#Postcomunión

Campamento Navas de Ríofrío 2026

Durante estos días, nuestros niños de postcomunión de la parroquia están viviendo una experiencia muy especial: el Campamento 2026, en Navas de Ríofrío (Segovia). Queremos compartir con toda la comunidad un pequeño resumen de cada jornada para que podáis conocer lo que estamos viviendo y recéis por nosotros.

Domingo, 12 de julio

Hemos comenzado esta gran aventura participando en la eucaristía de las 11:00h junto a toda la comunidad parroquial. Al finalizar, el padre Apolinar hizo el envío y la bendición de los niños y de los monitores.

Después cogimos nuestras mochilas y nos dirigimos al autobús, que nos esperaba en la plaza de la estación. Allí nos despedimos de nuestras familias entre abrazos, sonrisas e ilusión.

El viaje fue muy entretenido. Entre canciones, juegos y preguntas, el tiempo pasó volando.

Al llegar a la casa comenzamos con unas dinámicas para conocernos mejor y empezar a disfrutar juntos del campamento. Después tuvimos un rato para descansar y jugar al balón mientras algunos monitores terminaban de preparar la casa.

Más tarde entramos para descubrir todas sus instalaciones, nos instalamos en las habitaciones, dejamos nuestras cosas preparadas y seguimos compartiendo juegos y buenos momentos.

Después nos reunimos por grupos de referencia para elegir el nombre y el lema de cada equipo. Surgieron propuestas muy originales, divertidas y llenas de ilusión.

Nuestro cocinero, nos preparó una estupenda merienda y, con las pilas cargadas, disfrutamos de otro juego para seguir conociéndonos mejor. Después llegó el momento de la ducha, que ya nos hacía buena falta después de un día tan intenso.

Ya limpios, disfrutamos de una cena muy rica y casera.

Para terminar el día aún nos esperaba una sorpresa. Con toda la casa a oscuras recibimos la visita de alguien muy especial que nos acompañará durante todo el campamento: María, la luz que nos pone en marcha.

Antes de irnos a descansar celebramos nuestra oración de la noche. Cada uno escribió en un Post-it un propósito para vivir durante estos días y dimos gracias a Dios por todo lo vivido en esta primera jornada.

Ahora toca descansar para seguir mañana esta gran aventura junto a María.

Os pedimos que recéis mucho por todos los niños y por los monitores, para que Dios y, de un modo especial, la Virgen María nos acompañen y nos ayuden a vivir un campamento lleno de alegría, amistad y fe.

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Convivencia postcomunión

El pasado sábado 14 de marzo compartimos una jornada de convivencia con los niños de postcomunión, un tiempo pensado para seguir creciendo juntos en la fe y fortalecer el sentido de pertenencia a la comunidad.

La mañana comenzó con la celebración de la Eucaristía a las 9:30h en el templo, junto al resto de la parroquia. Fue un momento especialmente significativo, porque ayudó a los niños a reconocerse como parte viva de esta comunidad que les acoge y a poner en manos del Señor todo lo que íbamos a vivir durante el día.

Después nos trasladamos a los salones parroquiales, donde iniciamos el trabajo en torno al Triduo Pascual y el Vía Crucis, dos realidades centrales en el tiempo de Cuaresma que estamos viviendo. A través de una propuesta dinámica, los niños recibieron la visita simbólica del Papa León XIV, que les invitó a pensar cómo presentar la Semana Santa de una forma atractiva y significativa. A partir de ahí, se organizaron en grupos, recibieron una breve explicación por parte de los catequistas y elaboraron pequeños anuncios y carteles, poniendo en juego su creatividad y lo aprendido.

La mañana continuó con una gymkana centrada en el Vía Crucis. Cada estación incluía una prueba diferente que ayudaba a interiorizar el sentido del camino de Jesús: desde pequeños retos hasta dinámicas que implicaban atención, silencio o expresión personal, como escribir un mensaje para la madre.

La experiencia nos deja con la sensación de haber dado un paso más en la preparación de la Semana Santa, vivida no solo como un contenido que se aprende, sino como un camino que se recorre y se comprende desde dentro.

 

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Mini-Caminata Cofradía de Santiago y Postcomunión

El sábado 28 de febrero nos regaló una mañana luminosa, de esas que invitan a salir y ponerse en camino. Era el día de la Mini-Caminata que la Cofradía habíamos organizado con los Grupos de Postcomunión. Queríamos que fuera un primer encuentro sencillo: presentarnos, explicar qué es la Cofradía, acercarles al patrón de Villalba y de España, el Apóstol Santiago, y recorrer algunos rincones significativos de nuestro pueblo.

Nos reunimos en la Rotonda del cruceiro. Allí nos detuvimos para hablar del sentido de esta pieza tan nuestra, de su origen y de lo que representa. Después comenzamos a caminar por las calles de Villalba. No era solo un paseo; tenía algo de símbolo, de recordatorio de que la fe también es camino, proceso, descubrimiento.

La siguiente parada fue la Ermita de Santiago Apóstol. Antes de cruzar la puerta, observamos la espadaña y los signos vinculados a Santiago que ya llaman la atención desde fuera. Luego entramos. Las expresiones lo decían todo: quienes no la conocían quedaron sorprendidos. Es uno de esos lugares que, al atravesar el umbral, cambia la percepción.

