos de Dios transforma el tiempo en gracia y la vida en promesa que se despliega.

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Mensaje de Año nuevo 2026

Queridos hermanos:

Compartir el tiempo y el espacio es una Gracia, que nos lleva a ciclos vitales que terminan e inician. Terminamos un año lleno de bendiciones para los ojos que supieron ver obra de Dios en todo lo que aconteció en nuestras vidas y nuestra sociedad “todo sucede para bien de los que aman al Señor” (Rm 8, 8)

Este año 2026, es una oportunidad, un Kairós, un tiempo de Gracia para continuar alabando a Dios con nuestras obras. No basta solo con celebrar y tomarse las uvas, es necesario un corazón abierto a lo nuevo, a lo que Dios nos regale.

Hoy quiero pedir en especial por las familias, por la unidad entre sus miembros, por aquellos que están recién llegados a nuestro país en busca de oportunidades, para que sean acogidos. Por los enfermos que sean atendidos con dignidad y se mitigue su dolor. Por todos aquellos que aún no encuentran trabajo, que llegar a fin de mes se hace difícil.

Fin de año, es un momento para cerrar los ojos, contactar con el corazón y dar gracias, un momento de pedir bendiciones. Se abre una nueva etapa en nuestras vidas, que de igual manera se abran nuestros corazones, como nos abrió a la esperanza este Jubileo que ahora terminamos.

Doy gracias por los hogares visitados durante la misión parroquial, por quienes abrieron sus casas para recibir la Palabra, que Dios obre en ellos y sus familias. Doy gracias por los misioneros quienes entregaron su tiempo y dedicación a compartir la fe.

Cada uno de nosotros, tenemos una misión especial, insustituible, como agentes de pastoral en los diferentes grupos, construyamos una parroquia unida, misionera, que reverencia el Misterio de Dios en medio de nosotros.  Nunca perdamos de vista que es Jesucristo quien nos convoca en cada actividad que preparamos.

Un comienzo, una fecha, un calendario, marca metas ya trazadas, aun así, dispongámonos a que «el Espíritu sople donde quiera y como quiera» (Jn 3, 8)

¡Que tengáis todos un Feliz Año Nuevo 2026!

Luis Murillo Madrigal

Párroco

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Oración nochebuena

En esta Noche Santa, cuando nuestros hogares se llenan de luz, de mesa compartida y de nombres queridos, desde la parroquia queremos acompañarte con esta oración para rezar en familia. Al cerrar el Jubileo de la Esperanza, nos unimos como comunidad que camina junta, aun estando en casas distintas, para acoger al Niño que nace y renovar en Él nuestra confianza.

Que este momento de oración, sencillo y cercano, nos ayude a abrir el corazón a Jesús, a dar gracias por lo vivido y a poner en sus manos nuestras alegrías, cansancios y deseos. Rezamos unidos, como familia parroquial, para que la esperanza que brota de Belén siga sosteniendo nuestra vida y nuestros hogares.

Te invitamos a hacer un pequeño silencio, encender una vela si lo deseas, y rezar juntos esta oración antes de la cena o junto al belén.

Feliz y santa Navidad:

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Cuando Dios se hace pequeño, todo cambia

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

Cuando Dios se hace pequeño, todo cambia

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Mensaje de Navidad

Queridos hermanos:

Terminamos un año especial marcado por el Jubileo “Peregrinos de la Esperanza”. Un tiempo en el que disfrutamos de la presencia del Señor en nuestras vidas.

En esta fiesta de Navidad, en que Cristo renueva su compromiso de Amor con cada uno de nosotros y nos renueva la esperanza. Pedimos al Señor por cada familia, para que la paz que solo Dios sabe dar habite en nuestros corazones.

Caminar en esperanza es lo que nos hace sentirnos hermanos. Que estas navidades traigan para todo el pueblo, en especial los más vulnerables, un sentido de solidaridad.

Os invito a: Honrar, agradecer y reverenciar. Honrar lo vivido este año, sabiendo que algo hemos aprendido, agradecer que lo hemos podido vivir, y reverenciar lo que de Presencia de Dios ha habido en todo ello.

Que este nuevo año 2026, sea próspero para todos nosotros. Te invito a poner cada proyecto en las manos de Dios, así, bendecido, dará los frutos que sean más convenientes para nuestro corazón.

Que Dios os bendiga a todos.