Dentro fuimos recorriendo las distintas partes del templo y, a partir de ellas, surgieron conversaciones sobre los sacramentos, sobre las imágenes de los santos presentes y sobre los signos propios del Camino y del apóstol Santiago. Todo fue fluyendo con naturalidad, entre preguntas, comentarios y alguna que otra curiosidad inesperada.

La mañana transcurrió con un ambiente cercano y participativo. Aprendimos juntos, sin prisas, dejando espacio para la sorpresa y para el diálogo.

Por ciertohay 34, no 36… ¡39 cruces de Santiago! ¿Tiene o no tiene ojos? Jajaja… Si no estuviste, te tocará venir la próxima vez para entenderlo.

Gracias a los chavales, a los catequistas y a los cofrades por hacerlo posible.

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Encuentro familias postcomunión

El sábado 31 de enero celebramos, como cada año, una jornada de convivencia de familias de postcomunión.

Comenzamos con un momento de oración en la capilla del colegio Santísima Trinidad, donde nos reunimos como una sola comunidad para ponernos en manos de Jesús.

Compartimos cómo son nuestras familias, qué signos nos representan y qué lazos nos unen. Buscamos un nombre que identificara a cada familia y a cada uno de sus miembros. Fue un tiempo sencillo, pero lleno de verdad.

A continuación, presentamos el lema que guiaría toda la convivencia: “Creamos familia en comunidad al estilo de Jesús”, un mensaje que resonó con fuerza durante todo el día.

Después, disfrutamos de distintos juegos en familia, con muchas risas, alegría y momentos de complicidad entre padres e hijos. Más tarde tuvimos un tiempo libre que algunos aprovecharon para seguir jugando y otros para charlar en un ambiente tranquilo, con Jesús en el centro.

Al mediodía bajamos al comedor para compartir una comida agradable en un clima de fraternidad. Nos acompañó nuestro vicario parroquial, don Adrián, que pudo charlar con las familias e ir conociéndolas poco a poco.

Tras el descanso, padres e hijos se separaron para vivir un tiempo de catequesis. Los niños disfrutaron de un rato de oración y descubrieron que la Iglesia es una gran familia en la que todos participamos, comenzando desde casa. Los padres reflexionaron también sobre la familia doméstica y sobre cómo la relación con Dios es su fundamento.

Terminamos la jornada con la celebración de la Eucaristía, ofreciendo todo lo vivido durante el día y poniéndolo en manos de Dios con gratitud y confianza.

Además, las familias agradecieron la labor del sacerdote y de los catequistas por acompañar a sus hijos en el camino de la fe desde que eran pequeños.

Damos las gracias a las Hermanas por acogernos en el colegio Santísima Trinidad, a nuestro vicario parroquial por su cercanía y su tiempo, a las familias por su compromiso, y a los catequistas por su entrega, su cariño y su testimonio.

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Convivencia postcomunión nov ’25

Este fin de semana vivimos nuestra primera convivencia de postcomunión, que ha sido la manera más bonita de abrir el curso de catequesis con el tema “Los Evangelios”. El día dio para mucho: aprendimos, compartimos, nos reímos y confirmamos que cuando uno se encuentra de verdad con los demás, todo cobra un sentido especial.

Comenzamos la mañana con una oración sencilla y profunda, poniéndonos en manos de Cristo y recordando que Él nos llama por nuestro nombre, uno a uno, para enviarnos como pequeños misioneros. Tal vez el mundo vea gestos diminutos, pero sabemos que en el corazón de las personas esos gestos se vuelven enormes.

Después nos lanzamos a los juegos, que nos ayudaron a soltarnos, cruzar miradas nuevas y descubrir amigos más allá de nuestro grupo habitual de catequesis. Ese rato fue clave para crear ambiente y empezar a sentirnos comunidad.

Tras un respiro en el patio, donde tuvimos tiempo de jugar y movernos un poco, llegó el momento de la catequesis. Nos dividimos en dos grupos: cada equipo profundizó en dos evangelistas y luego compartió con los demás lo que había descubierto. Entre todos fuimos levantando carteles grandes, llenos de color, donde quedaron recogidas las ideas principales y los momentos más significativos de cada Evangelio.

Cuando terminamos ya teníamos todos hambre, así que la comida compartida nos supo a celebración. Hasta la lluvia quiso acompañar, aunque no nos frenó en nada de lo que habíamos preparado.

Y para cerrar el día, celebramos la misa con las familias, que fue un broche precioso para una convivencia que se llenó de risas, juegos, apoyo mutuo y oración. Volvimos a casa cansados, contentos y con la sensación de que el curso acaba de empezar con mucha vida.

Queremos expresar nuestro agradecimiento a Dios, quien ha estado presente en cada encuentro, en cada gesto de alegría y en cada palabra compartida. Su Espíritu ha sostenido la convivencia, inspirando la unión, la escucha y la sencillez con la que los niños viven la fe. Damos también las gracias a nuestra comunidad parroquial, que acompaña, cuida y crea espacios donde crecer juntos. Y, por supuesto, al P. Adrián, quien estuvo con nosotros durante el día y nos regaló su cercanía y su mirada de pastor; a los catequistas, que ponen corazón y energía en cada detalle; a las familias, que confían en este camino y lo hacen posible; y, sobre todo, a los niños, que con su alegría y su forma de vivir la fe nos recuerdan por qué merece la pena todo este esfuerzo compartido.

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Comienzo de catequesis de postcomunión

Iniciamos el nuevo curso de postcomunión con ilusión renovada y una alegría que se nota en cada gesto. Los niños llegan con esa mezcla de nervios y entusiasmo que acompaña siempre a los comienzos, y los catequistas les esperan con el deseo profundo de compartir un año lleno de vida y de fe. Este inicio tiene un carácter especial, porque nos reunimos en el templo para dar gracias a Dios por todo lo vivido el curso pasado y poner en sus manos el camino que empieza. Es un momento sencillo y a la vez muy significativo: juntos, ante el altar, elevamos nuestra acción de gracias por las experiencias compartidas, por las amistades que han crecido, por la fe que sigue encendida en cada corazón. Pedimos también por los frutos de este curso, para que cada encuentro sea una oportunidad de crecer cerca de Jesús y descubrir su presencia viva en la vida cotidiana.

Este gesto de comenzar en el templo ayuda a tomar conciencia de que la catequesis es un regalo que Dios confía a cada grupo. Cada niño, cada catequista y cada paso que se dará durante el año tienen su raíz en Él. La oración compartida en este primer día se convierte en un punto de partida luminoso que orienta el resto del camino.

Después de este momento de acción de gracias, nos dirigimos a los salones para conocernos mejor. Los juegos de presentación y las primeras carreras llenan el ambiente de risas y complicidad. Se van entrelazando nombres nuevos, se reencuentran compañeros del curso anterior, y poco a poco se va formando la pequeña comunidad que caminará unida a lo largo del año. Cada dinámica, cada gesto sencillo, contribuye a crear ese clima de confianza y alegría que sostiene la catequesis desde dentro.

Llega el momento de organizar los grupos. Los niños se distribuyen y conocen a sus catequistas, descubren el espacio donde compartirán cada semana y escuchan con atención lo que les espera durante este curso. Se percibe la expectación por lo nuevo, la curiosidad por aprender, la alegría de volver a encontrarse y el deseo de avanzar en la amistad con Jesús. Empieza así un tiempo lleno de retos, aprendizajes, celebraciones y experiencias que dejarán huella.

Gracias a todas las familias por confiar un año más en la catequesis de postcomunión. Gracias por acompañar este camino y permitir que vuestros hijos sigan creciendo en la fe. Que este curso sea un tiempo fecundo, lleno de luz, de amistad sincera y de encuentros profundos con el Señor, que sostiene cada paso y acompaña con ternura el camino de todos.

 

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Campamento parroquial

Últimos días

Último día ya viendo santos y virtudes con Chiara Badano y la prudencia, empezando con la oración del día y encomendando todo a nuestra madre la Virgen María.

Después del desayuno que nos llenó de energía empezamos la catequesis viendo como Chiara luchó contra su enfermedad y siguió en el camino de la Fe y Esperanza utilizando la prudencia en todas sus decisiones.

Después de catequesis tocó preparar la gran velada de despedida, la fiesta!! Entre todos hicimos dibujos y decoración con cosas del campamento que nos habían gustado. Y terminamos con las dedicatorias entre nosotros que hacen que nos llevemos un pedacito de nuestros amigos.

Para cenar tuvimos una comida especial de fiesta: ¡hamburguesas y helado! Y rápidamente nos tuvimos que preparar para la fiesta poniéndonos los disfraces de Disney.

Ya en nuestra última velada, fuimos presentando nuestros bailes, teatros que habíamos preparado por la tarde y al terminar disfrutamos de la fiesta.

Tras esto nos fuimos a descansar con el corazón agradecido.

Hoy hemos ido de vuelta a casa, con muchas ganas de ver a nuestros padres pero a la vez con tristeza porque se acaba el campamento.

Celebramos misa con la comunidad y después celebramos los frutos del campamento con la entrega de diplomas y de regalitos.

Todos estamos tan contentos como cansados y listos para otro año más de campamento de postcomunión en la parroquia de la Santísima Trinidad de Villalba.

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Día 7: Domingo Savio – Caridad

Séptimo día en El Colladito, y la alegría sigue intacta. El amanecer nos encuentra reunidos una vez más en el oratorio, con el corazón centrado en el Señor y con el deseo de seguir creciendo por dentro. Hoy nos acompaña Domingo Savio, un joven santo que supo vivir con intensidad la virtud de la caridad. En él descubrimos que el amor no se improvisa, se elige, se cuida, se entrega con delicadeza y con fuerza.

Después de la oración, como cada día, estiramos el cuerpo al ritmo de la música y las voces alegres que van despertando el campamento. Ya es costumbre empezar así, moviéndonos con ganas, para que el día arranque con energía compartida. El desayuno fue abundante, bien recibido y muy comentado, porque sabíamos que el día venía lleno.

La catequesis de la mañana nos centró en lo esencial: las obras de misericordia, la caridad hecha gesto. Hablamos de cómo cada acto de amor construye el Reino de Dios. Se compartieron ejemplos sencillos, cercanos, vividos, que nos ayudaron a entender que amar no siempre es fácil, pero sí es posible cuando se hace con verdad.