Con afecto en Cristo:

P. Luis Murillo

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En Adviento: celebrar

Celebrar es acoger la presencia de Dios en lo pequeño

La cuarta semana de Adviento llega con un tono que siempre sorprende un poco: no es todavía Navidad, pero algo en el ambiente empieza a tomar forma, como si la espera hubiese ido abriendo un hueco por dentro y ahora ese hueco empezara a llenarse de una luz más firme. La corona ya casi completa invita a mirar con calma lo que hemos recorrido; y este domingo propone una palabra que, entendida desde lo cotidiano, tiene mucha más hondura de la que parece: celebrar. Y celebrar, en clave de Adviento, es acoger la presencia de Dios en lo pequeño, en lo que a veces pasa silencioso y sin llamar la atención.

Celebrar no es ruido ni fiesta fácil. Es reconocer que el amor se ha hecho cercano y que Dios habita entre nosotros de una manera que no desborda, pero transforma. Es esa especie de plenitud interior que aparece cuando uno se detiene un momento y comprende que, a pesar de los días pesados, la vida está habitada. Este domingo recuerda que celebrar empieza mucho antes de los villancicos: empieza cuando uno percibe que lo que esperaba se está cumpliendo en lo íntimo, aunque externamente todo siga igual.

José es una imagen preciosa para esta semana. Acoge el misterio sin entenderlo del todo. Cree y confía, aunque la luz sea todavía tímida. Actúa sin ruido, y esa manera suya de actuar enseña que celebrar no es mostrar, sino reconocer. Reconocer que Dios cumple sus promesas de un modo que no siempre coincide con nuestros esquemas. Reconocer que la presencia divina muchas veces llega en lo pequeño: en un silencio que reconforta, en una palabra sencilla, en ese gesto que alguien hace sin darse importancia.

Celebrar en Adviento tampoco es ignorar lo que duele. Es más bien mirar las sombras sin miedo, porque uno sabe que la luz ya está dentro. Celebrar es reconocer que el amor ha vencido a tantas cosas que antes parecían inamovibles. Que la fidelidad tiene sentido. Que incluso la fragilidad, cuando es habitada por Dios, se convierte en un lugar de belleza distinta. Todo esto no se grita; se vive en la hondura, en lo que cada uno lleva en su propia historia.

Esta semana, celebrar se nota en gestos pequeños, casi imperceptibles. En quien prepara algo con cariño para otro sin decirlo. En quien llega a la parroquia cansado, pero se queda un momento mirando la corona encendida porque algo de esa luz le sostiene. En quien comparte una alegría sencilla, de esas que nacen sin premeditación, solo porque algo bueno ha brotado por dentro. Son signos muy discretos, pero suficientes para recordar que Dios ya está aquí, que no viene desde lejos, sino desde lo íntimo.

Hoy, celebrar es abrir el corazón a la presencia de Jesús que llega sin ruido. Celebrar es hacer sitio, compartir con los demás una alegría que no depende de grandes cosas, sino de lo esencial. Celebrar es convertir cada gesto de amor, por pequeño que sea, en un anticipo real de la Navidad. Porque cuando uno acoge la presencia de Dios en lo pequeño, descubre que la luz no solo viene, sino que ya ha empezado a habitarlo todo.

 

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Catequesis del Papa León XIV: La Pascua como destino del corazón inquieto

Catequesis del Papa León XIV: La Pascua como destino del corazón inquieto (miércoles, 17 de diciembre de 2025)

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

Jesús crucificado y resucitado nos hace una promesa: el corazón que lo busca no quedará desilusionado. Su Palabra nos ayuda a entender que, en medio de los compromisos de cada día, con alto riesgo de dispersión, desesperación o de falta de sentido, estamos invitados a volver a lo esencial de nuestra existencia.

El Señor nos recuerda que no somos máquinas sino hombres y mujeres con un corazón, que es la síntesis de nuestros pensamientos, sentimientos y afectos. Es el centro de nuestra persona: «Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón», nos dice el Evangelio.

De este modo, la vida del Resucitado guía el corazón inquieto a la fuente del gozo que no termina ni decepciona: el Dios amor. A Él se llega amando al hermano de carne y hueso, en cuyo rostro encontramos a Cristo mismo.

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Festival Navidad 2025

El pasado sábado 13 de diciembre celebramos el festival de Navidad, el cual, quedó marcado por una alegría que se abría paso sola, sin necesidad de explicarse, porque cuando una comunidad se reúne para celebrar, la fe se vuelve visible y cercana. En el centro de todo estuvo la algarabía de los niños, esa forma tan suya de habitar la fiesta con el cuerpo entero, con risas que contagian y con una emoción que atraviesa generaciones. Subieron al escenario con ilusión limpia y con una entrega que hablaba de tiempo compartido, de ensayos cuidados y de acompañamiento paciente, y lo hicieron respetando con una naturalidad admirable el orden de participación, esperando su momento con una mezcla de nervios y orgullo que enternecía a quien miraba.