Después de la catequesis, salimos hacia la piscina. El calor apretaba y el plan no podía ser mejor. Chapuzones, juegos, momentos de descanso bajo el sol, conversaciones que fluyen con naturalidad entre risas y carreras. Almorzamos allí mismo, con helado incluido, y fue uno de esos ratos que quedan como recuerdo sin necesidad de decir demasiado.

Por la tarde, al volver a casa, hicimos un taller que dejó huella. Cada uno escribió una carta a una persona querida que ya está en el cielo. Fue una manera de vivir con hondura la obra de misericordia que nos invita a enterrar a los difuntos, no solo con el cuerpo, sino también con el alma. Las cartas fueron personales, sinceras, sin fórmulas. Palabras que nacen de lo vivido, de lo agradecido, de lo que aún duele o acompaña.

La Santa Misa fue el momento central del final del día. El grupo entero participó con una actitud que mereció ser destacada. El Padre Apolinar, en la oración de la noche, nos pidió que transmitiéramos a las familias el testimonio de respeto y recogimiento que mostraron todos durante la celebración. Fue un gesto hermoso que no se improvisa. Sale de dentro.

Y como broche, llegó la velada del terror. Con todo lo que eso implica: ambientación cuidada, pruebas, sustos, algún grito, muchas risas, carreras y emociones compartidas. Cerramos la jornada cansados pero alegres, como quien sabe que ha vivido bien, en grupo, en clave de campamento, con cada parte del día tejida con cariño.

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Día 6: Santa María Goretti

Sexto día en El Colladito, y cada cosa empieza a vivirse con un eco más hondo, como si ya estuviéramos caminando por dentro del final, no con tristeza, sino con gratitud serena. Volvimos a empezar el día en el oratorio, como cada mañana, en esa cita silenciosa con Dios que da sentido a todo lo demás. Esta vez acompañados por la figura de Santa María Goretti, pequeña en edad pero inmensa en pureza, testimonio limpio de templanza y fortaleza unidas en lo profundo. Hablamos de ella, la invocamos, nos dejamos tocar por su ejemplo callado, y pedimos al Señor que también en nosotros la virtud de la templanza sea fuerza discreta, firmeza en el alma, equilibrio para vivir desde el centro.

Después de la oración, como ya se ha vuelto costumbre, salimos a estirar el cuerpo, a respirar hondo, a dejar que la mañana nos encuentre despiertos por dentro y por fuera. Hicimos gimnasia entre risas y bostezos, y tras mover un poco el esqueleto, desayunamos con ese gusto sencillo que tiene el pan cuando se comparte con hambre de grupo, con hambre de vida, con hambre de seguir.

La catequesis de hoy fue de las que dejan huella. No porque se dijeran grandes frases, sino porque se tocó un tema que nos atraviesa a todos: la pureza del corazón, la templanza en una vida que a menudo tira de nosotros hacia extremos que nos desequilibran. No hablamos desde fuera, ni desde ideas prestadas, sino desde lo que vivimos, desde lo que cuesta elegir el bien, desde lo que significa sostenerse fiel cuando todo empuja. María Goretti no fue solo una historia lejana, fue espejo y pregunta: ¿desde dónde vivo yo? ¿Qué ordeno? ¿Qué cuido? ¿Qué entrego?

Y cuando aún resonaban esas preguntas, llegó el anuncio inesperado que encendió el comedor entero: por la tarde íbamos a disfrutar de las tirolinas. Solo con oírlo se desató una alegría contagiosa, esa que solo brota cuando lo bueno sorprende y se regala sin esperarlo. Así fue la tarde: tirolinas, escalada, tiro con arco, y esa energía limpia de quienes se atreven, se animan, se ayudan, se ríen sin forzar, se vencen por dentro en silencio mientras cruzan cuerdas o saltan vacíos. Fue una tarde de movimiento, pero también de conexión: con uno mismo, con los demás, con esa parte de nosotros que se atreve.

La cena nos reunió con el cansancio en el cuerpo y la alegría en el rostro, y nos preparó para el momento más profundo del día: la velada de adoración. Entramos al oratorio como quien entra descalzo, con una mezcla de respeto, deseo y necesidad. Jesús, expuesto en el Santísimo, nos esperaba. El Padre Luis nos acompañó en ese silencio, y fue precisamente el silencio lo que más habló. Cada uno, a su ritmo, dejó que el día se rindiera ante Él.

Terminamos el día como lo habíamos empezado, en manos del Señor, pero ahora con algo más dentro: la certeza de que el corazón solo descansa cuando se encuentra con la Verdad. Y con esa paz nos fuimos a dormir. Mañana aún queda campamento, pero hoy ya se ha quedado dentro para siempre.

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Día 5: San Esteban Protomártir – Fortaleza

Quinto día en El Colladito. Comenzamos, como cada mañana, en el oratorio, poniéndonos en manos del Señor. Allí descubrimos al santo y la virtud del día: San Esteban Protomártir, que con su vida nos muestra el verdadero rostro de la fortaleza. No una fuerza altiva ni agresiva, sino esa firmeza interior que sostiene la fe incluso cuando todo alrededor se desmorona. La fortaleza que no grita ni presume, pero no retrocede. La que no se impone, pero permanece. La que brota del corazón que se sabe enraizado en Dios.

Después de la oración, salimos a estirar el cuerpo. Ya se ha vuelto parte del ritmo del campamento: movernos, sacudir el sueño, reírnos juntos, dejar que el cuerpo se despierte mientras el alma sigue en marcha. El desayuno, una vez más, fue abundante y compartido, lleno de voces que ya forman parte del paisaje. Al terminar, volvimos a recoger el comedor entre todos, dejando todo listo y preparado para la comida. Porque también ahí, en lo pequeño, se aprende a vivir con orden, con cuidado y con sentido de comunidad.

Fue un día especial, marcado por la oportunidad de confesarnos. Por la mañana hicimos un examen de conciencia y un rato de desierto. Cada uno encontró su espacio, su tiempo, su forma. Silencio verdadero, de ese que no pesa, sino que deja espacio para lo que importa. Después celebramos la Eucaristía, presidida por Luis, Apolinar y Óscar, que subieron para acompañarnos y se quedaron a compartir también la comida con nosotros. Fue una misa serena, honda, vivida sin prisas, que dejó dentro una paz que no hacía falta explicar.

Por la tarde, los monitores retomaron el valor del día, ayudándonos a profundizar en la figura de San Esteban. A través de su testimonio comprendimos que la fortaleza cristiana no se basa en aguantar por aguantar, ni en resistir por orgullo, sino en confiar sin ceder al miedo, en permanecer sin endurecerse, en seguir creyendo cuando todo empuja a rendirse. Una fortaleza que no nace de uno mismo, sino de saberse sostenido.

Después llegó la gymkana de agua, que ya se ha convertido en un clásico. Lo dimos todo. Nos empapamos sin excepción, corrimos, gritamos, nos reímos como si el día no tuviera final. La alegría era tan contagiosa como el agua, y ese momento compartido volvió a recordarnos que el juego también une, que el cuerpo también reza cuando se ríe.

Por la noche tuvimos una velada especial por el pueblo. Recorrimos distintas paradas en grupo, descubriendo los «ingredientes» que hacen posible una fortaleza verdadera: la paciencia que sostiene cuando algo tarda, la constancia que no se rinde al cansancio, la capacidad de superarse sin compararse, la valentía de dar un paso cuando no hay garantías, la resistencia frente a las tentaciones pequeñas y grandes que cada uno conoce bien. Fue una dinámica sencilla, pero llena de contenido. Lo que parecía un juego terminó siendo una forma concreta de nombrar lo que ya habíamos empezado a vivir.

Y como siempre, cerramos el día en el oratorio. Volvimos a sentarnos en silencio, a ponernos en manos de Dios, a agradecer lo vivido sin necesidad de decirlo todo en voz alta. La jornada quedó ofrecida, el cansancio fue oración, y el descanso una respuesta. Mañana será un nuevo día. Y lo volveremos a empezar con Él.

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Día 4: San José – Justicia

El cuarto día del campamento en El Colladito empezó como cada jornada verdadera: en el oratorio, en manos del Señor. Allí nos dejamos abrazar por su presencia antes de que todo comenzara. En ese silencio temprano descubrimos al santo y la virtud del día: San José y la justicia. No la que juzga ni la que pesa, sino la que nace del corazón cuando uno sabe cuidar, proteger, entregar lo que hace falta sin pedir nada a cambio. San José nos miraba desde su lugar, silencioso como siempre, enseñándonos sin decir palabra.

Después de rezar, salimos a mover el cuerpo. Estiramos con ganas, sacudiendo el sueño, activando poco a poco el ritmo de un día que ya se anunciaba lleno. El desayuno estaba riquísimo, pero más aún lo fue compartirlo, como siempre, entre bromas y charlas. Y tras el desayuno, recogimos el comedor con la misma naturalidad de quien entiende que cuidar también es parte de la alegría.

Los monitores nos presentaron el valor del día con claridad. Hablamos de justicia, pero no con grandes definiciones, sino con la vida misma. Durante la catequesis comprendimos que ser justos es mirar bien, es escuchar con atención, es saber qué necesita el otro más allá de loque pide. Nos fuimos dando cuenta de que hay una forma de justicia que se parece mucho a la misericordia, y que Dios la vive con nosotros cada día.

Al terminar, hicimos un taller especial: escudos de madera, como los que quizá habría tallado el mismo San José en su taller de Nazaret. Cada uno fue dando forma al suyo, pintando, decorando, dejando en él algo personal, algo que hablaba de dentro. Fue un rato sereno, bonito, en el que también las manos rezaban sin darnos cuenta.

Después de comer llegó la parte más divertida del día: la gymkana de agua. No quedó nadie seco. Corrimos, reímos, nos empapamos y disfrutamos sin freno. Fue un momento de alegría libre, de esos que unen sin esfuerzo, que sueltan, que sanan.

Pero si la gymkana fue lo más divertido, lo más importante del día fue la Eucaristía, celebrada por el Padre Luis. Allí fuimos recogiendo los hilos de lo vivido: la fe con Abraham, la esperanza con Moisés, la justicia con San José. Cada día una palabra. Cada santo un espejo. Y en medio de todo, nosotros, en camino.