Cada número fue recibido con aplausos sinceros y con una atención respetuosa, creando un clima donde todos se sabían parte de algo más grande, donde nadie tenía que imponerse para brillar porque cada aportación encontraba su lugar. Entre actuación y actuación, los sorteos de cestas navideñas añadieron un tono festivo lleno de sentido, vividos con expectación y sonrisas compartidas, sabiendo que lo recaudado quedaba destinado a los más jóvenes de la parroquia, como una forma concreta de cuidar el presente y sembrar futuro.

Los distintos grupos parroquiales fueron dando forma a una celebración coral, diversa y profundamente unida, donde la alegría se expresó de mil maneras y donde la Navidad dejó de ser un concepto para convertirse en experiencia compartida. Todo transcurrió con un respeto que hablaba de comunidad madura, de cuidado mutuo y de una fe que se aprende viviéndola juntos.

Al terminar, quedaba en el ambiente algo difícil de nombrar y fácil de reconocer: la certeza de haber compartido algo verdadero. Una parroquia que celebra así se sabe viva, se sabe familia y se sabe enviada a seguir construyendo esperanza desde lo sencillo, desde los niños, y los no tan niños, desde la alegría que nace cuando cada uno aporta lo que es.

Puedes ver algunas fotos en nuestro Flickr:

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La esperanza no grita, susurra

Caminando juntos… en la fe, con esperanza, desde el amor… como comunidad parroquial

Los martes del curso 2025-2026, continuando con el proyecto que iniciamos el curso pasado, publicaremos una entrada que podría fomentar la reflexión y el crecimiento de nuestra vida espiritual, ayudando a mantenerla viva en el día a día:

La esperanza no grita, susurra

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En adviento: esperar.

Esperar es confiar en silencio

La tercera semana de Adviento tiene que ver con esa pequeña luz que empieza a ensancharse: la corona ya se ve con más alegría, y ese tono se nota en la parroquia, como si el ambiente respirara de otra manera. Y es que la palabra para “este momento en medio de la espera” es Gaudete. Pero no el Gaudete de las exaltaciones superficiales, sino el de quien espera de verdad porque cree que lo que espera vendrá. No es una alegría ruidosa, sino esa alegría que se sabe por debajo, como cuando el micrófono se enciende justo antes de que lo activen. La comunidad vuelve a reunirse con sus días encima, con su ritmo y su vela, y la clave para esta semana es simplemente esta: espera. Espera con confianza, espera desde dentro, desde la certeza de lo que aún está por llegar.

Esperar no es quedarse quietos. Esperar es esa confianza que se estira despacio, la manera de mantener la esperanza aunque la luz parezca tardar, y también la valentía de mirar el propio ritmo interior, siempre lento, pero siempre real. Lo mejor de esperar es que obliga a confiarse con paciencia. Gaudete porque algo se está cumpliendo, aunque todavía no lo veas.

El mundo insiste en que esperar es perder el tiempo. Todo está pensado para no dejar huecos: resolver pronto, correr, tapar lo que estorba. Suena bonito “esperar”, pero en realidad cuesta. Y, sin embargo, el Adviento insiste: no se espera lo que no llega, sino lo que uno sabe que llegará aunque no sepa cuándo. Esperar no grita ni exige, sino que va entrando como quien enciende una vela en un diciembre oscuro, casi temblando, pero firme.

Gaudete introduce aquí su propio tono. No pide sonrisas grandes ni entusiasmos forzados. Propone una alegría que convive con la duda, con las preguntas, con el cansancio de los días que pesan. Es la alegría de entender que la espera también es camino: que, en medio de la inquietud, hay una luz que sigue avanzando. Es la alegría de la paciencia, entendida no como renuncia sino como una forma de amar el tiempo.

Esta semana, esa espera se nota en detalles mínimos: quien se queda un instante más antes de salir; quien enciende una vela después de un día terrible, solo para recordarse que la luz sigue; quien escucha con calma a quien hoy necesitaba sostén. Son gestos pequeños, pero mantienen viva la comunidad más de lo que parece. Ahí se esconde la alegría suave de Gaudete.

Hoy, esperar significa resistir el desánimo. Esperar cuando parece que nada cambia. Cultivar la paciencia de quien sabe que el amor madura en el tiempo. No es fácil, pero es auténtico. Y quizá por eso la tercera vela tiene ese color distinto. La esperanza crece también en esta penumbra que no asusta.

Que esta espera confiada sea también alegre. Que no lo apresure todo, pero tampoco se rinda. Que abra el corazón antes de ver. Porque en esta confianza silenciosa empieza a nacer la alegría que prepara la Navidad.

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