D. Luis se quedó a compartir la cena con nosotros, con esa cercanía sencilla que sabe estar sin imponerse. Luego tuvo que marcharse, justo antes de que comenzara la velada del furor. Y qué bien lo pasamos. Bailamos, gritamos, cantamos a todo pulmón las canciones que nos pusieron los monitores, dándolo todo en la competición, dejando la vergüenza lejos, celebrando juntos como si nada más importara.

Y al final, como al principio, volvimos al oratorio. En silencio, en paz, agradecidos. Le dimos gracias al Señor por los frutos del campamento, por lo visible y lo escondido, por todo lo que, sin darnos cuenta, se nos estaba quedando grabado dentro. Y entonces, sí: a dormir.

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Días 3: Moisés – Esperanza

Comienza un nuevo día en Collado Mediano, ya es el tercero y, nuevamente, nos ponemos en manos del Señor. Nos dirigimos todos a la capilla para hacer una oración, poniendo el día en manos de Dios y descubriendo la nueva virtud del día: la Esperanza de la mano del santo Moisés.

Con el corazón entregado al Señor, nos movemos un poquito para activarnos y seguir con energía. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que bailando?

Después de disfrutar de un suculento desayuno, recogemos el comedor por grupos de referencia.

Nos reunimos en la sala grande donde los monitores presentaron mediante un vídeo a Moisés con diferentes fragmentos de su vida que nos va a ayudar a conocer más sobre su vida. Después, nos fuimos a las catequesis para compartir y seguir aprendiendo sobre esta importante virtud.

Al terminar las catequesis, fuimos a la piscina que tenemos la suerte de tener en casa para refrescarnos un poco y divertirnos también.

Lo siguiente fue la parte más importante del día, la Eucaristía, que ofició el padre Óscar quedándose a comer.

Después del tiempo libre estuvimos aprendiendo más sobre los mandamientos y las tablas de la ley. Primero con una gymkana sobre cada uno de los diez mandamientos y luego con un taller donde tanto niños como monitores hicimos nuestras tablillas de piedra.

Finalmente acabamos con la velada de los santos, donde algunos de los más famosos como San Juan de la Cruz, San Francisco de Asís, María Magdalena o Santa María de la Cabeza nos ayudaron a averiguar quién fue el primer santo de la historia, San Dimas, el buen ladrón.

Terminamos el día como empezamos, en manos del Señor y ¡a dormir!

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Día 2: Abraham – Fe

El domingo 13 comenzamos el día en El Colladito de la mejor manera posible: poniéndonos en manos del Señor! Nos dirigimos todos a la capilla para hacer una oración en la que nos presentaron el santo y la virtud que íbamos a trabajar durante el día, en este caso Abraham y la Fe.

Tras la oración nos dirigimos a desayunar para reponer fuerzas y comenzar el día.

Tras difrutar de un riquísimo desayuno le tocó recoger a uno de los grupos de referencia y preparar el comedor para la comida.

A continuación vimos un video de Abraham todos juntos para conocer más su historia, nos dividimos por grupos de catequesis para trabajar junto a la historia de Abraham la Fe. Terminada la catequesis, nos preparamos rápido para ir todos juntos a la parroquia de Collado Mediano a celebrar la eucaristía junto a la comunidad, nos recibieron y cantamos para acompañar a los feligreses en la eucaristía.

Al terminar la eucaristía nos fuimos a la casa pero antes hicimos una parada para pasar un buen rato en el parque, jugando, hablando, riendo.

Al llegar a la casa nos esperaba una comida deliciosa: arroz con huevo frito, tomate y filete de lomo, preparada por nuestras maravillosas cocineras. Esta comida nos llenó de energía para el resto del día.

Después de comer tuvimos nuestro deseado tiempo libre para jugar y reir con los amigos.

En el taller y la actividad nos lo pasamos genial, aprendiendo sobre el viaje de Abraham hasta la tierra prometida haciendo nuestros propios mapas.

Tanto juego y correr nos dio hambre así que pasamos a la merienda, una fruta y un bocadillo.

Ya merendados estábamos listos para las duchas y cenar más tarde. Tras la cena tuvimos un momento de juegos y diversión para luego finalizar el día como lo empezamos, en manos de Dios, recordando todo lo que habíamos hecho y pidiendo por los frutos del campamento.

¡Seguimos con la aventura!

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Día 1

Hoy hemos comenzado el campamento parroquial con nuestros niños. ¡Ya solo decirlo emociona! Después de tanto preparar, de tantos nervios y tantas ganas, por fin ha empezado esta aventura que llevamos tiempo soñando.

El lema que nos acompaña estos días es claro, sencillo y profundo: Jesús, amigo que nunca falla, lo decimos como quien confía, como quien se lanza sabiendo que hay una mano que sostiene. La mañana empezó con una Eucaristía en nuestra parroquia. Fue un momento especial, nuestro párroco, nos envió en nombre de toda la comunidad, y ver a tantas familias acompañando fue el mejor comienzo que podíamos tener. Cantamos juntos la canción del campamento, y muchos la tarareaban ya al salir. Era como si el corazón entendiera antes que la cabeza lo que estábamos empezando a vivir.

Después vinieron las despedidas, y con ellas, la emoción. Mochilas al hombro, fotos, abrazos, y esa mezcla de nervios y alegría que solo se siente cuando algo importante está por empezar. Nos fuimos en tren hasta Collado Mediano. El viaje fue corto, pero sirvió para empezar a mirar alrededor, para descubrir con quién íbamos, para abrir el alma sin darnos cuenta.

Al llegar, nos instalamos en las habitaciones, con ese bullicio tan nuestro, entre risas, puertas que se abrían, camas por hacer y voces que se iban entrelazando. Comimos bocadillos sentados en círculo, como si llevaran días conociéndose. Fue bonito ver cómo, sin forzar nada, todo empezaba a fluir.

Por la tarde presentamos el campamento, nuestro lema, ‘Jesús, amigo que nunca falla’ explicamos qué haremos, cómo cuidarnos, cómo convivir, cómo hacer que esto sea mucho más que unos días fuera de casa. Repartimos los grupos de referencia, y cada uno empezó a encontrar su sitio. Merendamos, nos duchamos, y después, con los juegos, llegaron las carcajadas. Había ganas de disfrutar, de dejarse llevar, de empezar de verdad.

La cena fue tranquila. Cada grupo compartió mesa y conversación, y ya se notaba un clima distinto, como si todo empezara a encajar. En la velada nos presentamos oficialmente: nombre del grupo, lema, canción. Lo preparamos con cariño, con ilusión. Fue un momento sencillo, pero lleno de verdad.

Finalmente, nos fuimos a dormir, con el corazón lleno de gratitud y el cuerpo dispuesto a descansar, para así reunir fuerzas para el emocionante día siguiente. Que este campamento siga siendo una oportunidad para fortalecer nuestra fe, crear lazos de amistad y sentir siempre que Jesús, es el amigo que nunca falla.

Gracias a quienes hacéis posible que esto sea real. Seguiremos contando lo que vivimos, porque lo que estamos viviendo merece ser contado. Jesús está con nosotros. Y sí, es verdad: es el amigo que nunca falla.

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Convivencia familias de postcomunión

El pasado 7 de junio celebramos una jornada de convivencia de familias de postcomunión para cerrar juntos el curso.

Comenzamos con un momento de oración en la capilla del colegio Santísima Trinidad, donde nos reunimos como una sola comunidad. Compartimos cómo son nuestras familias, qué signos nos representan y qué lazos nos unen a cada una. Fue un tiempo sencillo pero lleno de verdad, en el que también elegimos un nombre para cada familia y recibimos un versículo de la Palabra relacionado con la oración y la vida familiar.

A continuación, presentamos el lema que guiaría toda la convivencia: “La oración en familia, un regalo que nos une”. Un mensaje que resonó con fuerza y ternura a lo largo del día.

Después, compartimos distintos juegos pensados para disfrutar en familia, con muchas risas, alegría y momentos de complicidad entre padres e hijos. Más tarde tuvimos un tiempo libre que aprovechamos para jugar al parchís, la oca o simplemente conversar con calma, algo que echamos de menos en el día a día y que todos agradecimos profundamente.

Al mediodía bajamos al comedor para compartir una comida agradable en un ambiente de fraternidad. Nos acompañó nuestro párroco, don Luis, que bendijo los alimentos con cariño antes de comenzar.

Por la tarde, nos reunimos para una catequesis titulada “La oración en familia”, que por primera vez vivimos padres e hijos juntos. Comenzamos explicando qué es la oración y cómo se reza en casa. Después, cada familia recibió una hoja con la imagen de una vela y fue invitada a escribir su propia oración, comprometiéndose a rezarla cada día en su hogar. Fue un momento íntimo y significativo.

Terminamos la jornada con la celebración de la Eucaristía, ofreciendo nuestras oraciones en familia y los versículos recibidos por la mañana, poniéndolo todo en manos de Dios, con gratitud y confianza.

Damos las gracias a las Hermanas por habernos acogido en el colegio Santísima Trinidad, a nuestro párroco Luis por su cercanía y su tiempo, a las familias por su compromiso, y a los catequistas por su entrega, su cariño y su testimonio.

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Convivencia postcomunión: los tipos de oración

Hay días que no se olvidan, no porque sean extraordinarios a los ojos del mundo, sino porque en lo sencillo se abre un espacio maravilloso de encuentro con Cristo. Así fue el pasado sábado 29 de marzo para los grupos de Postcomunión: un día tejido con juegos, risas, creatividad y oración, donde el colegio Santísima Trinidad se convirtió en casa, capilla y taller del alma.

La jornada comenzó entre gestos y nombres, en un juego que nos recordó que cada uno es único y, al mismo tiempo, parte de un todo que se construye en comunidad. Después, el silencio interior nos reunió en la capilla. Allí compartimos una oración de buenos días, poniéndonos en manos del Señor y dejándonos tocar por su presencia que acoge, escucha y transforma.

Los tipos de oración —Petición, Adoración, Intercesión, Agradecimiento— se convirtieron en hilo conductor de una dinámica que no solo nos ayudó a recordarlos, sino a hacerlos nuestros. A través de murales llenos de color, los niños expresaron cómo imaginan el diálogo con un Dios que se hace cercano, cotidiano, real.

Después seguimos profundizando con una nueva actividad: fuimos escuchando distintas oraciones que debíamos clasificar según su tipo, y también nos animamos a crear las nuestras propias. Un ejercicio que nos invitó a mirar hacia dentro y poner palabras al corazón.

Y como colofón de la mañana, nos enfrentamos al “examen” final: una batería de preguntas que no pretendía medir conocimientos, sino ayudarnos a descubrir cuánto habíamos acogido, cuánto se había sembrado en nuestro interior, cuánto de ese lenguaje de la oración había comenzado ya a formar parte de nuestra manera de vivir.

Por la tarde, una nueva dinámica nos ayudó a seguir caminando juntos: rezamos por nuestros seres queridos, dimos gracias y compartimos con alegría una tarde llena de complicidad y fraternidad. Porque también la amistad puede ser una forma de oración cuando se vive desde el amor.

Cerramos el día con la Eucaristía, celebrada junto a nuestras familias. Fue un momento especial para mostrarles lo que habíamos vivido, lo que habíamos aprendido, y para dar gracias juntos al Señor por tanto recibido.

Fue una jornada de esas que dejan huella. De las que nos recuerdan que evangelizar también es crear espacios donde el alma respira y se ensancha, donde la alegría y la fe caminan juntas. Gracias a los niños de Postcomunión por su entrega y entusiasmo. Gracias a los catequistas y al sacerdote que les acompañan, por hacer posible este camino.

En medio del ritmo acelerado de la vida, vivir un día así es recordar que hay cosas esenciales que sostienen el alma. Y que en cada uno de estos encuentros, Cristo sigue saliendo a nuestro encuentro, silencioso y fiel, como siempre.

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Convivencia de Postcomunión nov 2024

El pasado fin de semana del 23 y 24 de noviembre, los grupos de Postcomunión disfrutamos de una convivencia en Cercedilla. El tema que nos acompañó durante estos días fue el del Jubileo: Peregrinos de la Esperanza, que guió nuestras reflexiones y actividades.

Salimos el sábado por la mañana en autobús, con un poco de sueño, mirando al cielo para que la lluvia nos diera tregua, pero llenos de ilusión por compartir nuestra primera convivencia del curso. Al llegar, organizamos nuestras cosas y, como primer gesto, nos pusimos en presencia del Señor, presentando las oraciones que habíamos preparado la semana anterior en los grupos de catequesis: oraciones de acción de gracias, de petición y llenas de confianza.

Tras este momento inicial de oración, pasamos a conocer las normas de la convivencia de una manera lúdica y creativa. Divididos en grupos, representamos las normas mediante pequeñas actuaciones que llenaron el salón de risas y aprendizajes.

Para fomentar el conocimiento entre todos, catecúmenos y catequistas, realizamos divertidos juegos de presentación, entre los que destacó un «Bingo» especial, donde nos íbamos descubriendo unos a otros: quién tenía hermanos, quién cumpliría pronto 10 años, y otras curiosidades.

Después llegó uno de los momentos más significativos: una reflexión sobre el Sacramento de la Reconciliación. Se nos explica su sentido y los pasos necesarios para vivirlo. A continuación, realizamos un examen de conciencia personal. Contamos con la presencia de nuestro párroco, Luis, y nuestro vicario parroquial, Yoelby, quienes nos acompañaron en este momento especial, confesando a los chicos y algunos catequistas. Fue un verdadero regalo de Dios.

Tras una mañana intensa, repusimos fuerzas con una comida deliciosa, que agradecemos enormemente al equipo de catering. Más tarde, disfrutamos de un rato de tiempo libre: risas, juegos y conversaciones que nos ayudarán a estrechar lazos.

Por la tarde, abordamos el tema central del Jubileo 2025 mediante un juego dinámico que nos permitió aprender sobre su significado y sobre ediciones anteriores. Esto nos preparó para la gymkana jubilosa, en la que descubrimos los cuatro elementos esenciales del Jubileo de una manera amena y participativa.

El día continuó con el ensayo de canciones para la Eucaristía. Nos alegró mucho contar con la ayuda del director del coro de niños, quien nos guió para que todo saliera perfecto. Ya en el oratorio, celebramos una Eucaristía especial con nuestro vicario parroquial, Yoelby. Fue un momento lleno de agradecimiento por todo lo vivido durante el día.

La jornada culminó con una divertida velada nocturna, llena de pruebas relacionadas con el tema del Jubileo. Reflexionamos y aprendimos mientras disfrutábamos en equipo. Antes de retirarnos a descansar, nos reunimos nuevamente en el oratorio para nuestra última oración del día, dando gracias al Señor por este día tan enriquecedor.

El domingo comenzó temprano, con energías renovadas. Tras un momento de oración en el oratorio y el desayuno, recogemos nuestras cosas y dejamos la casa en perfecto estado, colaborando en equipo. También dedicamos un momento a evaluar lo vivido.

Finalmente, emprendimos el camino de regreso a Villalba, donde participamos en la Eucaristía dominical de las 12 con toda la comunidad parroquial, acompañados por las canciones ensayadas el día anterior. Fue un cierre perfecto para un fin de semana lleno de gracia y aprendizaje.

Gracias, Señor, por este fin de semana compartido, por enseñarnos a caminar como peregrinos de la esperanza y por la certeza de tu amor incondicional. Gracias a los catecúmenos, catequistas, a nuestro vicario parroquial y a nuestro párroco, por hacerlo posible. Y gracias a nuestra comunidad parroquial de la Santísima Trinidad, que con su oración nos sostiene y nos impulsa a seguir creciendo en la fe.

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